Perder tiempo en el Concejo
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Ahora proponen la modificación de una ordenanza para cambiar la forma de designación de los nombres de las calles y avenidas de nuestra ciudad
Siguiendo una costumbre habitual en el Concejo Deliberante, que es trabajar en iniciativas que aportan poco al mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes de la ciudad, ahora se presentó un proyecto para modificar un artículo de la ordenanza 7381/11 sobre la asignación de nombres de calles y avenidas.
Como si no hubiera temas más importantes para trabajar, hay concejales que se ocupan de nimiedades que no responden para nada a la demanda de los vecinos de los distintos barrios. Homenajes, la discusión de temas nacionales que a veces terminan en largas polémicas o este tipo de proyectos, que no suman a la hora de resolver los problemas de todos los días, son una constante en el Concejo Deliberante de los últimos años.
“Con la historia del distrito”
Con respecto al proyecto en cuestión, en líneas generales, se respetará la ordenanza vigente, mientras que lo que se pretende modificar son los temas vinculados a quienes podrán proponer los cambios de nombres, los datos que deberán presentar, así como también los argumentos de por qué determinada persona debería ser homenajeada de esta manera.
En este sentido, en el artículo 5, se aclara que “los nombres que se impongan a las calles, avenidas o espacios públicos del distrito de Necochea, deberán estar directamente vinculados a la historia del mismo o hacer referencia a personas o hechos destacados, en el orden provincial, nacional o mundial”. Algo que por supuesto ya prevé la ordenanza vigente, pero que lamentablemente hay que repetirlo una y otra vez porque no siempre se tiene en cuenta. De hecho, en nuestra ciudad son escasos los espacios públicos y calles que llevan nombres de personas que vivieron en nuestra ciudad y que realmente hicieron algo por ella, tal es el caso de historiadores, docentes, profesores, investigadores, artistas, arquitectos, entre otros. Lamentablemente, en este sentido, se abusa de imponer nombres de dirigentes políticos a varios espacios y calles a la vez, dejando en el olvido a aquellos vecinos que sí trabajaron en la construcción de nuestra ciudad desde diferentes ámbitos. Además en más de una oportunidad, se eligen políticos, que no está bien claro qué es lo que hicieron por la ciudad.
“Colaboradores de la dictadura”
Entre las curiosidades del proyecto de ordenanza que presentó el bloque de Compromiso y Trabajo por Necochea, llama la atención el artículo número 6 que indica: “En ningún caso se podrá designar con nombres de autoridades nacionales, provinciales o municipales que hayan ejercido su función por actos de fuerza contra el orden institucional y el sistema democrático, como así tampoco respecto de personas que hayan colaborado con las dictaduras que ha padecido el país.
Sin embargo, lo paradójico de la cuestión es que la avenida 59 lleva aún el nombre del general Juan Domingo Perón, quien fue militar y colaborador de la dictadura de 1943.
De todas maneras, está claro que está ordenanza de aprobarse legislaría de ahora en adelante, sin embargo resulta más que curioso que se haga mención a que no se podrá elegir a aquellas personas que hayan colaborado con las dictaduras, teniendo en cuenta que Perón siendo capitán participó activamente de la revolución del 6 de septiembre de 1930 que derrocó a Hipólito Yrigoyen durante su segundo gobierno y como coronel, actuó en la revolución del 4 de junio de 1943 que derrocó al entonces gobierno constitucional presidido por Ramón Castillo. En esta oportunidad, durante la dictadura de Edelmiro Farrel, Perón fue vicepresidente, ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión. Y en este aspecto, hay que decir que no sólo la avenida 59 lleva su nombre, sino también la Terminal de Omnibus.
Esta cuestión habrá que tenerla en cuenta de ahora en más, ya que de aprobarse la ordenanza, no se podrá elegir para el futuro el nombre de nadie que haya colaborado con las dictaduras.
Un tiempo prudencial
Al referirnos al tema de los nombres de las calles, no se puede dejar de mencionar la necesidad de que pase un tiempo prudencial – 10 años por lo menos- de fallecida la persona a homenajear para que la propuesta no surja de los contemporáneos sino que sea la propia historia la que lo decida. En más de una oportunidad, ha sucedido que muere un dirigente de renombre y enseguida aparece el proyecto de hacer un monumento o ponerle el nombre a una calle o a un puente, sin esperar el tiempo adecuado para hacer el homenaje. Sin ir muy lejos, recién se van a cumplir 8 años de la muerte de Néstor Kirchner y ya hay infinidad de edificios y calles que llevan su nombre. Y justamente pensando en este ejemplo, está más que claro que es necesario dejar que pasen unos cuantos años, para que la historia lo juzgue y lo ponga en el lugar que debe estar. No vaya a ser cosa que después nos tengamos que arrepentir.