Pocos Recursos: el fanzine que marcó a una generación de artistas en Necochea
Andréz Panda y Matías Molusko reconstruyeron en Ecos Radio los inicios de una publicación artesanal que reunió a dibujantes y dio impulso a nuevos proyectos creativos
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La historia de los fanzines en Necochea, el surgimiento de Pocos Recursos y los espacios que reunieron a ilustradores y artistas locales fueron los ejes de una charla con Matías Molusko, quien participó de la columna Ciudadano Ilustra, a cargo de Andréz Panda, durante una entrevista en el programa Lo dije o lo pensé, de Ecos Radio.
Molusko recordó que la publicación comenzó a tomar forma entre 1999 y 2000, en un contexto de dificultades económicas y con la intención de generar un espacio propio para compartir dibujos, historias y humor. La propuesta surgió de un grupo de amigos vinculados con los cómics, los videojuegos y la cultura alternativa.
“Lo titulamos Pocos Recursos, que era con lo que íbamos a hacer este fanzine”, explicó. El material se elaboraba con lápices, lapiceras, papel, recortes y collage, para luego fotocopiarse y distribuirse entre conocidos.
La circulación era principalmente de mano en mano. Uno de los puntos de encuentro era la comiquería Milenio Oscuro, ubicada en la Galería Central, donde los artistas podían mostrar sus trabajos e intercambiar publicaciones. El lugar también funcionaba como espacio de reunión para quienes compartían intereses por las historietas, los juegos y la ilustración.
Según relató Molusko, el objetivo no era transmitir un mensaje específico, sino encontrar una forma de expresión. “Había una necesidad de hablar, de contar y de expresar lo que nos pasaba”, explicó al recordar el propósito de aquellas publicaciones.
El humor de Pocos Recursos tenía un tono que, según señaló, hoy podría generar otras discusiones. “El humor era áspero y corrosivo”, recordó. La publicación reunió a unos seis integrantes, aunque también incorporó colaboraciones de otros artistas. A lo largo de sus distintas etapas, llegó a superar los 30 números.
La primera etapa terminó hacia fines de 2002, cuando las obligaciones familiares, económicas y de estudio dificultaron la continuidad del proyecto. Molusko recordó que por entonces cursaba sus últimos años de formación como profesor de Historia.
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Del papel a los espacios de ilustración
Durante la entrevista, también repasó la transición hacia las herramientas digitales y las experiencias de trabajo compartido que surgieron después de la publicación. Con el tiempo, el estudio de ilustración que impulsó se convirtió en un lugar de encuentro para personas con distintos intereses artísticos.
“Es el momento de hacerlo totalmente de puertas abiertas”, recordó sobre la decisión de recibir a otros dibujantes en su espacio de trabajo. Allí se generaron vínculos y proyectos que reunieron a ilustradores, diseñadores y artistas de distintas disciplinas.
Para Molusko, esas experiencias permitieron construir una comunidad artística local que trascendió las publicaciones. La posibilidad de compartir materiales, intercambiar conocimientos y encontrarse con otros creadores fue parte del recorrido de una escena artística local que continuó transformándose con el paso del tiempo.
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