Rápidos e imprudentes
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La velocidad es uno de los principales factores de riesgo a la hora de conducir un vehículo, pero con pararse en cualquier esquina de la ciudad se puede comprobar que muchos conductores no conocen las más elementales leyes de la física o no les interesa su integridad física ni la de las personas a su alrededor
Los accidentes de tránsito son una de las principales causas de muerte y lesiones en todo el mundo. En Necochea la cantidad de accidentes es alarmante, aunque, a pesar de la creación de un observatorio vial, no hay estadísticas.
Tampoco las hay a nivel provincial, pese a que en 2021 la Subsecretaría de Transporte bonaerense anunció con bombos y platillos el lanzamiento de un mapa interactivo que mostraría la cantidad de accidentes en cada distrito bonaerense. Hoy ese mapa se encuentra inactivo.
Mientras, la Dirección de Estadística Vial de la Dirección Nacional de Observatorio Vial dio a conocer días atrás un informe sobre accidentes en el territorio nacional.
De acuerdo a este informe, en 2022 hubo en el territorio de la provincia de Buenos Aires 3.415 accidentes y 3.828 víctimas fatales.
En Necochea se registraron varios accidentes fatales durante 2022, muchos de ellos no deberían ser siquiera denominados de esa forma ya que fueron producto de la imprudencia de alguno de los protagonistas.
En ese sentido, aunque existen diversas causas para estos accidentes, muchos de ellos se deben a la falta de comprensión de las leyes de la física que rigen el movimiento de los vehículos y su interacción con el entorno.
Primero, es importante entender que los vehículos en movimiento tienen una cantidad de energía cinética que aumenta con la velocidad.
Cuanto mayor sea la velocidad del vehículo, mayor será su energía cinética y, por lo tanto, mayor será el daño que puede causar en caso de un accidente.
Por lo tanto, la primera ley de la física que debemos aprovechar para evitar accidentes de tráfico es la ley de la inercia, que establece que un objeto en movimiento tiende a mantener su estado de movimiento hasta que una fuerza externa lo detiene o cambia su dirección.
En otras palabras, si un vehículo está en movimiento a una velocidad alta y se encuentra con un obstáculo, como otro vehículo o un peatón, la energía cinética del vehículo puede causar un daño significativo.
Para evitar esto, es esencial que los conductores reduzcan su velocidad al acercarse a zonas concurridas, como intersecciones, pasos de peatones o áreas escolares.
Aunque el consejo parece una obviedad, basta pararse unos minutos en cualquier esquina de la ciudad para darse cuenta de que muchos conductores no comprenden esta ley física o no les interesa en lo más mínimo su propia integridad física o la de los demás.
Velocidad y distancia
Los usuarios más vulnerables de la vía pública son quienes se encuentran mayormente expuestos a las consecuencias físicas de la velocidad, debido al impacto por parte de un vehículo, aun cuando el mismo no sea conducido a velocidades necesariamente excesivas.
Asimismo, la conjunción del exceso de velocidad con otros factores de riesgo vinculados al comportamiento de las personas (como la conducción bajo los efectos del alcohol o drogas, la falta de uso de elementos de seguridad vial o la presencia de factores de distracción), puede incrementar la probabilidad de ocurrencia de siniestros viales fatales.
Lo mismo puede suceder ante la presencia de otros factores como los climáticos o el mal estado de la calzada.
Si bien existe una variedad de factores a tener en cuenta sobre los efectos de la velocidad en la conducción, aquel de especial importancia es el incremento en la distancia de detención.
La misma es igual a la suma de la distancia de reacción (espacio que se recorre hasta pisar el pedal de freno), más la distancia de frenado (espacio recorrido durante la frenada del vehículo).
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Distancia de detención (DTT)= distancia de reacción (DTR) + distancia de frenado (DF).
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Distancia de reacción: Una velocidad excesiva reduce el tiempo de reacción de la persona conductora del vehículo y aumenta los metros recorridos desde el momento en el que detecta el peligro hasta su reacción.
Distancia de frenado: El exceso de velocidad no solamente reduce el tiempo de reacción del conductor/a, sino que también aumenta la distancia de recorrido hasta que decide accionar el pedal de freno. Es decir que la distancia de frenado se prolongará porque la misma está determinada principalmente por la velocidad a la que se circula, aunque también puede verse afectada por la masa del vehículo, la carga que lleve y su colocación; el estado de los frenos, los amortiguadores y los neumáticos; las condiciones de la vía (mojada, seca, etc.); la existencia y funcionamiento de dispositivos electrónicos de asistencia de frenada, entre otros.
