Quequén, un paisaje que atrae por lo agreste y natural
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Se ha convertido en un destino turístico para los que buscan tranquilidad
El sector de la playa de Quequén está en permanente expansión desde hace varios años y, en este espacio que aún conserva su encanto natural, con playas agrestes y un entorno verde, se han ido incorporando numerosas viviendas particulares y edificios.
El movimiento turístico es cada vez mayor y a los veraneantes de toda la vida se suman los jóvenes deportistas que buscan buenas olas para surfear.
Estos cambios han venido acompañados de una mayor oferta de servicios, tanto en lo que hace a la zona de balnearios, como en lo gastronómico, con bares y restaurantes para todos los gustos.
De alguna manera se ha logrado amalgamar la parte histórica con los antiguos chalets ubicados en los alrededores del ex hotel Quequén y, a partir de ahí, se advierten modernas construcciones que se prolongan a lo largo de la avenida costanera hasta unirse con Bahía de los Vientos.
Quequén que en sus orígenes fue un selecto balneario donde veraneaban tradicionales familias de la sociedad porteña, hoy está posicionado entre los principales destinos turísticos por lo agreste de su paisaje y la tranquilidad de sus playas.
Todavía conserva su aspecto de villa, con calles de tierra de traza irregular y un entorno verde y natural, aunque la pavimentación de la avenida 502, hace unos años, y el ordenamiento del tránsito, facilitó el acceso a los complejos de balnearios, bares y restaurantes.
Servicios
Desde la Escollera hacia el sector de Bahía de los Vientos hay muy pocos servicios, tras varios intentos de licitar la concesión del Balneario El Quequén, que funcionara años atrás, hay una gran franja de playa libre hasta llegar al Club La Virazón, un sector de uso privado. Luego se encuentra el camping y balneario Monte Pasubio, el inactivo complejo La Hélice y tras atravesar el sector conocido como Pinocho, las playas comienzan a ser más rocosas, con barrancos que dificultan el acceso del público.
Hay quienes consideran que es necesario un proyecto turístico, en el que todos se comprometan para crecer como lo han hecho otras ciudades de la costa Atlántica y existen proyectos de condominios y barrios cerrados que vendrían a incorporarse a los construidos.
Una de las aristas fuertes de Quequén son las actividades deportivas, como el surf, que han hecho trascender internacionalmente el nombre de estas playas y, durante todo el año, se puede encontrar cultores de ese deporte de todas partes del mundo.
Hay familias que tradicionalmente veranean en Quequén y eligen este lugar porque no está densamente poblado y es tranquilo.
Los comerciantes del sector playas de Quequén apuestan a seguir creciendo y, en los últimos años, es notable la cantidad de locales gastronómicos que se pueden encontrar con una variada carta.
Recuerdos
Para muchos turistas estas playas guardan recuerdos de tiempo compartido con la familia, hay quienes vienen desde niños y hoy traen a sus nietos, se consideran como una gran familia.
Sin embargo, para muchos quedó la idea que es un balneario VIP porque ha sido el lugar elegido por tradicionales familias porteñas que se hospedaban en el Hotel Quequén y luego hicieron construir sus casas de veraneo.
Precisamente, de este grupo selecto nació la idea de crear un espacio donde reunirse y que estuviera dotado de servicios, tras la desaparición de la Rambla de madera donde habitualmente veraneaban.
A tal efecto se creó una comisión organizadora y se confeccionó una lista de posibles socios fundadores, luego de varias gestiones ante el municipio de Lobería, al que pertenecía por entonces, y finalmente un 24 de enero de 1970 inauguró su primer edificio de madera.
Tras un devastador incendio acaecido el 1 de diciembre de 1971 tuvieron que reconstruir las instalaciones del club que luego tomó la actual fisonomía, con un restaurante, amplia terraza, administración, otras comodidades y unidades de sombra a las que tienen acceso exclusivo sus asociados.
Allí se reúnen cada verano integrantes de las familias Achával, Degreef, Virasoro, Santamarina y Agote, entre muchos otros que comparten su amor por este lugar y traen un poco de su glamour con sus elegantes atuendos y sus clásicos sombreros para resguardarse del sol.///