Poder ver la oportunidad
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Tal vez nadie como Jorge Luis Borges describió la importancia del olvido en la memoria en su memorable cuento “Funes, el memorioso”. Pobre Ireneo Funes si hubiese vivido en Necochea y en esta época pues recordar el detalle de cada una de las situaciones en las que distintos funcionario políticos anunciaron obras y hablaron sobre proyectos que nunca se concretaron, sería, como lo es para uno cuando hace el esfuerzo por hacerlo, una verdadera pesadilla de tanta desilusión.
Aun así, vale la pena hacer el intento de profundizar en la memoria y analizar para comprender por qué nos pasa lo que nos pasa y cómo y cuándo vamos a decidir torcer un destino que pareciera ensañarse con nosotros y no por obra del azar sin por decisiones mal tomadas o la ausencia de ellas.
Ya cumplido la mitad de su mandato, la gestión del Frente Renovador ni en nuestra ciudad ni en Quequén ha realizado una acción que implique un cambio en su perfil turístico del que tanto se habla, con los espacios públicos de la zona balnearia en ruinas, abandonados a la acción del tiempo, el clima y los desaprensivos.
El centro de la villa sigue sin recibir la intervención necesaria y menos aún el frente costero que continúa esperando por su renovación, que es más que reparar o pintar cordones. Al igual que la costa de Quequén con paradores y balnearios cerrados por la impericia de la Municipalidad que no resolvió las concesiones en tiempo y forma para que estos espacios pudiesen brindar sus servicios durante este verano.
Desde el Departamento Ejecutivo, a finales de 2016, se anunciaba que para el 2017 estaba prevista una obra financiada por el Gobierno nacional, para el frente costero y también para la terminal de ómnibus.
Desde la comuna se adelantaba en referencia al frente costero de Necochea y Quequén que “hay que darle sentido y uso”. Es por eso que en la futura obra se habría de contemplar cuestiones amigables con el medio ambiente y espacios para peatones y bicicletas.
A la vista está que nada amigable sucedió e incluso en Quequén dos de los espacios que ya existían dejaron de funcionar y hoy se encuentran cerrados y con sus estructuras cada vez mas deterioradas.
Respecto a la terminal de ómnibus, se adelantaba que se realizarían algunos arreglos pero que no habría edificio nuevo.
Al escribir estas líneas, es imposible no recordar las tantas obras anunciadas y nunca concretadas y las infinitas notas periodísticas escritas sobre la necesidad de intervenir el frente costero y sobre la ausencia de ideas en este tema que sean parte de un plan integral de ciudad.
Pero no solo la nula inversión en la costa socava el perfil turístico que debería tener Necochea, también la recurrente falta de agua; el estado de las calles; la suciedad; la negación de muchos restaurantes, estaciones de servicio, cines y teatro de usar tarjeta de crédito; la mala implementación del estacionamiento medido; los semáforos que no andan, en fin, para recibir a los visitantes hay que prepararse especialmente en la calidad de los servicios que se van a ofrecer, los que además usamos todos los residentes.
Edificio del casino
Sobre la situación del edificio del Casino, funcionarios municipales decían a Ecos Diarios en octubre de 2016 que tenemos cuatro años de gestión y que iban a dar una solución, pero que había que esperar la licitación de Lotería de los ocho casinos de la provincia de Buenos Aires, entre los que estaba Necochea. De todas maneras, se adelantaba que si no había una definición en lo inmediato, el municipio se haría cargo de la apertura del teatro y de la pileta por el verano. Esto no sucedió, o era ya una mentira o hubo un cambio de decisión, lo único cierto es que el teatro y la pileta hoy están arrumbadas.
Finalmente, nuestra ciudad no solo quedó fuera de la licitación sino que Lotería decidió cerrar la sala de juego, disposición que apresuró aún más la necesidad de tomar una decisión sobre qué hacer con ese mamotreto que se cae a pedazos en un punto estratégico de la ciudad. Hasta el momento desde el oficialismo no ha habido una solo idea clara, tampoco desde la oposición. Nada han manifestado las organizaciones intermedias vinculadas al turismo, o al sector empresario ni los colegios de profesionales. Una sociedad civil, chata y callada también es responsable del presente. Es justo señalar que a través de las redes sociales algunos vecinos se han manifestado, los hay conservadores que quieren que el edificio continúe casi como en una réplica de lo que alguna vez fue y otros más osados que consideran que ya no tiene ninguna utilidad y que lo mejor sería demolerlo. Pero más allá de opiniones y deseos hasta el momento no hay un proyecto estudiado y escrito sobre qué hacer.
Mientras tanto el edificio del Casino se desmorona, como una metáfora del cansancio que produce la indiferencia y el maltrato, incluso esta semana perdió su razón de ser primigenia, el último de los despojos.
La única certeza en pie es que los ciudadanos seguimos a la espera de una decisión valiente que determine qué hacer con un edificio que solo conserva de aquello que fue lo que la memoria guarda.
No hay más tiempo que perder, en vez de llorar por lo perdido esta situación puede convertirse en una gran oportunidad, es de esperar que los que tienen la responsabilidad de tomar las decisiones tengan la capacidad de verlo.
Por María D. González
Redacción