Por la falta de sacerdotes se complica la actividad en las parroquias de Necochea y Quequén
Hay tres párrocos para seis sedes católicas y no hay perspectivas de cambios inmediatos. Tras dos renuncias la Diócesis sigue sin obispo, tras alejamiento de Gabriel Mestre. Efectos de una crisis vocacional
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RAUL JAUREGUI
Redacción
Una curiosa como preocupante situación se ha producido para el culto católico en Necochea: la falta de sacerdotes, que ha generado que tres de las seis parroquias de Necochea-Quequén no cuenten hoy con curas párrocos.
En la actualidad tres sacerdotes se dividen la tarea de difundir la fe católica y atender las demandas de los fieles: uno de ellos es Alejandro Martínez, cura párroco de Nuestra Señora de Lourdes, pero que temporalmente se ha tenido que hacer cargo de la parroquia de la Medalla Milagrosa, tras el fallecimiento de Justino Fernández; y es el encargado de Nuestra Señora de la Merced, en Quequén, cuyo responsable, el cura Mario Fernández, tomó una licencia por razones personales y no se sabe hasta cuándo puede extenderse.
Por otro lado, el párroco de Santa María del Carmen, Fernando Mendoza, tuvo que tomar a su cargo en febrero de 2022 de la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya. Así tiene bajo su guía dos populosas jurisdicciones de fe.
El trío de curas en la ciudad se completa con Gonzalo Domench, a frente de la parroquia Santa Teresita, que tiene un buen número de capillas a cargo, encabezadas por la de San Cayetano, en el barrio 9 de Julio. Asimismo tiene a su cargo la guía espiritual del Colegio Pío XII, entre otros establecimientos.
Un símbolo de esta escasez se produjo el pasado fin de semana, cuando luego de varias décadas debió suspenderse la procesión a la gruta de Lourdes, en Costa Bonita, por falta de un sacerdote que la encabezara.
Poder cubrir las misas en las distintas parroquias y capillas hoy se constituye en algo dificultoso. Se ha tenido que apelar a Domench para llevarla a cabo en Quequén y han tenido que venir a “dar una mano”, sacerdotes de la zona, o el encargado de las parroquias de La Dulce y Juan N. Fernández, Alejo Contini.
El panorama acuciante parece no tener una solución a la vista, es decir que por ahora se desconoce si habrá designación en breve de nuevos párrocos en Necochea-Quequén. Una decisión que debe surgir de la diócesis de Mar del Plata, también con un panorama difícil en la actualidad.
Preocupa en el mundo sacerdotal de la ciudad la escasez de personas para guiar y ser el referente de cada comunidad parroquial, y si bien no se dice, se teme que eso desaliente a muchos fieles para concurrir a la Iglesia, al no encontrar al sacerdote con el que están habituados.
“Debemos tomarlo con mucha paciencia y la feligresía debe ir acomodándose a esta realidad”, indicó a Ecos Diarios el hoy polifacético párroco Alejandro Martínez.
Falta de vocación
Más allá de la serie de circunstancias que vienen complicando el desenvolvimiento de cada parroquia, la raíz de la escasez de sacerdotes es algo que se viene gestando desde hace años, y comprende a todo el país: la falta de vocación sacerdotal y desinterés de los jóvenes, que ha disminuido en gran forma los concurrentes a los seminarios formativos.
Sobre el tema, ya a fines de 2022 el exobispo de la diócesis de Mar del Plata, Gabriel Mestre, había planteado la situación ante Ecos Diarios al decir que “el clero se redujo y hoy en día un sacerdote debe hacerse cargo de más de una parroquia”.
En la oportunidad Mestre Mestre reconoció como un motivo del desinterés de los jóvenes de sumarse al clero al decir que “el tema de los escándalos en los abusos sexuales en el clero ha afectado y es entendible porque es una aberración”, aunque mostró optimismo al decir que “todos los años ingresan jóvenes al seminario. De hecho hoy tenemos a diez y no son poca cosa, aunque faltarían más”.
Sin obispo
La crítica situación también ha alcanzado a la propia diócesis, tras del alejamiento de la misma de Gabriel Mestre, en septiembre del año pasado, para asumir como arzobispo de La Plata, desde el Vaticano se nominó como remplazante al sacerdote porteño José María Baliña, que por razones de salud presentó su renuncia.
Posteriormente se designó al mendocino Gustavo Larrazábal pero también renunció a la distinción, luego de que circularan en la prensa marplatense algunos rumores sobre antiguas denuncias en su contra por acoso y abuso de poder, que salieron a la luz a raíz de su nombramiento.
Hoy en día, a la espera de que se produzca una nueva designación la diócesis, el Papa Francisco decidió enviar un administrador apostólico a la Diócesis de Mar del Plata, y el elegido para ese rol fue monseñor Ernesto Giobando, obispo jesuita que se desempeñaba como auxiliar de Buenos Aires, y que asumió la tarea el pasado 19 de enero.///
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