Planta de tratamiento solo una promesa
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Sin ningún tipo de procesado ni cartel que indique el peligro de bañarse o pescar en el lugar, los desechos cloacales de Necochea y Quequén continúan siendo arrojados al mar
Se acercan las elecciones y, seguramente, algún político tomará la posta para convertirse en el nuevo portador de la promesa infaltable de cada campaña: la planta de tratamiento de desechos cloacales.
Con eso, el flamante portador de la promesa buscará rescatar algún que otro voto de quien desconozca los años que hace que los gobiernos municipales, provinciales y nacionales vienen diciendo que la obra estará en su agenda y, al final, se van sin haber hecho tan siquiera los planos.
Mientras tanto, gracias a los incontables compromisos incumplidos, la gente de Necochea y Quequén, al igual que el turismo de verano, sigue arrojando sus desechos cloacales al mar sin ningún tipo de tratamiento ni filtrado.
Hoy en día, el caño de hierro recorre varios kilómetros por debajo de la superficie terrestre para desembocar, finalmente, en la zona rocosa de Punta Carballido, un sector que se encuentra entre Quequén y Costa Bonita, donde un líquido marrón y pestilente se esparce en la orilla del mar.
El paisaje
El desagradable acto de caminar por la zona, permite observar que allí el color del agua del mar es completamente marrón. Por eso, no es necesario hacer examen de ningún tipo para darse cuenta que ese sector se encuentra absolutamente contaminado por los efluentes cloacales de dos ciudades con miles de habitantes.
El agua se mantiene así de turbia por varios metros hacia adentro, donde la tonalidad comienza a normalizarse como si fuese un efecto de degradado.
Por otro lado, cuando baja la marea, se puede ver que las cavidades rocosas difieren mucho de las que se encuentran uno o dos kilómetros a los costados de Punta Carballido. Mientras que en otros lados son pequeños pozos con agua transparente y coloridos por la flora y fauna costera, en esta zona prácticamente no hay algas ni almejas y mucho menos seres vivos que puedan ser observados a simple vista. Solo agua marrón que casi no deja ver el fondo de la cavidad.
Entre las piedras, cuando baja la marea, se pueden ver plásticos de pequeño tamaño esparcidos por todo el suelo e incluso algunos plásticos más grandes como afeitadoras, botellas y desodorantes para inodoros.
Sin carteles
Como si ya no fuera suficiente el daño ambiental que se le hace al ecosistema natural de nuestra costa, para completar el panorama de este lugar del caño, hoy no existe cartel de ningún tipo que advierta a la gente sobre el peligro de bañarse o pescar en el lugar.
Prácticamente debería ser un sector en el que nadie camine sin saber dónde está pisando, dado que un turista o alguien que no conoce de esta situación podría llevar a niños pequeños a pasear por este lugar absolutamente contaminado.
Hace algunos años, vecinos de Quequén preocupados por esta situación habían colocado un cartel de más de dos metros que explicaba lo que ocurría allí, pero hoy ya ha desaparecido.