Recuerdos de la infancia
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Hoy, se celebra el Día del Niño, y personas conocidas de nuestra ciudad recordaron sus juguetes preferidos, aventuras con amigos, momentos que siguen presentes en su memoria.
Hoy, se celebra el Día del Niño, fecha dedicada a los más pequeños, promoviendo sus derechos y su bienestar general. Se trata de agasajar en este día a quienes representan el futuro de nuestra sociedad. En la jornada, se acostumbra regalar juegos, juguetes, dedicándoles toda nuestra atención y amor. Es tan importante esta primera infancia, a tal punto que todo lo que el niño reciba sea desde el plano educativo, alimentos, afecto, etc, será lo que lo formará en un adolescente saludable y luego en un adulto sano. A diferencia de hace 40 años atrás, cambiaron mucho las costumbres, los chicos no se atrevían a pedir regalos, sino que recibían lo que les obsequiaban. En cambio hoy en día, con las propagandas y el acceso a la información que tienen los niños desde edad muy temprana, miran publicidades, eligiendo sus juguetes preferidos.
Hay padres que quieren comprarle todos los juguetes que aparecen, porque ellos no tuvieron esa posibilidad, y están quienes priorizan más los vínculos, el hecho de compartir momentos juntos sin hacer tanto hincapié en las novedades de la juguetería. Aunque no se puede negar que recibir un obsequio en su día, les provoca una sonrisa en sus caritas.
A continuación, recuerdos de personas que vivieron diferentes épocas cuando eran niños. Un paseo por sus infancias, los juegos en la vereda, la importancia de los clubes, y sus juguetes predilectos.
El médico Ariel González, nacido en el pueblo Salazar, en la provincia de Buenos Aires, pasó una niñez muy feliz, junto a sus hermanos y primos, con los que jugaba en el barrio, andaban en bicicleta, jugaban al fútbol y cazaban pajaritos, lo que era toda una aventura. También hacían pozos como si fuera una trinchera, a la que le ponían escalera, techo, chimenea y era su guarida.
Estando tan entretenidos, las horas pasaban, hasta que alguna mamá salía a la calle y pegaba el grito a alguno de ellos, para que terminara el juego por ese día.
“Antes teníamos camioncitos, autitos de plástico, algún juego didáctico, pero no pasaba de ahí, no eran tiempos de “vacas gordas”, y no había grandes despliegues en los regalos y era muy extraño pedir una bicicleta”, mencionó.
Al mismo tiempo reconoció que antes eran fabricadores de juguetes, detallando que “en los autos de plástico los cargábamos de piedras y el que volcaba, iba al fondo, y asi recorríamos las calles del pueblo”.
Por otro lado, recordó que se tenía mucho respeto al momento de almorzar los días domingo, y concurrían a la casa de la tía o de la abuela.
En cuanto a los juguetes que recibían por el día del niño, opinó que “tener un fútbol Nº 5 era una exquisitez y nos traían una para los tres y se compartía. Además, recuerdo una sola bicicleta que me regalaron en mi niñez”.
Actualmente, Ariel tiene un nieto de 2 años y medio, pero teniendo en cuenta la opinión de los padres del pequeño, no le hace regalos en cada encuentro. “El regalo es la presencia y los padres bregan por eso. Con mis hijos no recuerdo haber hecho regalos estrepitosos, pero hoy es más accesible comprar un juguete”, señaló.
El artista plástico, Hernán Ricaldoni, como padre coincidió en el sentido, de que no estimulan la compra de juguetes constantemente a su hija de 7 años.
“Si bien ella espera recibir un regalo y seguramente tendrá su obsequio, reforzamos mucho más la idea de trasmitirle valores y que su niñez sea lo más feliz posible. De esta etapa todos tenemos recuerdos y un regalo para un niño siempre es estimulante”, comentó.
Ricaldoni tiene recuerdos de juegos en solitario o con amigos con los que armaban equipos, jugaban y competían.
Asimismo puntualizó que “de niño tenia una colección pequeña de playmobil, pero terminaba jugando con cosas simples y los recuerdos más grandes son con ese tipo de juegos que yo podía hacer de forma creativa, en contacto con la naturaleza, la tierra, pintando o juntando palitos”.
Tesoros guardados
Eugenia Quagliaroli, actual presidente del Centro Residentes de la Emilia Romagna en Necochea, tiene intacto un recuerdo en su memoria: su muñeca articulada, regalo que le trajo su padrino desde Buenos Aires.
“Era toda una novedad, me acuerdo que daba pasitos y después de jugar, mi mamá la ponía sobre la cama porque había que cuidarla”, señaló.
Al igual que Ariel y Hernán, Eugenia destacó la libertad que tenían jugando en contacto con la naturaleza.
