Quequén, su presente en un nuevo aniversario
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«La gente en los pueblos pequeños,
más que en las grandes ciudades,
comparten diariamente su destino»
Richard Russo.
Nacida en el partido de Lobería con fecha de fundación incierta, luego del estudio de algunos hechos históricos se da, muchos años después, el 3 de agosto de 1854 como día y año referencial como dato cierto. Fue anexada a nuestro distrito por el decreto ley 9.327, del 22 de mayo de 1979, por el entonces gobernador militar de la provincia de Buenos Aires, Ibérico Manuel Saint Jean. Es un centro poblacional de alto raigambre peronista y, al momento de las elecciones sigue siendo una localidad amada por unos y vilipendiada por otros.
A orillas de la margen izquierda del río que le ha prestado su nombre, Quequén ha sido La Cenicienta en un pasado de Lobería y de Necochea hasta hace poco, porque en estos tiempos ha encontrado su príncipe imaginario y está teniendo un desarrollo turístico en su frente costero que hace temblar a las siete pobres cuadras del frente marítimo urbanizado de Necochea. Este notable desarrollo contrasta con el resto de la localidad que, sin querer estigmatizarla sufre las consecuencias de su histórico pasado.
El miércoles 15 de agosto de 2018, Ecos Diarios daba a conocer una encuesta sobre Quequén, realizada por profesionales con apoyo del Estado que visitaban diferentes hogares con el objeto de evaluar las condiciones de vida para luego poder planificar, algo que quedó a mitad de camino, como tantas planificaciones hechas con anuncios pomposos que disminuyen a poco andar. Se integró un grupo denominado “Investigación Social y Cultural” con sede en la Delegación de Quequén, para avanzar luego del Censo de 2010 que abarcaba todo el distrito necochense pero, sin demasiados datos de Quequén.
Pareció sorprender a quienes realizaban la tarea, pero para el vecindario era simplemente algo ya conocido. Constataron la realidad de hacinamiento, precariedad, serias dificultades laborales y un crecimiento constante de los planes sociales donde convergen los realmente necesitados que hay que ayudar socialmente, los que viven alejados de la cultura del trabajo, los que se sienten cómodos en tal situación notándose algunas auditorias que fallan a la hora de constatar cada situación.
En Quequén el 50,5 % son varones y el 49,5 mujeres, según último censo. En el 75 % de los hogares no hay niños; en el 17 % uno solo; en el 7 % dos y apenas el uno por ciento más de tres; lo mismo sucede con los adolescentes en el 72 % de los hogares no hay presencia de ellos, en el 18 % uno solo; en el 6 % hay dos y en menos del uno por ciento cuatro o más.
Es preocupante la deserción escolar, estimándose que un once por ciento no completa la escuela primaria, un 17 % la finaliza y un alto porcentaje estimando en el 70 % no culmina la secundaria; aduciendo, quienes abandonan tempranamente la escuela que simplemente no les gusta el colegio. Apareciendo a temprana edad el ocio que suele golpear a una familia, sin la exigencia de buscar un trabajo o «changa» son datos más que preocupantes en el contexto nacional como la falta de comprensión de texto y la imposibilidad de responder intelectualmente a las tareas estudiantiles exigidas.
Es muy alta la cantidad de niños que asisten a los diversos comedores escolares o a aquellos lugares que brindan contención alimentaria teniendo además una mayoría de la población sin cobertura de obra social, lo que ha sumado la actividad en los diversos centros de salud y en el hospital «José Irurzun».
Lo que sucede en Quequén con el tema educativo es un símil de muchos lugares de la provincia de Buenos Aires, cercanos a las zonas más marginales del conurbano bonaerense.
El momento de Quequén no escapa al contexto general
Conseguir datos estadísticos no es materia simple, no porque se escondan en cajas fuertes sino porque entre los males endémicos que tenemos es la falta de una radiografía exacta de diferentes temas, el no saber a ciencia cierta cómo está la realidad hace muy escasamente posible abordar soluciones.
