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La mañana arrancaba espesa, de esas que pesan en los hombros más que en el cielo.
—Buen día… aunque decir buen día después de la semana que tuvimos, cuesta.
—Sí, Pedro… un disparate lo de Débora. Todavía es difícil de procesar.
—Pobre mujer. Enterrada, en una bolsa de nylon… ¿cómo se llega a semejante oscuridad?
—La encontraron en posición fetal, ¿viste? Ahí, entre los árboles, al costado del camino del camping Lillo.
—Y mientras todos buscaban desesperados, ella ya estaba ahí. Esas cosas te apagan el alma.
—La autopsia confirmó lo peor: la ahorcó la propia pareja en medio de una pelea.
—Una vida apagada por la violencia más brutal. Otra más. Y ya ni sorprende, y eso es lo más terrible.
—Dicen que tenía golpes, lastimaduras… como si no alcanzara con el final.
—Lo trasladaron a Batán.
—Ojalá se pudra en la cárcel.
—Yo no sé si alcanza con pudrirse en una celda. Pero sí sé que Débora debería estar viajando, riendo, viviendo. No así.
—La Justicia va a hacer su parte, dicen.
—Que por una vez la haga rápido, al menos. Y que la memoria de ella no se diluya entre titulares.
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—¿Supiste lo del fotograma?
—Sí… increíble cómo ese análisis de cámaras terminó marcando el lugar exacto.
—Un oficial de la DDI miró horas de video, cuadro por cuadro, y reconstruyó el recorrido de Gutiérrez esa madrugada.
—Y cuando vio la secuencia, dijo: “este es el lugar”.
—Ahí, entre la arboleda y el Lago de los Cisnes.
—A veces un detalle mínimo abre toda la verdad.
—Brindemos por que alguna vez dejemos de hablar de estas cosas.
—Sí… por eso y por todas las Déboras que nadie vio llegar al final.
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La mesa quedó en silencio unos segundos, como si necesitara acomodar lo que acababan de decir.
—¿Estuviste en la charla de Ricardo Gil Lavedra?
—Sí, impresionante. Te deja pensando.
—“En este punto no hay grieta”, dijo. Y por una vez, tiene razón: nadie discute lo que pasó.
—Fue fuerte escucharlo contar que tenía 36 años cuando juzgaron a las Juntas. Treinta y seis… y cargando un país entero en la espalda.
—Y que fue la primera vez en la historia que un tribunal civil enjuició a una dictadura saliente. No dimensionamos lo enorme que fue eso.
—Acá en Necochea habló con calma, pero cada frase tenía un peso de historia encima.
—Antes estuvo en Ecos Diarios, ¿viste? Le regalaron el libro 35.000 Mañanas. Se lo llevó como si fuera un talismán.
—Contó que “había que hacer el juicio”. Que si no lo hacían, la democracia naciente arrancaba coja.
—Y con amenazas por todos lados. Secuestros, explosivos… otro país.
—Eso también dijo: que nadie discute los hechos. Que la verdad quedó expuesta para siempre.
—Aunque siempre aparecen algunos nostálgicos, claro…
—Sí, los del “¿y por qué no juzgan también a…?”. Los que quieren mezclar todo para relativizar.
—Pero Gil Lavedra fue claro: hay un consenso básico, el repudio a la violencia y a las dictaduras.
—A veces parece que en Argentina no estamos de acuerdo en nada.
—Bueno, en esto, por suerte, sí. Algo es algo.
—Y me quedó una frase: “Recordar no es nostalgia; es proyectar las lecciones”.
—Exacto, Pedro. No mirar el pasado como foto, sino como advertencia.
—Ojalá aprendiéramos más seguido de nuestras advertencias.
—Brindemos por eso: por la memoria que sirve para no repetir y por las palabras que todavía pueden ordenar un poco el ruido.
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El café siguió humeando, testigo mudo de otra verdad difícil de tragar.
—¿Leíste a Gabriel Vázquez?
—Sí… eso de que “vivimos una revolución en paz” me quedó dando vueltas.
—Él dice que con el triunfo de La Libertad Avanza volvió la calma: dólar estable, tasas bajando, crédito en camino.
—Y que la construcción puede mover la economía, porque falta infraestructura y vivienda por todos lados.
—También se plantó contra la magia económica: “si te dan una casa, la pagás; si no, el ciclo se corta”.
—Y fue tajante con la devaluación: “los precios suben en ascensor y los salarios en escalera”.
—Tiene razón en que no hay margen para seguir bajando salarios.
—Después habló de la inflación: gastar más de lo posible y emitir. Lo de siempre.
—Y pegó fuerte con eso de los políticos que apagan la cámara y van a buscar el bolso.
—Dijo que no es deuda nueva: es pagar la vieja.
—Y que sin reformas laboral e impositiva, nada cambia.
—La revolución en paz… veremos cuánto dura.
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Afuera, la ciudad respiraba distinto, pero el murmullo del bar no se enteraba.
—¿Viste la donación de Cruz Roja?
—Sí, 22.800 camisolines para el Ferreyra. No es poca cosa.
—Los trajeron Alicia Wilgenhoff y Marcelo Bolado, y se los entregaron a la directora Parodi y a la farmacéutica Ibarguren.
—En tiempos donde cada insumo cuesta, esto es un alivio.
—Además, hubo apoyo del personal municipal y de Cruz del Sur con el traslado.
—Cuando las instituciones se coordinan, las cosas funcionan.
—Cruz Roja siempre está: emergencias, escuelas rurales, primeros auxilios, coberturas en eventos…
—Sí, trabajan en silencio, pero están en todos lados.
—A veces la solidaridad es más noticia que cualquier discurso.
—Y más necesaria también.
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Un sorbo más, un suspiro… y la charla tomó otro rumbo.
—Milei salió a desmentir los rumores.
—Sí… eso de que querían eliminar el monotributo.
—Lo trató de “operación” y le apuntó a los medios.
—Dijo que es mentira y que los proyectos van a llegar cuando tengan que llegar.
—Y que cortó la pauta, por eso ,según él, los medios “son enemigos del Gobierno”.
—También habló de acelerar más fuerte con las reformas.
—Se ve que siente que tiene los votos.
—En la charla mencionó el acuerdo con Estados Unidos y dijo que puede traer inversiones.
—Y que el dólar seguiría dentro de las bandas cambiarias.
—Metió lo del riesgo país: que si salen las reformas, baja todo.
—Habrá que ver cuánto de esto es diagnóstico y cuánto es pulseada política.
—Y cuánto aguanta la paciencia de la gente.
El mozo pasó despacio, como marcando el punto final del capítulo. Nos reencontramos el próximo domingo chauu
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