Que esta vez sea en serio
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/03/presu.jpg)
Creado con el concepto de enlazar al gobierno municipal con los vecinos de cada barrio, de manera de disponer juntos cómo se emplean en dichos lugares recursos públicos destinados a obras, el presupuesto participativo no ha tenido hasta el momento, por diversos factores, el éxito que lo presagiaba en sus intenciones.
Esta herramienta, que como principal pilar mantiene un espíritu democrático, comenzó a aplicarse en Porto Alegre, Brasil, a fines de la década del 80, y en la Argentina tuvo su primera experiencia tras la crisis, económica, política y social de los años 2001 y 2002, en la ciudad de Rosario, para expandirse luego a decenas de municipio de todo el país.
En el caso de Necochea la convocatoria a la participación ciudadana empezó a plasmarse en forma efectiva durante el segundo mandato del radical Daniel Molina, aunque la efectividad en la práctica nunca terminó de plasmarse.
En principio, lo que en cierta forma es lógico ya que las obras mayores se gestionan ante la Provincia o la Nación, el dinero que cada gestión municipal destina al presupuesto, resultó escaso para cubrir todas las demandas vecinales, por más que se solicitaran obras pequeñas como en las redes de cloacas y agua; instalación de escaparates en las paradas de ómnibus; construcción de rampas para discapacitados; de espacios recreativos o reparación de juegos rotos en distintas plazas, entre otras.
En segundo término las sumas dispuestas, además de ser insuficientes, se van devaluando con la inflación continua, ya que transcurren los meses y por la burocracia del Estado, las obras no se concretan.
En el camino, tanto en el mandato de Molina como en el de Facundo López (en el de Tellechea se dejó el presupuesto participativo de lado), se llevaron adelante infinidad de encuentros con vecinos de cada barrio y hasta se intentó instalar un presupuesto joven, con germen de las propuestas en el ámbito de las escuelas secundarias, perdiéndose en promesas, entusiasmos no correspondidos y por último la no realización de las obras.
Ahora es el turno de la administración que encabeza Arturo Rojas, y en la reciente primera reunión del consejo de organización y seguimiento, el propio Intendente marcó sus pretensiones en torno a esta herramienta: que no se politice en absoluto. Aspecto éste que cuando es mal aplicado o se lo hace con intencionalidad, termina abortando cualquier buena intención en cuanto a progreso de una comunidad.
Este año los representantes barriales plantearon dieciséis obras, aunque el Estado municipal está proponiendo un fondo de casi $7.000.000. Ciertamente escaso.
En los primeros movimientos el Gobierno ha mostrado intencionalidad de hacer fuerte y eficaz el presupuesto participativo. Y para dar crédito a su propósito, ya concretó tres obras (dos de la red de agua y una de la cloacal), que entre otras tantas estaban pendientes de la gestión anterior.
Es de esperar que esta vez se hagan mejor las cosas y que se trabaje en serio. De no ser así será otro fracaso, quizás dándole la estocada de muerte a una idea que en otros lados ha tenido buen suceso.///