Quequén cuenta con una desocupación que supera lo normal, estaría rondando el 25 %. La tabla de ingreso mensual del quequenense establece que sólo un diez por ciento de su población estaría en la franja denominada «clase media», oscilando sus ingresos familiares ( esposa con trabajo) entre los 300 y 400 mil pesos; en la mitad de estos ingresos se ubicaría otro diez por ciento de la población; un 20 % superando los cien mil pesos y el resto, que tiene trabajo menor a esta cifra un 30 % y un alto porcentaje de indigencia.
El desempleo y la inseguridad son las dos grandes preocupaciones del habitante, esto último ha crecido estadísticamente en los últimos 20 años.
El 57 % de las viviendas posee dos habitaciones; el 23 % una sola; el 17 % cuenta con tres habitaciones, tan sólo el tres por ciento tiene cuatro habitaciones, el 15% por vive en lo que podemos denominar «hacinamiento crítico». Quequén creció anárquicamente, sin planificación, por eso muchos de sus terrenos e incluso viviendas no cuentan con regularización legal y el nivel de pago de tasas municipales ha crecido en el último año, aunque se mantiene muy bajo, sin superar el 30 %.
Un Estado que debe estar presente, ante reclamos que tienen legitimidad
El estado de las calles, limpieza del lugar, embellecimiento turístico, seguridad, salud, mejor iluminación, cloacas, mejoramiento de la calidad de vida de la gente es el mismo reclamo que se realiza en la mayoría de las ciudades de la provincia de Buenos Aires.
En los últimos tiempos es justo decirlo que se avanzó en la instalación de cloacas, algo que venía de la anterior administración, y en un trabajo de conexión de nuevas redes en la zona del barrio Estación Quequén y Puente Colgante. En los últimos días se abrió el proceso licitatorio para arreglar diversas calles y obras de bacheo, notándose un avance en tal sentido, con el personal de Obras Públicas y Obras Sanitarias haciendo sus respectivos trabajos.
Una obra que es fundamental que se lleve a cabo su pronta realización es la de la planta de tratamiento de efluentes cloacales, una millonaria inversión necesaria para terminar con la contaminación de toda la playa de Quequén con la lógica consecuencia que esto acarrea. Esto también debe tener la prioridad del caso y que nuevamente no sea el eje de promesas electorales.
Imprescindible
Es volver a unificar las dos orillas de Quequén y Necochea han pasado 42 años de la caída del puente carretero en la zona del puerto y no se han levanto siquiera los escombros. Algo que debería poner al rojo de vergüenza a muchos políticos prometedores del nuevo puente «Ezcurra» y al actual presidente del Consorcio de Gestión del Puerto. Una cifra poco significativa para la Provincia la que se da el lujo de pagar el viaje de egresados.
Si evaluamos la importancia de su construcción, no es pretensión ni tiene sentido hacer historia y cargarle la cuenta a los que ya fueron, pero si, no dejar de reclamar a los responsables de hoy por aquello que una catastrófica inundación se llevó rompiendo una cadena comercial y social que se mantenía a través de esa vía de comunicación entre las dos márgenes y quienes no conocieron esa realidad, porque vinieron ayer, son meros ignorantes del pasado de ese sector del puerto.
Esperamos de un proyecto sobre la incendiada estación de trenes, pensada en su momento como un Centro Cultural, darle difusión a un lugar a visitar como El Faro, y tener siempre en mente la posibilidad de inversiones en tierras con vistas al mar, envidiables en cualquier país costero.
Claros y oscuros, en este nuevo aniversario de Quequén el próximo miércoles 3 de agosto. Para el quequense el vaso está medio lleno para el optimista y medio vacío para el pesimista. Esta sería la metáfora cuando objetivamente hace un balance está con ese vaso a medio llenar. No es consuelo ni intenciones comparativas, no es propiedad de Quequén, parece repercutir mucho más porque la gente históricamente se vio afectada por diferentes circunstancias, esa realidad no escapa a la generalización de muchas ciudades del país que sufren lo mismo, reclaman parecido y también se ven con mucha esperanza.