“Tuve una infancia bien de barrio, teníamos una casa en 75 entre 50 y 52, cuando todavía había muy poco edificado, era calle de tierra y teníamos muchos amigos de la Escuela Nº 1, que con algunas mantengo una amistad y lo que más hacía era jugar a las escondidas, a la mancha, estatua y las nenas jugábamos a ser artistas, a la maestra y a la mamá”, detalló.
Al momento de hacer una comparación, entre la infancia de antes y la de ahora, opinó que hoy los chicos son un poco más exigentes, mientras que en aquellas época no se ocurría encargar un juguete, recibían lo que se podía regalar.
“Es natural y entendible que sea así ahora, los chicos quieren juguetes inteligentes y me apena que se note la diferencia con aquellos que no pueden acceder, es decir, antes todos teníamos los mismos juguetes en madera, goma o tela, no había mas artilugios. Lo más importante es que la infancia este protegida”, aseguró.
Eugenia Quagliaroli recordó con mucho cariño su etapa como estudiante de magisterio, donde a los alumnos del Colegio Nacional les tocaba preparar la fiesta del Día del Niño, a los chicos del departamento de aplicación, como se denominada antes la escuela primaria. “Era una especie de competencia a ver quién era más creativo, quién inventaba un mejor juego, un adorno más lindo para los salones y un pequeño regalo para los chicos”.
Por su parte, la inspectora de Educación Inicial, Patricia Rodríguez, al día de hoy conserva un tesoro muy importante: su muñeca que se sentaba, tenía
flequillo y dos colitas muy largas, que fue un obsequio de su papá cuando regresó de Buenos Aires.
“La muñeca la tengo muy cuidada, sobrevivió a mi hija que jugo con ella, además siempre fui cuidadosa con los juguetes”, dijo.
Patricia tiene hermosos recuerdos de su infancia en el Barrio Villa Mitre en Bahía Blanca, donde jugaba en la vereda y todas las nenas del barrio iban al mismo colegio, San Vicente de Paul.
“Las situaciones de juego se daban en la vereda, jugábamos a la casita, armábamos toda la situación con la cocina, las muñecas, el cochecito de pasear a la muñeca, que era muy atractivo en esa época”, recordó.
Además, enumeró que salieron los primeros muñecos dormilones y con las nenas se entretenían jugando a pintarse con maquillajes, esmalte de uñas, tacos, pareciéndose a la mamá.
Durante su infancia, la vida social y deportiva también transcurría en el club Villa Mitre, donde su hermano jugaba al basquet y ella aprendió a patinar.
Con respecto a la fecha y la difusión comercial que tiene, aseveró que “el regalo depende de lo que uno pueda hacer, en mi caso que trabajo con la primera infancia, el Día del Niño son todos los días, pero este es un día especial y me parece que cada uno tiene que lograr que cada niño se sienta especial y colaborar desde algún lugar”.
Patricia, tiene a sus hijos grandes pero todavía los sigue malcriando en el Día del Niño y les regala un presente. En tanto, Giovanni es el niño de la familia y será el más mimado en la jornada.
Es importante que cada uno como persona colabore con alguna institución, comedor, hospital o centro de salud para que todos los niños tengan igualdad de oportunidades y puedan tener un presente, una golosina o algo que los haga sentir especial en el Día del Niño.///
Regalemos tiempo, sobre todo…tiempo de jugar!
Profesionales de Génesis (*) – Colaboración
Nosotros, los adultos a veces tan ocupados, atareados, exigidos, llenos de compromisos y obligaciones, cuánto olvidamos lo dicho acerca de los niños en aquella canción de María Elena Walsh, que oíamos en nuestra infancia…
Los avatares de la vida nos ponen a menudo en un ritmo acelerado y lleno de contratiempos, que nos impide simplemente estar. Estar con nuestros niños, compartir momentos, palabras, relatos, miradas, comidas, lecturas, enseñanzas, recuerdos, risas, juegos, y todo lo demás.
Transitamos por la vida a veces corriendo, casi sin parar. Qué nos pasa a los adultos por momentos?, por qué nos cuesta tanto detenernos a escuchar, a mirar, a abrazar, a pensar con nuestros niños, a ser eco de sus voces, a expresar nuestro sentir, a guiar con cariño, a jugar y divertirnos con ellos. Qué pena no lo hagamos más seguido! Sería el mejor regalo que a nuestros niños les pudiéramos dar.
Hablar de niños es hablar de constitución, de desarrollo, de estructuración subjetiva; un niño es ante todo un psiquismo en estructuración, estructuración signada por otros, esos primeros otros que tienen un rol fundamental en el futuro armado subjetivo de ese niño.
Se dice del cachorro humano que no sabe nada, tiene un par de reflejos como el de succión y el de mirar, pero si no hay otro que pueda armarlo como lactante u ofrecer su mirada como timón, esos dos reflejos rápidamente van a desaparecer. Es decir, más allá de la satisfacción de las necesidades básicas hay algo que se va armando entre la madre y el bebé cuando lo mira, lo acaricia, lo sostiene, le habla que tiene valor fundante, que van a constituir a ese niño como sujeto humano.
