Preocupante decadencia en la oferta de los servicios turísticos
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El tradicional Hotel San Miguel, ubicado frente a la plaza en un sector de privilegio turístico, se transformaría en otro hogar para ancianos
Con sólo decir que Necochea ha perdido más del sesenta por ciento de las plazas hoteleras que poseía en la década del 80, sirve para testimoniar la decadencia de un sector que hace tiempo dejó de ser rentable.
Un sinnúmero de claros argumentos surgen a la hora de explicar este fracaso, en materia de servicios turísticos que se viene cayendo paulatinamente desde hace cuatro décadas, culpa de la falta de decisión política a la hora de encarar los cambios que sí hicieron otros centros de veraneo. Decir que la actividad y forma de hacer turismo cambió sustancialmente, al aparecer diferentes ofertas en cada rincón del país, es una verdad de Perogrullo, que no sirve como excusa ante la desventura.
Desde aquella quimera de los años 70, acertada o no, de cambiar el frente costero nada se ha hecho, y se ha caído en una ciénaga que pareciera imposible de emerger a raíz de un renovado y movedizo caleidoscopio de tentaciones, que ofrece particularmente la costa atlántica, contra lo cual no se ha sabido competir, ni desde lo privado ni lo público.
Consecuencia de esa falta de visión y de qué hacer con una ciudad, otrora atractiva para el veraneo de los argentinos, por sus amplias playas y de suave declive, los empresarios hoteleros muchos continuadores de varias generaciones en la actividad, fueron sucumbiendo ante la realidad manifiesta y buena parte de los establecimientos se transformaron en sedes de organismos judiciales o geriátricos; aunque también varios de ellos cerraron sus puertas y lucen abandonados desde hace años.
Si algo le faltaba a la magullada coyuntura del sector hotelero, la irrupción de la cuarentena ha significado un nuevo disparo casi mortal, aún para aquellos que pudieron sostenerse hasta el presente; y que ahora ven un panorama oscuro y futuro inquietante.
En un lugar indebido
A la cadena de cierres que se fueron produciendo en los últimos años, recientemente se sumó, como un eslabón más, el del tradicional hotel San Miguel (6 y 85), propiedad de la familia Ferrero, una de las históricas en el rubro; establecimiento con una consecuente clientela continuadora por generaciones que, durante años disfrutó las vacaciones del verano en nuestras playas. Conocida la decisión, se generó un nuevo golpe para la actividad y a la vez sorprendió el informe que en el lugar funcionará en un futuro cercano una residencia de adultos.
La mayor objeción a este objetivo, y que claramente salta a la vista, es que parece insólito que en una ciudad que se precia de ser turística, frente a la plaza principal de la Villa Díaz Vélez, en una esquina de sumo privilegio, no se encuentre otra utilidad que no sea para la instalación de un nuevo geriátrico; en una zona que es epicentro del ruido, con el paseo de los artesanos, la música y actuación de artistas callejeros en temporada propio del vértigo que, obviamente, conlleva la presencia de visitantes; además, en una calle de restaurantes y boliches de diversión nocturna y de constante movimiento de autos, durante todo el día.
Es de suponer que los adultos mayores deben disfrutar de lugares de absoluta tranquilidad y solaz, como podría ser un espacio rodeado de verde con el color y perfume de la naturaleza. Quienes han arribado a la llamada tercera edad, más de una vez necesitan ser trasladados en ambulancias por diferentes problemas de salud. Va de suyo que necesitan residir en sitios tranquilos y no en el corazón mismo de la Villa.
Es una nueva muestra que en Necochea se puede seguir haciendo lo que cada uno quiere, porque la planificación llena de grises permite que se filtren las habilitaciones con interpretaciones de acuerdo a las circunstancias y al amiguismo, transgrediendo con curiosas e indebidas excepciones que surgen desde el Ejecutivo o el Concejo Deliberante.
Lo cierto es que en lo que atañe a los geriátricos, no se ha gestado en el cuerpo deliberativo ordenanza que los regule en su funcionamiento y sólo existe una normativa provincial y la Municipalidad habilita a los establecimientos de este tipo bajo esa regla. De esta manera, y tal cual lo expusiera tiempo atrás Ecos Diarios, existe una marcada informalidad y carencias en muchos de estos sitios que funcionan en la ciudad. Sin cumplir los requisitos necesarios para una actividad con particularidades especiales.
Cuesta entender cómo no se elabora y se hace ejecutar una planificación que ordene la actividad, su desenvolvimiento y hasta la ubicación, salvaguardando la calidad de vida de quienes pasan sus últimos días en estas residencias.
Esto nos permite agregar que, mientras siga reinando el desorden y la falta de un propósito que contemple seriamente como se debe desarrollar todo lo que atañe al compromiso con lo turístico, Necochea continuará en declive y se profundizará un estancamiento que, de no ser sacudido por inteligentes y valientes decisiones, nos llevará rumbo al ostracismo.