Precariedad, inseguridad y anarquía
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Es más que probable que el estado de desesperación en el que está sumiendo la pandemia a un buen sector de nuestra sociedad potencie sus miserias y conductas. Y generalmente son las malas las que quedan en el inconsciente de la mayoría. De hecho en una columna anterior citábamos que aquella frase que “saldremos mejor” cuando el virus haya pasado, no es más que un slogan con buenas intenciones.
La introducción viene a cuento para referirnos a una situación que de tan repetida ya parece normal y que aglutina una serie de cuestiones que claramente no están bien.
Señalamos en esta ocasión a los constantes asaltos y hasta robos de sus motos que vienen sufriendo los repartidores de distintos productos, en general alimentos.
Se trata de una actividad que ha empezado a captar a infinidad de jóvenes y no tanto, que necesitan subsistir dentro del horrible panorama económico y laboral al que nos ha sometido la interminable cuarentena.
Entre sus complejidades, quienes transportan los pedidos se desempeñan dentro de una marcada precariedad laboral, donde la mayoría están ligados a una aplicación telefónica y sin dependencia absoluta de nadie. Es decir que están a la intemperie en ese sentido.
Y como si fuera poco vienen siendo constantes víctimas de robos, como el ocurrido en la tarde-noche del último viernes, cuando un repartidor fue despojado de su moto en una calle de Quequén. La acción derivó en el inmediato llamado de la víctima a la Policía, que como suele ocurrir con frecuencia, no acudió con prontitud y generó que un nutrido grupo de repartidores manifestaran su enojo e impotencia cortando el tránsito en un sector de la Diagonal San Martín.
Las falencias policiales a la hora de aclarar ilícitos y detener a quienes los cometen no son ningún descubrimiento, pero más llama la atención, y no está bien por cierto, que los damnificados hayan decidido cortar el flujo vehicular en una de las avenidas transitadas para expresar su enojo. Es decir en perjuicio de terceros que no tenían culpa alguna de lo sucedido.
La inseguridad lamentablemente ya es moneda corriente y no logra ser encauzada desde el Estado, quedando palmariamente expuestas sus enormes carencias, ineficiencias y falta de autoridad en el reciente motín policial.
En el caso de la toma de la vía pública para protestar que determinaron los repartidores, es de esperar que no se propague como costumbre en Necochea. Aunque ya existen antecedentes y el reciente de la Policía es un ejemplo de eso. Con la idea de visibilizar lo que a cada uno le molesta, no se trepida en perjudicar a otros. Actitudes anárquicas que no hacen más que profundizar las penurias por las que atraviesa nuestra sociedad.
Dentro del ramillete de consecuencias de la llamada “nueva normalidad” van de la mano cuestiones que antes estaban presentes, pero que se acentúan en esta actualidad, donde las responsabilidades personales parecen ser asumidas con mayor liviandad y falta de respeto. Y lamentablemente nada hace predecir que se pueda poner coto a estos comportamientos indebidos, cuando muchos de ellos se gestan o son apañados desde el mismo Estado.///