Política, incoherencia y oportunismo
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En las movedizas arenas de la política nada suele estar aquietado o consolidado por mucho tiempo. Aún en el marco de una pandemia y su pertinaz cuarentena que ha atomizado la vida normal de la comunidad, siempre hay temas que provocan divergencias y sale airoso quien sea más inteligente o sagaz.
Esta vez es el caso del estacionamiento medido, que en los últimos días se transformó en el eje de una disputa entre oficialismo y oposición; y que tuvo eclosión en el pase a cuarto intermedio, para el jueves próximo, de la sesión del Concejo Deliberante en la que se resolvería la continuidad del cobro o su suspensión hasta fin de año. Tales los posicionamientos de ambos grupos.
La postergación, formulada por la concejala Eugenia Vallota, quien es la autora de un proyecto de ordenanza para suspender el sistema hasta fin de año, en consonancia con el pedido inicial de los comerciantes, tuvo el respaldo del arco opositor y habría definición en la continuidad de la sesión.
Antes del frustrado debate, en los días previos hubo cruces entre esta propuesta de anulación temporaria del cobro y la no resignación del Ejecutivo a aceptarla. Es que de dejarse sin efecto, significaría un flujo de dinero menos a las arcas municipales.
El oficialismo primero difundió un proyecto de un cobro escalonado de $15 en la primera hora; $20 en la segunda y en la tercera los $25 pesos que se vienen cobrando desde la reanudación del sistema el pasado 3 de agosto; pero al palpar un clima adverso, a horas del comienzo de la sesión del Concejo propuso a los comerciantes retrotraer el precio de la hora del estacionamiento a los $15, reducir el horario de cobro en dos horas (de 9 a 19) y anularlo los sábados. Una serie de resignaciones como para «salvar la ropa», y que pretendía avalaran los concejales el viernes pasado.
Sin embargo el tratamiento en el cuerpo deliberativo quedó abortado, en principio por una semana. Mientras tanto se buscarán acuerdos y el vecino, que casi siempre es el perjudicado, deberá seguir pagando $25 la hora de estacionamiento.
Detrás de bambalinas, y más allá de los desvelos y buenas intenciones que se expresan desde cada sector, aflora una pugna de intereses políticos. La del viernes fue una «muestra gratis» de la oposición al Ejecutivo, de cómo serán las cosas a medida que se acerque el año electoral que es 2021. Un dislate más si se tienen en cuenta las numerosas urgencias de la comunidad, sumida en un verdadero drama social-económico a raíz del interminable aislamiento por la pandemia de Covid-19.
Implementado desde la década del 70 en cuatro oportunidades, con distintos esquemas de venta y control, el estacionamiento medido siempre se ha fundamentado como la necesidad de ordenar el tránsito. Pero está claro que conlleva un ingreso económico para el municipio, que históricamente ha servido para atender diversas cuestiones y ser una rueda de auxilio en la economía municipal.
A lo largo de sus implementaciones, el llamado SEM ha tenido inconvenientes e idas y venidas de variado tipo, más allá que la puesta en marcha en noviembre de 2016 del sistema digital haya significado su mejor versión.
Un poco de historia
El primer proyecto de cobro para estacionar vehículos en el radio céntrico se sancionó en el Concejo el 9 de noviembre de 1973, aunque se empezó a aplicar el 9 de junio de 1975. Se cobraba a través de la llamada tarjeta-reloj, por periodos de una hora y media y comprendía al sector céntrico de 60 a 66 y 57 a 61. Sin embargo, sin mayores explicaciones en marzo de 1976 se lo dejó de lado.
Durante la segunda gestión de Alberto Vicente Percario al frente del municipio, en enero de 1981 se volvió a poner en vigencia el sistema, esta vez con el control de un cuerpo de 80 inspectoras uniformadas. Y duró un poco más que la experiencia anterior; aunque el 28 de abril de 1983 el Ejecutivo derogó la ordenanza, alegando que el sistema generaba déficit.
