Prevenir la insensatez
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Propia de las conductas violentas de algunos actores de la sociedad y que lamentablemente van en aumento, las exteriorizaciones de muchos ya sea por reclamos diversos o festejos de logros deportivos, se vienen tiñendo de desmanes y enfrentamientos, generalmente con las fuerzas policiales que pretenden poner orden.
Por estos días del Mundial de fútbol y en consonancia con la actuación de la selección argentina, cientos de personas han ido a celebrar los resultados en el tradicional punto de encuentro de la rambla municipal de 2 y 83. Y si bien se han observado algunas actitudes desmedidas, el festejo del pase del seleccionado albiceleste a la final, el pasado miércoles, tuvo su cara negra en una serie de actos vandálicos y enfrentamientos, entre desbordados jóvenes con policías que pretendían detener los desmanes que estaban produciendo.
El saldo de tal pugna fue el de cuatro individuos aprehendidos, uniformados heridos y roturas de móviles policiales y elementos de la vía pública, que nos pertenecen a todos los ciudadanos.
Como un detalle que lejos de ser colorido se torna peligroso, para la propia integridad física de quienes lo hacen, en varios festejos deportivos, y cada vez más acentuados, se ve a desubicados que trepan a lo alto de las columnas de los semáforos de 2 y 83, para “vivir desde lo alto” la fiesta. Y el miércoles no fue la excepción, en este caso con energúmenos que rompieron las estructuras en las que calzan las luces, al pararse sobre las mismas.
En tamaño desborde de gente, que seguramente se ampliará hoy si la escuadra dirigida por Lionel Scaloni obtiene el campeonato mundial, surgen discusiones inexplicables por ocupar un mejor lugar, que terminan en llamativas riñas. Algo poco menos que entendible en un marco en el que debería prevalecer la alegría compartida.
Si bien las autoridades que deben velar por la seguridad suelen llegar tarde, es decir que toman medidas cuando se han producido graves hechos como los del último miércoles, para hoy se ha dispuesto un operativo preventivo con más policías, cortes en el tránsito vehicular y la concientización a comerciantes de la Villa para que no vendan bebidas alcohólicas.
Lamentablemente parece que a algunos –por fortuna la minoría por ahora- les cuesta demasiado mantener un comportamiento moderado, pacífico y respetuoso en beneficio de los derechos de todas las personas que quieren disfrutar una jornada festiva.
Estos episodios de violencia y vandalismo suelen ser la manifestación de frustraciones, enojos, interés de llamar la atención, de ser “protagonistas” como sea y el desafío a la autoridad y a las normas. Pero el componente primario sigue siendo la falta de educación: una columna vertebral de la vida en comunidad que se ha roto hace años y que resulta difícil recomponer.
Lo que debería ser un festejo popular, de unión y sin diferencias se termina arruinando cuando aparecen los inadaptados de siempre, que es de esperar esta tarde puedan ser controlados y, de darse el resultado esperado, se pueda hacer una gran celebración en paz.///