Quequén, radiografía de una realidad
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Nacida en el partido de Lobería, Quequén estuvo llena de controversias históricas, y se fijó finalmente como fecha de fundación el 3 de agosto de 1854.
Con una población estimada en 18.000 habitantes, con sectores humildes y marginalidad cierta en servicios e infraestructura, contrasta con un hoy incipiente polo turístico desarrollado sobre sus playas, añorando por otro lado que en el siglo pasado recibía a personalidades de la vida nacional y a familias tradicionales de la sociedad porteña. Supo también de un perfil industrial y ha tenido siempre expresiones de deseos de autonomía, con más promesas que hechos concretos.
Anexada a nuestro distrito por decreto ley 9327, del 22 de mayo de 1979 por el entonces gobernador militar de la provincia de Buenos Aires, Ibérico Manuel Saint Jean.
No es la finalidad, de estas líneas, hacer historia ni detenernos en el pasado o quedarnos con las clásicas frases que los quequenenses suelen utilizar cuando la ofuscación los supera por promesas incumplidas de gobernantes de turno: “somos el patio de atrás de Necochea”, frase que esconde un pedazo de verdad pero no toda, un vaso medio lleno de realidad.
Quequén, al igual que cualquier paciente que asiste a su médico, necesita un diagnóstico claro, no solamente lanzar estadísticas o anhelos personales de lo que debiera ser. Todos somos sabedores de la realidad imperante, las personas que muestran actitud realista ante la vida, se llevan menos desengaños, evitando conjeturas imaginarias, fantaseando con imposibilidades e idealizaciones.
Menores, adolescentes y la educación
En cuanto al sexo de los integrantes de Quequén, el 50,5 % son varones y el 49,5 mujeres. Las estadísticas en la niñez nos marca (similitud con la infancia) que en el 75 % de los hogares no hay niños, en el 17 % uno solo, en el 6,9 % dos y en menos del uno por ciento tres.
Lo mismo sucede con los adolescentes, donde en el 74 % no hay presencia de ellos, en el 18 % uno solo, en el 6% dos y solamente en el 0,7 % hay cuatro.
Bien se dice que la educación es la base del crecimiento de un país, en el caso de Quequén es preocupante la situación con relación a la deserción escolar.
Se estima que un once por ciento no completa la primaria, un 16 % sí, mientras un alto porcentaje de más del setenta por ciento no culmina la secundaria.
La mayoría de los que abandonan tempranamente la escuela aducen que no la consideran necesaria o no les gusta el colegio, apareciendo en la corta edad de la vida, el embarazo o salir rápidamente a buscar trabajo, siendo el motivo deserción escolar, entre otros casos, la falta de comprensión de textos como la imposibilidad de absorber intelectualmente las tareas encomendadas.
Situación barrial y presencia estatal
Los reclamos vecinales se orientan con frecuencia al estado de las calles, situación que viene de muchos años aunque en los últimos tiempos hubo mejoras.
La falta de cloacas, de iluminación correcta, calles pavimentadas o de tierra sin desagües, cercanía habitacional a lugares que irradian contaminación ha sido una constante en la vida del lugar.
El estado municipal en la actual administración ha trabajado en la conexión de nuevas redes cloacales, zona del barrio Estación Quequén, Puente Colgante y ex Raiser, manifestando un funcionario “hemos realizado en los últimos tiempos 4.000 conexiones, concretando en las calles 531 de 554 a Almirante Brown un trabajo efectivo en pluviales, como así también en arreglo de plazas y mejoramiento de la iluminación».
Las últimas novedades de una Argentina que nos tiene acostumbrados, pusieron un manto de incertidumbre sobre la concreción del natatorio proyectado frente a la plaza principal a metros de la delegación, ratificado por el propio intendente días atrás.
A la firma del Concejo Deliberante se encuentra demorado un convenio enviado desde el Departamento Ejecutivo para toda la zona residencial lindante con el faro de Quequén, abriéndose allí un lugar importante para la inversión privada.
Es de esperar que culmine todo el proceso de concesiones, donde se estaba pagaba un canon irrisorio ante un estado evidentemente ausente a la hora de controlar y hacer cumplir las inversiones con los reales valores de las explotaciones comerciales.
El hospital «José Irurzun», ha logrado algunos avances, servicio de pediatría, equipo ginecológico, cirugía de ligadura de trompas, mientras el vecino sigue esperando y protestando con lógica por el estado de las calles que conducen al lugar, algo sempiterno que parece no encontrar solución.