Tras un largo periodo, el 17 de octubre de 2006, durante el mandato de Daniel Molina, el SEM recobró vida. Las tarjetas, que por varios años tuvieron el costo de $1, se comercializaban a través del Círculo de Jubilados y Pensionados Municipales y un grupo de cuidacoches enrolados en una cooperativa.
Primero se aplicó en un área de 10 cuadras céntricas, que se duplicaron en 2008, pero la atención del sistema no fue del todo prolija, con muchas quejas por ausencia de vendedores de tarjetas y adulteraciones de las mismas por usuarios que trataban de eludir el pago.
Un final con escándalo
Sin el círculo de jubilados al comando, y reemplazado por tres cooperativas, el cobro a través de tarjetas tendría un epílogo escandaloso, al detectarse y denunciarse en la Justicia una ilegal venta de tarjetas falsas. Una maniobra que entre diciembre de 2012 y marzo de 2013 generó un notable perjuicio económico al municipio.
Como es frecuente en nuestro país, pese a las sospechas fundadas, cruces de acusaciones y hasta la firme versión de que las tarjetas apócrifas habían sido impresas en la propia Municipalidad, nada se esclareció.
Desde entonces empezó a perfilarse el ocaso de esta forma de llevar adelante el SEM, y en la búsqueda de un control más seguro, en noviembre de 2016 entró a regir el actual sistema digital, con cobro a través de una aplicación, o la compra de crédito en comercios habilitados a tal fin.
En la Villa Díaz Vélez
Las mayores controversias que ha disparado en su historial el estacionamiento medido, han surgido por el cobro durante las temporadas de verano en la Villa Díaz Vélez.
Con continuidad desde 2015, cada año se transforma en un molesto «impuesto» al turismo, al que se le complica la vida y termina ahuyentando. También lo padecen los residentes, habida cuenta que la concurrencia a la playa en general es por varias horas y de esta manera lo que hay que pagar se cuantifica en gran forma.
Así es que año a año despierta la condena de los ámbitos ligados a la actividad, en especial los hoteleros. A ellos se suma que en este sector de la ciudad predominan las viviendas y edificios por sobre los comercios, con lo cual los frentistas se ven sumamente perjudicados.
A esta altura habría que ir pensando en dejar de lado este dislate, ya que ni siquiera significa un aporte importante para el municipio, ya que la recaudación, en la ordenanza respectiva, señala que es para mejores en la vía pública en el sector.
Necesario, pero mejor instrumentado
El estacionamiento medido se aplica en la mayoría de las ciudades de la Provincia y con valores disímiles: en La Plata (horas pico) y Mar del Plata se cobra $30 la hora; en Tandil $39 las dos primeras horas; $45,50 la tercera y cuarta y $52 desde la quinta; en Tres Arroyos $17 y en Olavarría $24 y desde la tercera hora, $25, por citar ejemplos.
Va de suyo que tiene un sentido este esquema de control, porque el parque automotor creció en forma exponencial y de alguna manera hay que ordenar el estacionamiento para que la calzada no se transforme en cochera durante la hora comercial.
Sin embargo existen cuestiones a corregir o innovar. Por caso que se le ofrezca al usuario que no recuerda la contraseña de su aplicación una vía telefónica para subsanar el inconveniente, y se le evite tener que ir a la oficina de Tránsito ubicada en el Centro Cívico.
Por el lado de los comerciantes, más allá de presentar sus entendibles quejas sobre cómo los afecta el cobro caro del sistema, podrían ensayar algunas variantes que entusiasmaran al cliente potencial, por caso haciéndose cargo del pago de una hora de estacionamiento, que luego recuperarían en sus ventas.
Lo cierto es que hoy en día el SEM necesita ser mejorado, para que sea un servicio y no un perjuicio para el ciudadano. Y precisamente eso no ocurrirá si no se actúa con coherencia y se siguen colando los intereses políticos por sobre la practicidad y el beneficio a la comunidad,///