Preparándonos para el verdadero Biden
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Si Buenos Aires quiere esta vez tener una fluida y constructiva relación con Washington, los que deben cambiar sus actitudes y políticas son los gobernantes argentinos y no el presidente electo
Con el resultado de las muy ajustadas elecciones estadounidenses ya a la vista, cada país del sistema internacionales comenzará a analizar, con más o menos nivel de voluntarismo o realismo, qué cambios para mejor o para peor podría acarrear a la relación bilateral con Washington una nueva administración demócrata. En nuestro caso, desde ya pondremos el foco en el caso argentino. Más allá de los análisis, comentarios y relatos que vienen mostrando a Joe Biden como un hombre de centro izquierda, o en algunos casos más caricaturescos como de izquierda, el presidente electo presenta una trayectoria de casi 50 años con un historial de mano dura en materia de lucha contra el narcotráfico, el delito y reacio a flexibilización de las condenas a los delincuentes condenados. En materia de política exterior, durante la guerra por las Islas Malvinas en 1982, fue el senador más firmemente alineado con el Reino Unido; incluso en una ya famosa entrevista televisiva criticaba al gobierno de Ronald Reagan por no ser lo suficientemente duro con Argentina, y ello motivó que fuese condecorado posteriormente por el gobierno británico.
Durante su rol como vicepresidente de Barack Obama entre 2009 y 2016, asistió a un acelerado deterioro de la relación bilateral con Buenos Aires. El vínculo venía dañado ya desde la Cumbre de presidentes de las Américas en Mar del Plata 2005, en donde el gobierno argentino tomó el liderazgo en el choque verbal con la administración de George W. Bush. Más allá del frente compacto contra Washington que muchos vieron en el eje Lula, Chávez y Kirchner, apenas terminado el encuentro hemisférico, el entonces Presidente brasileño invitó a Bush a pasar un par de días en su residencia personal. Puede uno imaginar qué habrán dicho ambos sobre nuestro país en esas horas de comidas y charlas. Por esas vueltas del destino y de la política, en la reciente elección presidencial G. W. Bush no dudó en respaldar la candidatura de Biden. Lo mismo se dio con varios prominentes neoconservadores que acompañaron al mandatario republicano entre el 2001 y 2009 y que fueron los grandes impulsores de la invasión a Irak en el 2003 y la lucha sin cuartel contra el terrorismo internacional. En tanto, en aquel ya lejano 2005 Chávez regresaba Caracas a seguir vendiendo centenares de miles de barriles de petróleo diarios a los EEUU y a recibir regalías de las más de 12 mil estaciones de servicio o gasolineras que el Estado venezolano tenía en él territorio de su odiado Imperio americano. Como le dijo por aquellos años Chávez a su colega colombiano Álvaro Uribe, él no necesitaba negociar una zona de libre comercio con la gigantesca economía estadounidense dado que entraba sin problemas ni trabas con sus ventas de petróleo.
Volviendo al caso argentino, el punto más bajo de la relación bilateral con Washington desde la guerra de Malvinas y quizás igual o peor aún que en choque con Bush en Mar del Plata fue el famoso operativo ordenado sobre un avión militar americano en Ezeiza 2011 y la apertura con alicate de su cargamento, incluyendo su valijas de claves secretas. Años después, en 2014 y en un discurso en la Casa Rosada, la entonces presidente de Argentina alertaba a sus militantes que en el caso que le pasara algo a ella habría que buscar el responsable en el Norte.
A diferencia de todos los primeros mandatarios de nuestro país desde el regreso de la democracia, entre el 2009 y 2016 no hubo ninguna invitación para una visita oficial a la Casa Blanca. Tanto en 2005 como en 2011, las agencias federales americanas analizaron seriamente sacarle a la Argentina la designación de Aliado Mayor Extra OTAN que le fuera asignada en 1997. Finalmente se optó por mantenerla y esperar un cambio en el perfil de política exterior Argentina. En otras palabras, si Buenos Aires quiere esta vez tener una fluida y constructiva relación con Washington, los que deben cambiar sus actitudes y políticas son los gobernantes argentinos y no Biden. Asimismo y más allá de los fuegos artificiales en torno al supuesto abismo que habrá entre los lineamientos en materia de seguridad internacional vistos durante Trump y los que desarrollará Biden, cabe tomar nota de cuatro hechos centrales: 1) Biden ha definido al régimen de Venezuela lisa y llanamente como una dictadura cruel que no puede perdurar 2) Durante la campaña prometió una postura más firme con China que su par republicano. Las acusaciones de las últimas semanas sobre actividades de negocios de uno de los hijos de Biden con empresas chinas no harán más que consolidar esa dureza ya que cualquier concesión o mano blanda será vista como una confirmación de esa connivencia 3) Pocas dudas caben de que la política hacia Rusia será aún más áspera que durante la gestión de Obama y ni que decir la de Trump. Hace meses que Biden y su equipo atribuyen a la inteligencia de Moscú cada versión o documentación que mostraba supuestos negocios indebidos de la familia Biden con China, Ucrania, etc. 4) Biden afirmó que está decepcionado con Cuba y su falta de avances y compromiso con mayores grados de libertad y de respeto a los DDHH así como por injerencia en Venezuela.
Por todo ello, nuestra política exterior deberá comenzar a pensar de manera prudente y realista como interactuar con el verdadero Biden y no con el que muchos se inventaron.///
Por Fabián Carlos Calle – Licenciado en Ciencia Política, Mag. en Relaciones Internacionales