Por los 60 años del Festival
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Desde hace años no sucedía que la gente elogiara el Festival Infantil y, esta vez, sucedió. Pese a la austeridad, la pandemia y el presupuesto acotado, se está desarrollando un homenaje al encuentro infantil, que cumple 60 años, con una propuesta por de más original, vistosa y con toques de espectacularidad.
Por primera vez, se concentró todo en la plaza Dardo Rocha y la idea salió bien. Desde que empezaron a armar las estructuras de los juegos, laberintos, castillos y barcos, ya hace un par semanas, los chicos se volcaron a jugar, pese a que todavía no había comenzado el festival.
El día de la inauguración, mucho público participó del acto y se sorprendió por los vestuarios de los personajes que iniciaron el encuentro, por el show de luces y por cada una de las actividades que estaban desparramadas por toda la Plaza, ofreciendo algo distinto y adaptado a este tiempo particular que vivimos producto de la pandemia.
En esta oportunidad, no hay puestos gastronómicos para que la gente pueda pasar varias horas en el lugar, ya que no se permiten por el protocolo de coronavirus, porque se intenta que las familias recorran, miren, participen y sigan, para darle lugar a otros y evitar así amontonamientos.
Se aclaró desde el municipio que se había hecho de una manera acotada para evitar los contagios, y austera porque el presupuesto fue mínimo. Sin embargo, los resultados logrados demostraron que a veces los problemas no tienen que ver sólo con los recursos –si bien son importantes- sino también con las ideas y las ganas de trabajar para lograr un buen producto.
Anoche se distinguió a quienes participaron del armado del Festival, dando en muchos casos de su tiempo y más esfuerzo que el habitual, para armar una fiesta que desde hace años viene en decadencia.
Por supuesto que el Festival ya no es lo que era, teniendo en cuenta que fue un encuentro con trascendencia nacional, que llegó a contar con la participación de personalidades de la cultura de nuestro país e incluso con cobertura de los grandes nacionales. No obstante, si bien ya ese festival no existe, su trayectoria y el significado que tiene o tuvo para Necochea, merecía el homenaje que se hizo: discreto, austero, acotado, pero prolijo, llamativo y por momentos mágico y espectacular. Le gustó a los chicos que es lo importante y, a más de uno, le recordó su infancia porque el Festival, de alguna manera, es parte de la historia de cada uno de nosotros.///