«Polo» de Lizaso, su fallecimiento
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Emblema del Club Atlético Rivadavia, pero sobre todo el básquetbol de Necochea, falleció ayer a los 75 años José Ignacio “Polo” de Lizaso, tras padecer una grave enfermedad.
Quedó en la historia como uno de los referentes más grandes del deporte de ciudad, no sólo como jugador, sino también como formador, entrenador y dirigente.
Comenzó en el básquetbol en el Club Boca, pero poco después llegó a Rivadavia, su segunda casa, de la mano de Víctor René Casenave, que era primo de su papá. Para dimensionar su juego, con apenas 14 años representó a la Selección mayor de Necochea que por primera vez logró un título Regional venciendo a Mar del Plata.
El paso decisivo en su carrera lo dio al terminar el colegio, haciéndose profesional en Bahía Blanca. Con la camiseta de Olimpo conquistaría 9 torneos locales, 10 provinciales para Bahía y 8 argentinos para Buenos Aires. Números que representan un período histórico en lo personal y en el básquetbol nacional, von “Polo” como voz de mando y pieza clave, integrando una célebre trilogía junto a Atilio Fruet y Alberto Cabrera. Fue ídolo en Necochea y tanto o más en Bahía, la cuna del basquet.
También pasó por la Selección Argentina, jugó el Mundial de 1967, en el Sudamericano de 1968 en Paraguay, participó en los Juegos Panamericanos de Cali en 1971 y fue subcampeón sudamericano en Bogotá, en Colombia, 1973.
Al retiro, antes de cumplir los 30 años, no se alejó del deporte ni del club. Nació el dirigente y hasta el escritor, invitado como columnista en Ecos Diarios. Creo el minibásquetbol en Rivadavia y desde su empuje se concretaron dos de los acontecimientos deportivos más importantes de la historia de nuestra ciudad: en 1985, fustigó la participación del decano en la Liga Nacional B, y en 1995, como presidente del comité organizador local, concretó la subsede de fútbol de los Juegos Panamericanos de Mar del Plata.
Desde hace unas semanas, el flamante Piso de Deportes lleva su nombre en una de las tribunas. Un gesto enorme de los dirigentes, un merecido homenaje en vida y una placa que queda chica para todo lo que le entregó a esos colores y a nuestro deporte.