El sueño de la casa propia
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De un barrio ubicado entre las calles 108, 110, 79 y 83. La mitad de los inmuebles pertenecen a integrantes de “Mujeres por la vivienda digna”, gestoras de esta concreción con fondos de la Provincia
“Siento que hoy tocamos el cielo con las manos, dejamos diez años de lucha de ilusiones atrás y tenemos nuestra casa”, sentenció a Ecos Diarios con suma emoción Soledad Cardozo, presidenta de la asociación “Mujeres por la vivienda digna”, una de la flamantes propietarias de una de las 40 unidades que conforman el barrio construido entre las calles 108, 110, 79 y 83.
Ayer, los 40 dueños de las viviendas, la mitad de ellos mujeres de la asociación y en su mayoría jefas de familia, recibieron las llaves y muchas de ellas fueron presurosas al barrio, e incluso hicieron la mudanza de muebles y pertenencias, a pesas que aún no cuentan con los medidores de gas y luz.
Una pugna de años
Con la imperiosa necesidad de tener la casa propia, cuestión que embarga a no menos de 2.000 familias en Necochea, un grupo de mujeres se unió en 2009 bajo el ala de la CTA autónoma local, en busca de no bajar los brazos en pos de llegar al techo propio.
No corrían por entonces buenos tiempos, ya que varios de los barrios federales iniciados en Necochea y Quequén por el gobierno kirchnerista quedaron en el camino, generando usurpaciones y destrucción; frustrando las ilusiones de cientos de ciudadanos.
“Usurpar no era nuestra lucha, por eso no lo hicimos y preferimos hacerlo con el apoyo del Estado y como justamente dice el nombre de la asociación, que sea dignamente”, se ufana Vanesa Saldaño Slamon, una de las beneficiarias.
Lejos de amilanarse, el grupo de mujeres siguió adelante, aunque en los primeros tiempos las cosas no se dieran. “Algunas nos cansamos de chocarnos con puertas cerradas y terminamos alejándonos un tiempo, pensando que no lograríamos el objetivo…” recordó Soledad.
Sin embargo en 2015 el destino les sonrío con la firma del convenio con el Instituto de la Vivienda de la Provincia de Buenos Aires para la construcción de 40 unidades, que la empresa Aliva levantó en el término de dos años y medio.
Las viviendas están emplazadas en terrenos de 10 x 30, con cocina comedor, baño, lavadero y dos habitaciones, mientras que el garaje es abierto y compartido con el vecino.
Las mismas deben ser alistadas con cocina, calefactores y termotanques, entre otro equipamiento.
Tiempos felices
Ayer por la tarde la fisonomía del barrio empezó a cambiar. Autos estacionados frente a los domicilios, que aún no tienen numeración, risas y bullicio se mezclaron con más de un grupo familiar llevando sus cosas para pernoctar en su nuevo hogar. La intensa lluvia, que anegó en parte las calles de tierra no hizo mella en el buen ánimo de los flamantes dueños de casas.
“Sucede que todas veníamos alquilando o viviendo en casas de nuestros padres, a veces en lugares incómodos”, apuntó Cardozo ante este esperado cambio de vida.
Si bien el plan de pago de los inmuebles será en cuotas accesibles y durante 15 años, aún no se ha informado a los propietarios el valor que deberán abonar. Si se sabe que el sistema será a través de chequeras proporcionadas por el Instituto de la Vivienda.
Lejos de preocuparse, en lo inmediato tramitarán la instalación de los medidores de gas y luz, servicio que sí existe en la vía pública.
Mientras tanto ya planifican un festejo en el barrio, cuando todas se hayan instalado en sus propiedades, y entre los proyectos en un tramo de tiempo más largo, figura la construcción de una plaza en terrenos inmediatos al barrio.
Una sola inquietud han manifestado los nuevos residentes y tiene que ver con la inseguridad que les provoca residir en un sector por ahora semi aislado –a tres cuadras se encuentra la calle 106, por la que transitan los ómnibus urbanos- y para ello la asociación viene tramitando, desde que finalizó la construcción de las casas, la instalación de un perímetro protector en la manzana que les corresponde, ya sea de bloques de hormigón, o en última instancia una alambrada. “Una manera de sentirnos un poco mejor protegidas”, citaron.
Integrantes del grupo hicieron gestiones ante el Ejecutivo y plantearon el tema a ediles que integran la comisión de Salud y Desarrollo Social del Concejo Deliberante, aunque aún no han logrado respuestas concretas.
Por ahora el grupo vive la felicidad de estar bajo el techo propio, “algo que en estos tiempos tiene un valor impresionante. Es el legado que toda persona quiere brindarle a sus hijos”, enunciaron integrantes de la asociación en una jornada personal que seguramente nunca olvidarán.
Otros objetivos
Si bien todos los esfuerzos estuvieron concentrados en los últimos tiempos en la concreción del barrio, para el que resta designarle un nombre, la Asociación Mujeres por la Vivienda Digna tiene otra misión: gestar fuentes de trabajo.
Es que varias de sus integrantes no cuentan con una labor estable, que les será fundamental para afrontar las cuotas de las casas y para tal fin han previsto tareas por el sistema de cooperativas, entre ellas una textil para poder proveer de blanquería al hospital municipal “Emilio Ferreyra”.
Soledad Cardozo destacó que “ya contamos con las máquinas y nos hemos capacitado, a la vez que el Consorcio de Gestión de Puerto Quequén nos ha prometido el respaldo para obtener la materia prima. Intentaremos ponerlo en marcha en breve”.
La entidad, que posee personería jurídica, cuenta con algunas decenas de socios y voluntarios que colaboran.///