Hay que esperar el arreglo total de la incendiada estación de trenes, donde se pensaba y se sigue con la idea de erigir un centro cultural, algo que hoy suena como una utopía, mientras el municipio mira con firmeza la idea de administrar el predio del faro, con fines turísticos, habiéndose cursado notas a la Nación para obtener tal posibilidad, sin haber recibido contestación al respecto.
La visión sobre la playa de camiones parece avanzar a pasos firmes con la recuperación del restaurante que supo allí funcionar, que seguramente será explotado cuando se abran los sobres de la licitación en los próximos días, bajando a definición del cuerpo legislativo un proyecto de instalación de expendió de combustible en el predio, exclusivamente para los transportistas que allí estacionen.
La política no es una pelea de gallos permanente, por eso con aporte del gobierno de la provincia de Buenos Aires, se pudo inaugurar el 17 de junio del año pasado la avenida 554.
Desocupación, nivel socio-económico
Si bien no hay índices exactos sobre la desocupación, un faltante de datos en todo el distrito, no oficiales hablan de un 28 % de desocupación y pérdida de changas en los últimos tiempos, lo cual hace más problemática la situación.
Analizando la situación laboral encontramos que entre los desocupados el 75 % responde que «no hay oferta laboral» y el 25 % que no lo consigue por una enfermedad que posee. La tabla de ingresos mensuales del quequenense establece: ingresos superiores a 50 mil pesos el nueve por ciento. De 30.000 a 40.000, el 8 %, 20.000 a 25.000 el veinte por ciento. De 1.000 a 5.000 el 23 %, y el resto se ubica en la franja que gana entre 10.000 a 20.000 pesos.
Un 30 por ciento de acuerdo a los datos del Indec de la “canasta básica alimentaria” (marzo del 2018) se encuentra en situación de indigencia o al límite de ella, cerca del veinte por ciento son pobres. Es decir, la mitad de la población de Quequén vive en situación de precariedad y vulnerabilidad.
La principal preocupación del vecino sigue siendo la falta de empleo, superando a la inseguridad, aunque este último flagelo ha crecido en las estadísticas desde los últimos veinte años.
El 57 % de las viviendas posee dos habitaciones, el 23 % una sola el 17 cuenta con tres, tan sólo el dos por ciento tiene cuatro y solamente el uno por ciento cinco habitaciones. El quince por ciento vive en lugares de hacinamiento crítico.
El mayor abandono escolar se ubica en la franja de los 15 y 17 años, mientras que un once por ciento no completa el nivel primario y tan sólo lo completa el 16 %, siendo la cifra altísima de abandono de escuela secundaria por diferentes motivos, el 72 %.
En el setenta por ciento de los hogares no hay niños, el 17 posee solamente un hijo, el 6,9 dos y menos de un por ciento cuatro.
Es buena la cifra de los adolescentes que asisten a algún club como barrera de contención el 50 %, siendo más alto que este dato el porcentaje de niños que almuerzan en comedores escolares o en aquellos lugares que brindan ayuda alimenticia semanal.
La mayoría de la población sin cobertura de obra social recurre a la medicina privada, valoriza en alto grado el trabajo en los centros de salud, y aún con críticas de atención en circunstancias diversas, pondera al hospital «José Irurzun».
Nos podríamos llenar de mayores análisis y radiografía de la realidad de aquellos que viven en Quequén, debemos aportar más que ideas sino acciones profundas cuando los números nos devuelven esta realidad, que tiene décadas, a veces se profundizan con los problemas económicos, y otras veces intentan maquillarse para la ocasión.
Quequén tiene la misma problemática que el distrito, a veces se dimensiona la misma y en otras oportunidades el juego político chiquito les envía sonidos dulces a los oídos de sus habitantes, es una pieza codiciada a la hora de las elecciones, hecho repetido en toda su existencia.
No es intención de echar culpas porque a veces generalizar es equivocarse, simplemente vernos en el espejo, dejar de lado ideologías y mejorarle la calidad de vida al vecino día a día, sabiendo que ningún lugar es un iceberg. Estamos inmersos en un país y sus circunstancias, con situaciones que arrastramos desde hace décadas, Quequén no escapa de este contexto, aunque da la impresión que éstas suelen golpearle más fuerte.