Reavivar el espíritu barrial
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Un reciente relevamiento de Ecos Diarios determinó la tácita desaparición de la mayoría de las entidades vecinales, que en años anteriores impulsaran el crecimiento de los distintos barrios.
La disolución o debilitamiento de estos centros de fomento, en los cuales actualmente, sus participantes se cuentan con los dedos de una mano, tal vez sea la consecuencia de un cambio generacional, siendo difícil aunar esfuerzos en pos de mejorar y lograr que crezca el lugar en el que se vive.
Es probable que se trate de una cuestión que alguien la pueda calificar de menor, pero esta falta de compromiso vecinal a la larga termina afectando al conjunto de la barriada. Las demandas, reclamos e ideas no se generan grupalmente y pronto se desvanecen, ante la falta de un liderazgo y trabajo colectivo.
Existen varios ejemplos de iniciativas y expresiones de deseos a través del entusiasmo de uno o dos vecinos que contagian al resto y que logran algunos adelantos para el barrio, en muchos casos tomando a cargo el papel que debería desenvolver el municipio en cuanto a mantenimiento y arreglos de la vía pública.
Con el paso del tiempo, y cuando alguno de los líderes de estos movimientos decide dar un paso al costado, cansado de tanto esfuerzo o por cuestiones personales, los proyectos quedan anulados de un día para otro.
Esta conducta no es sólo propia de las asociaciones vecinales, sino que también se repite en instituciones intermedias, deportivas o cooperadoras, que hoy tampoco cuentan con demasiados postulantes. Las entidades que tiempo atrás llegaron a estar nucleadas a través de una federación hoy sólo son un recuerdo quedando expuesta la falta de compromiso de los vecinos que se alejan de cualquier participación colectiva.
Vista la situación, también es evidente que no ha existido una transmisión a las nuevas generaciones acerca del valor de pugnar en conjunto por el progreso del barrio. Es así que no se produce la renovación y por ende las entidades terminan disolviéndose.En torno a estos comportamientos grupales, que aún están en pie, se nota un buen condimento de solidaridad, de cierto despojo individual para trabajar por una meta colectiva, que sería interesante fomentar en los más jóvenes, para la continuidad de un trabajo que debe permanecer en el tiempo
De esta participación, casi olvidada, surgen algunas excepciones en los barrios, tal es el caso de quienes viven en la ribera del Quequén, sobre el camino al paraje los Manantiales que con gran entusiasmo y esfuerzo vienen manteniendo en excelentes condiciones un paseo envidiado por otras localidades, logrando un entorno pintoresco para vivir y disfrutar diariamente del «canto” de la naturaleza; el de Luz y Fuerza o Los Tilos, por citar dos más, son otros ejemplos para imitar en los cuales los residentes se preocupan por mantener y mejorar el frente de sus viviendas, o bregan por tener en el mejor estado posible los espacios compartidos.
En estos casos prefieren hacer lo suyo y no esperar demasiado de un Estado que elude en este tema sus obligaciones para los contribuyentes.