«No hay yo sin otro», a partir del concepto de «sostén» Donald Winnicott señaló la importancia que tiene contar con un contexto estable y previsible para que alguien se integre y se convierta en persona. Frente al dolor, está la posibilidad de que otro acune, hable, cante, y lo insoportable se transforme en tolerable.
Entonces si pensamos en los niños su condición para serlo es la dependencia de un otro adulto, y no solo para la satisfacción de sus necesidades; sino una dependencia del deseo del adulto…»el niño es y será lo que el adulto le suponga ser».
Otra condición fundamental del ser niño es el juego. El jugar para el niño es tan necesario como comer o dormir, desde el juego es que el niño va estructurando su aparato psíquico, es a partir del juego que elabora y tramita situaciones conflictivas. Un niño que no juega, enferma; y si un niño no juega es que está enfermo.
En estos tiempos de inmediatez, liquidez, consumismo y productividad no hay espacio ni tiempo para el juego. Pero, el juego es el lenguaje del niño. A través de él se expresa, nos muestra, nos cuenta, se reinventa, imagina, elabora. Por qué despojar al niño de aquello que le es propio?, de aquello que lo define como tal. Los niños de hoy van creciendo al ritmo de una sociedad global y competitiva. Les exigimos una preparación absoluta para poder afrontar el futuro, y así llegar a ser adultos triunfadores y exitosos, imponiéndoles nuevas y pesadas cargas para prepararse. En el moderno oficio de ser niño, la agenda de los pequeños está repleta de obligaciones extra escolares, donde a veces no hay lugar para el tiempo libre, para jugar, para divertirse…Parece que la vida moderna ha cumplido el sueño del niño…“ser grande, crecer lo antes posible”. La infancia es una etapa hermosa y para poder disfrutarla no hace falta tanta prisa para crecer. Quitémosle el traje de adulto, por más disfraces de superhéroes, construir fuertes, hacer tortas de barro, atrapar mariposas, buscar formas a las nubes, construir, imaginar, soñar… dejarlos ser niños. Y como dice Oscar Wilde “el mejor medio para hacer buenos a los niños, es hacerlos felices”.
Una especie de fuerza hacia afuera hace que llevemos cada vez más a los niños a hacer actividades recreativas, de arte y de deporte fuera del hogar, en lugares especializados. Pero, será que los niños “quieren” tanto movimiento y tanto empeño?. Nos preguntamos siquiera por el deseo del niño?. En este devenir de ambulante, no olvidemos que nosotros, los adultos cuidadores, quedamos ejerciendo un rol de espectadores, acompañantes o choferes que llevan y traen niños de un lugar a otro. Todo esto acompañado a veces por un sin número de quejas, con agobio y agotamiento. Qué nos pasa que no estamos cuando los niños nos necesitan para mirar algo que hicieron, para escuchar algo que nos quieren decir, para acompañar en lo que les gusta, para instalar un límite adecuado?.
Pensar en la niñez en un contexto actual nos lleva inevitablemente a visualizar al niño frente a una pantalla o con un sinfín de juguetes que por todo lo que hacen, sólo le queda observar. Tiene la habitación llena de juguetes de todas las variedades pero se aburre de todos modos. El contexto ya ha dejado de ser un lugar de encuentro donde el estar era compartir, nada más ni nada menos, que la existencia de unos con otros, para pasar a ser un escenario distinto, menos poblado de presencia y en alguna medida, más habitado por lo virtual. Incluso a través de los medios masivos, la publicidad hoy instala cada vez más necesidades propias del adulto como “necesarias” para el mundo infantil. Está bombardeado de objetos e imágenes que se le imponen permanentemente. Pero si molesta, no duerme, no para, no responde a lo que la sociedad espera de él, rápidamente es etiquetado, encorsetado, deja de ser un niño para transformarse en un trastorno despojado de toda marca subjetiva.
Ellos, nuestros hijos, nuestros ahijados, nuestros alumnos, nuestros niños, nos necesitan mucho. Somos sus referentes, sus espejos. Con nosotros forjan su personalidad, su escala de valores, sus propios deseos, aspiraciones y vocaciones. Desde muy pequeños van construyendo, en el vínculo con cada uno de nosotros, una subjetividad en continuo desarrollo.
Acompañemos con amor su crecimiento, seamos cómplices de proyectos para que puedan llegar a realizarse en plenitud sus potencialidades. Seamos creativos a la hora de instalar ámbitos para el juego, el afecto, así como soportes de seguridad para que crezcan sintiéndose queridos y cuidados. Generemos espacios y momentos de bienestar que les permitan sentirse felices y tener sus propios deseos.///
(*) Centro Integral de Psicología
