Poco y nada para festejar
En la jornada de ayer se conmemoró un nuevo Día del trabajador, que obviamente tiene un significado para quien dignamente lleva adelante una labor que le permite desarrollarse como persona, y que le posibilita sostenerse individualmente y a su familia.
Sin embargo en la Argentina de estos días lamentablemente parece ser un privilegio tener trabajo, la alta desocupación, pinta este inquietante presente y oscuro futuro.
La cuarentena desmedida del año pasado ha incidido seriamente en elevar el número de desocupados o de trabajadores informales. Y más allá del drama la pandemia, la política económica errante e ineficiente de las últimas décadas, ha perfilado este triste momento desde el punto laboral.En vez de incentivar la cultura del trabajo para que nadie tenga que mendigar para poder vivir, los últimos gobiernos, en especial los comandados por el kirchnerismo, y a partir de la crisis del 2001, han hecho de la asistencia la única fórmula de sobrevivencia para una sociedad que se sumerge a pasos agigantados en la pobreza.
Planes de todo tipo, que se pagan contrayendo deuda o desangrando al sector privado, que es el que da trabajo e invierte, han creado este laberinto sin salida.
Una crisis propia
En el caso de Necochea la situación tiene agravantes que tornan aún más angustiante el panorama.
Basta repasar en un pasado no tan lejano para preguntarse cómo una ciudad con proyección en la década del 60, cuando se ubicaba entre las primeras diez ciudades de la Provincia en cuanto a potencial laboral, y con varias industrias y empresas que daban trabajo, se transformó en una economía en la que predominan el personal dependiente del Estado y las actividades no productivas, que sólo dan servicio.
En el rosario de pérdidas de fuentes laborales aparece en primer término la actividad de la pesca, que supo dar trabajo a 3.000 personas y por ende nutrir económicamente a otras tantas familias; y emprendimientos empresariales como los de Ardanaz y Metalúrgica Necochea, por solo dar dos ejemplos, que fueron quedando en el camino.
A diferencia de otros lugares, no existen estadísticas confiables que cuantifiquen el índice de ocupación laboral en Necochea. Pero a través de consultas a sindicatos y por lo que se aprecia cada vez que se solicita un trabajo y se presenta una legión de desesperados postulantes, está claro que la desocupación es alta. Y a ello se suma el trabajo informal, sin aportes y por ende sin horizontes de acceder a una jubilación.
En todo este contexto, que obviamente no respeta edades ni profesiones, y que promete seguir endureciendo ante un Gobierno que solo responde con más asistencialismo, son miles los jóvenes que no pueden aspirar a su primer trabajo, porque simplemente no hay.
Sin oportunidades no hay dignidad y crece el pesimismo en esta franja de edad, que en muchos casos ve al éxodo de su tierra hacia el exterior, como el único camino para desarrollarse y evitar terminar siendo un relegado más.///