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    Pronósticos de tormenta y la furia de la naturaleza

    En medio de un fin de semana con alertas meteorológicas, se puede recordar la tempestad ocurrida a fines del verano de 1993

    22 de febrero de 2025 | 23:22
    Pronósticos de tormenta y la furia de la naturaleza
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    JUAN JOSE FLORES

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    Redacción

     

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    En un fin de semana marcado por las alertas de tormenta y mientras hay quienes piensan que el calentamiento global puede ser motivo de estos cambios extremos de condiciones meteorológicas, cabe recordar que nuestra región siempre se ha caracterizado por los cambios sorpresivos del tiempo.

    En menos de un mes se cumplirán 32 años de la tormenta registrada el jueves 18 de marzo de 1993.

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    “La tormenta causó daños en una planta de cereales y la estación de trenes”, decía el título de tapa de Ecos Diarios del viernes 19 de marzo de 1993.

    El día anterior una fuerte tormenta se desató antes de las 7 de la mañana. “Daños de importancia en la estación ferroviaria de Quequén, en una planta cerealera del mismo lugar y la voladura de techos en una casa de Necochea fueron los principales efectos destructivos de la breve, pero fuerte tormenta de viento y lluvia”, indicaba el artículo periodístico.

    Cuando la ciudad se empezaba a despertar y poner en movimiento, una tormenta con fuertes ráfagas de viento del sector Sudoeste, acompañadas de lluvia y por momentos granizo, provocaron temor entre quienes se dirigían hacia sus trabajos y aquellos que se preparaban en sus hogares con el mismo fin.

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    Un cielo que en algunos sectores se tornó oscuro y en otros muy claro, fue surcado por descargas eléctricas que terminaron de dar escenografía al meteoro. La tormenta tuvo efímera vida sobre nuestra ciudad, extendiéndose aproximadamente entre las 6,50 y las 7,10, para retornar la calma y percibirse una suave brisa del Sudoeste. La lluvia dejó un registro de 3 milímetros. 

    La planta que la firma cerealera Cerealsud poseía en 528 entre 524 y 526 de Quequén sufrió importantes destrozos, cayendo sobre los silos tres norias y otros implementos de fuerte peso. Dos norias quedaron cortando una de las antenas que circundan la planta, arrastrando consigo cables y postes de electricidad.

    Otro de los lugares más afectados por la tormenta fue la estación ferroviaria de Quequén. Allí, poco después que partiera el tren con destino a Plaza Constitución, se desplomó una antena que cayó sobre un lateral del edificio principal de la estación, provocando la rotura de paredes y de un techo. Además el viento arrancó el techo de uno de los galpones ferroviarios que se encuentra frente a la estación, diseminando varias chapas por el andén y las vías. En ninguno de los casos hubo que lamentar lesionados

    En Necochea el epicentro de la tormenta pareció alcanzar  un sector del barrio Capuchinos y de la villa balnearia. En una vivienda de calle 89 entre 60 y 62 el viento arrancó parte del techo de una vivienda. Los bomberos realizaron allí trabajos de apuntalamiento y se verificó el estado del resto de la casa.

    Además en esa franja del radio urbano se produjo la mayor cantidad de los daños prácticamente habituales en estos casos, es decir la caída de numerosos postes y cables de energía eléctrica, rotura de antenas de TV y daños en árboles y carteles.

    Cuadrillas de la Usina Popular Cooperativa inmediatamente se dieron a la tarea de retirar los cables que se esparcían por veredas y calles. Poco después los chicos se dirigian a las escuelas.

     En lugares de Quequén, del barrio Capuchinos y de la villa balnearia se produjeron cortes de energía eléctrica, volviendo el servicio una vez que los operarios de la Usina iban reacomodando los postes y tendidos de líneas.

     

    Ciudad de temporales

    Aunque se describe a Necochea como un distrito de clima pampeano templado, con una ubicación privilegiada para el desarrollo de la agricultura y la ganadería, la ubicación de la ciudad frente al mar hace que se encuentre expuesta a rápidos cambios de temperatura y a los vientos.

    Precisamente, los registros históricos señalan que la mañana del 12 de octubre de 1881, cuando se firmó el acta fundacional, fue un día ventoso.

    Aunque se debe desestimar el mito de “los vientos de Necochea” ya que no son más fuertes a los registrados en otras ciudades de la costa atlántica.

    Si bien julio podría considerarse el mes más frío del año en la ciudad, abril es el que tiene el triste registro de los más extremos temporales. 

    Precisamente a fines de abril de 1980 se produjo la más grande inundación de la que se tenga registro. Tras ocho días de lluvia en el centro y este de la provincia, el aguas de varios distritos desembocaron en el Río Quequén y se produjo una crecida que arrastró primero animales, alambrados y árboles del interior del distrito y luego destruyó todo a su paso en las riberas de Necochea y Quequén. Hubo muertos, destrozos y pérdidas millonarias.

    En otro abril, en 1984, fuertes vientos del sector Sur, con ráfagas de hasta más de 100 kilómetros por hora provocaron destrozos en distintos puntos de la ciudad.

    El 17 de abril de 1990 otro tornado  provocó la voladura de techos, innumerables cortes en el servicio eléctrico y telefónicos y caída de árboles y carteles.

    Veinte personas debieron ser evacuadas, tras soportar los embates del viento que llegó a soplar hasta 200 kilómetros por hora.

    El martes 13 de abril de 1993 un niño perdió la vida durante un tornado que sembró destrucción. Aquella noche, los vientos huracanados alcanzaron una marca de 250 kilómetros por hora.

    Además de la muerte de un niño que quedó sepultado por los escombros cuando se derrumbó la humilde casa en la que vivía, hubo 15 heridos graves y 225 evacuados, además de innumerables voladuras de techos, árboles y postes de luz caídos, el encallamiento de un pesquero en la zona portuaria, paredones derrumbados y la red de energía eléctrica resultó sumamente dañada.///

    Temas
    • necochea
    • Quequén
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