Dadas las leyes de la física, la distancia de frenado del vehículo está directamente relacionada con la velocidad al cuadrado, por lo tanto, cuando se duplica la velocidad de circulación, se cuadriplica la distancia de frenado (detención total del vehículo), a lo que se le adiciona la distancia recorrida durante el tiempo de reacción.
Así, la posibilidad de evitar colisiones se reduce cuando la velocidad aumenta, dado que unos pocos kilómetros por hora por encima del límite máximo permitido inciden notablemente en el incremento de la distancia de detención.
Al circular por una calzada seca a 50 km/h, antes de reaccionar se recorren aproximadamente 14 metros (distancia recorrida durante un tiempo de reacción de aproximadamente 1 segundo) y 27 metros antes de que el vehículo se detenga por completo a tiempo para evitar una colisión.
Un incremento de la velocidad del vehículo hasta los 65 km/h ya imposibilitaría que el recorrido durante el tiempo de reacción y frenado alcance para evitarla, causando un impacto a 30 km/h. A mayores velocidades, la distancia recorrida y el impacto de la colisión aumentan aún más.
Bajar la velocidad, salva vidas
El estado del pavimento y el tipo de calzada influyen también en la distancia de frenado. Una vía de circulación que se encuentra mojada precisará una distancia de frenado mayor en comparación a una seca, haciendo que, por ejemplo, una persona que conduce a 60 km/h necesite alrededor de 46 metros para detenerse, 10 metros por encima de la distancia necesaria para detenerse a la misma velocidad cuando la calzada está seca, lo cual equivaldría a la distancia de frenado conduciendo a 70 km/h en una calzada seca.
En el caso de una ciudad de Necochea, estos 46 metros quedar directamente en la zona de impacto, es decir en el medio de la intersección de dos calles.
Son muchos los estudios que dan cuenta de la relación entre velocidad y riesgo de siniestralidad vial, siendo uno de ellos el “Modelo de energía” de Nilsson.
De acuerdo a este modelo, el aumento de la velocidad promedio en un 5% lleva a un aumento aproximado del 10% en las colisiones de vehículos con lesionados y a un 20% de incremento en las colisiones fatales.
Asimismo, una reducción de la velocidad promedio del 5% llevaría a una reducción del 10% de los siniestros con lesionados y del 20% en siniestros fatales.
Por otra parte, la velocidad del vehículo al momento del impacto se relaciona directamente con la gravedad de las lesiones o fatalidad de las víctimas. A mayor velocidad, mayor es la cantidad de energía cinética que debe absorber el cuerpo humano por el impacto.
Como efecto, entonces, las posibilidades de ocurrencia de lesiones graves se incrementan, especialmente para los usuarios vulnerables que son expuestos a límites por encima de la tolerancia humana.
Así, por ejemplo, en el caso de un peatón la probabilidad de muerte por atropellamiento de automóvil aumentará fuertemente a mayor velocidad de dicho vehículo.
De esta manera, se observa el vínculo estrecho existente entre la velocidad y los traumatismos (graves y leves) y las muertes. Se estima que la velocidad está presente en cerca de un tercio de los fallecimientos por siniestros viales en países de ingresos altos y en casi la mitad para países de ingresos bajos y medianos. Ante esta situación, cabe mencionar que tan solo reduciendo 1 km/h la velocidad media de circulación ayudaría a reducir entre el 2% y el 3% del número de siniestros con heridos.///
Más datos
A partir de datos aportados por Vialidad Nacional en base a radares de velocidad ubicados en 1.065 puntos de observación de rutas nacionales durante el período 2015-2017, el Observatorio Vial de la ANSV pudo determinar que en los vehículos de gran porte fue donde se observó menor cumplimiento de los límites permitidos de velocidad: el 47% de vehículos de transporte de larga distancia superaba la velocidad máxima correspondiente para la vía (90 km/h), mientras que lo mismo ocurría con el 44% de los camiones (80 km/h), contra el 23% en el caso de quienes conducían automóviles.
Por su parte, un estudio elaborado por la Dirección de Investigación Accidentológica de la ANSV(16) realizado en base a una muestra de 168 siniestros viales graves y/o fatales relevados en rutas nacionales y provinciales de todo el territorio argentino en el año 2016, constató que en el 3% de ellos la causa probable se correspondía con el exceso de velocidad.///