Por sobre el dolor emocional, decisiones
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2018/12/camionetas.jpg)
La ordenanza del Concejo Deliberante, permitiendo la bajada de vehículos a la playa en lugares determinados, data de 1988, hace 30 años, sin que se volviera discutir seriamente la misma con el paso de diferentes administraciones municipales y concejales de diversidades ideológicas. Decir que pasaron 30 años es una vida para una ciudad, especialmente con los cambios y costumbres producidas en ese lapso.
Nuestras playas se poblaron en forma exponencial en cuanto a la cantidad de visitantes, en relación a lo que era mucho tiempo atrás cuando se concentraban en los lugares céntricos al igual a los que residen todo el año. A esta realidad sumado a la aparición de la nueva moda. El esnobismo de vehículos adaptados caseramente para andar por la arena, junto a la proliferación de las camionetas 4 x 4 configurando hoy un cóctel muy peligroso que habría obligado a un serio replanteo de aquella ordenanza sancionada en el 1988, para remitirnos al presente.
Sin ingresar a la discusión de otros balnearios del mundo, ni siquiera a algunos que se encuentran en la costa atlántica para traer en este análisis muchos papeles, fechas, declaraciones y situaciones, vayamos a lo concreto.
Acordemos que después de 30 años la ordenanza es vieja y ya no cumple con ningún objetivo, está desbordada por la realidad de todos los días de playa.
Mucho más atrás, las discusiones eran el juego de pelota que terminaba con el termo golpeado, la señora despertada ante el zurdazo cruzado en el desborde arenero, un chico que pide la devolución de su pelotita con la paleta en mano, u otros deportes que molestaban, sin dejar de lado lo que también es actual, nuestras bellas y queridas mascotas haciendo necesidades al lado del último mordisco sandwichero o el peligro de alguna mordida, infaltable ante el calor saturante para cualquier mascota por más tranquila que fuera.
Son temas a solucionar que aun persisten y molestan, pero comparado con la invasión de vehículos, con la emanación gases de nafta, gasoil, pérdida de aceite y transporte de mugre en sus rodados, lo anterior es una tontería.
Convivir con el peligro latente
Algo debe estar claro, la playa es para disfrutar no para convertirse en riesgo de la familia, y cuando se toman medidas no se debe caer en lo permisible o actitudes pusilánimes.
El Concejo Deliberante se encuentra analizando y definiendo, algo que no puede ni podrá resolver: el gusto personal de gran parte de la población. Estamos en plena temporada, una ordenanza abarcativa, armonizando el disfrute de turistas y necochenses y la seguridad con la circulación de los rodados en zonas establecidas de nuestra playa es una utopía
No es cuestión de agregar o sacar artículos, ni anonadarse en la idea genial de un concejal que pretenda cambiar “la ley de gravedad”. El debate está dado y ya nada, sea lo que fuere, volverá a ser como antes.
Subirse a un rodado en la arena no es lo mismo que tenerlo estacionado en la puerta de su casa, la situación es diferente, se hace bajo el día de sol, con el apuro que muchas veces conlleva el momento del regreso, el conductor siente toda esa molestia y las reacciones y reflejos no suelen ser las apropiadas, el tema no es menor, porque no está en juego ni el tiempo que se pierde en subir a la avenida 2 ni la capacidad del vehículo, ni la habilidad del conductor, está en juego la vida de las persona, nada menos que eso.
Aquellos lugares, que ayer parecían alejados hoy no es así con la gran cantidad de visitantes especialmente los fines de semana, todo se vuelve distinto, más el elevado parque automotor de los vehículos especiales para bajar a la arena, con el complemento de motos y cuatriciclos conjugan un ambiente multitudinario de gente en espacios reducidos que, curiosamente parece ser el disfrute de la tranquilidad.
Es imposible hacer un estricto control por parte de inspectores de tránsito, en la teoría aparece todo simplificado y organizado, en la práctica nada de esto es así. Cuántas veces los inspectores, por más voluntad y carácter que tengan no pueden detener un entretenimiento en la arena de quienes molestan al visitante, menos podrían hacerlo ante la cantidad formidable de vehículos en la extensa zona.
En este debate ya marcado en la sociedad aparecen de balnearios cercanos que no se condicen con nuestra realidad, la demarcación de los lugares habilitados para los vehículos en la arena es mucho más simple porque no cuentan con la gran cantidad de kilómetros que tenemos nosotros en el frente costero, entonces se simplifica el trabajo, todo es más ordenado y controlable, algo que resulta intrincado en nuestras playas, y por eso no se pueden tomar como ejemplo.
Un debate abierto
El accidente en la trágica tarde navideña abrió todo un debate. Hay que recapacitar, saltaba a la vista que algo podía pasar y pasó, no era de visionario la observancia de esa peligrosidad en un campo minado de automotores con el riesgo que siempre conlleva.
La discusión debe ser sin partidismo ni mezclar antagonismos, como “el parque no se vende” sin exhibición de pancartas políticas o signos ideológicos, tratando de sacar una ventaja de la situación, la responsabilidad de lo coherente hacía el futuro es de todos, porque todos en alguna medida estuvieron representados en el legislativo en algún tiempo de los 30 años de la vigente ordenanza asesina.
No es hora de aprovechamiento de la ocasión como protagonizaron algunos dirigentes políticos claramente identificados que pretendieron detrás de una pancarta ocultar intenciones en vez de sumar la solución.
Si bien nunca es tarde para volver a empezar, es claro también que nadie recuperará la vida del niño, lo importante es preservar otras vidas que se arriesgan en una tarde de sol y tranquilidad.
Somos seres que estamos en constante construcción, pero también somos seres que estamos en constante destrucción, parece ser la forma paralela de nosotros, los argentinos. En forma urgente se debe hacer algo.
El Departamento Ejecutivo tiene preparado un proyecto de ordenanza, algunos ediles piensan en una consulta popular, que no es fácil organizar y lleva su tiempo mientras nos preguntamos qué hacer en el ahora. Otro sector analiza delimitar zonas. La pregunta es qué hacemos con los miles de vehículos que bajan en temporada. Buscar una solución que conforme a todos no es fácil. La respuesta es si o no. Tan simple como eso.