Recuerdos de Necochea en cámara lenta
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Andrew Dávidházy vivió unos pocos años en Necochea, pero aquí comenzó a hacer sus primeras fotos. Luego dedicó tres décadas a la enseñanza de la fotografía técnica en Estados Unidos

A fines de junio se inauguró en el Centro Cultural una exposición de fotografías denominada “Lo invisible hecho visible”. Cada una de las fotos muestra el instante preciso en que la bala de un rifle atraviesa un objeto o inmoviliza el vuelo de un insecto.
Las imágenes, que sólo se pudieron tomar con una pericia técnica cercana a la ciencia ficción, pertenecen a un fotógrafo de nombre difícil: Andrew Dávidházy.
Sin embargo, detrás de la llegada de la muestra al Centro Cultural hay una larga historia que se remonta a los años 50, cuando un muchachito delgado y rubio, llegó a Necochea con su familia.
Entre los amigos que hizo aquel chico en Necochea se encontraba Juan Rizzi, quien siempre se mantuvo en contacto con Andrew y siguió su carrera fotográfica. Fue precisamente Juan quien insistía para que le enviara fotos para montar una muestra aquí.
Sesenta años después de la partida de Andrew hacia los Estados Unidos, Juan logró su objetivo y a fines de junio se inauguró la muestra en el Centro Cultural.
El evento disparó los recuerdos de Andrew Dávidházy sobre la lejana Necochea, una ciudad que aún ocupa un importante lugar en su vida.
Los días en Necochea
Fueron cuatro o cinco años en Necochea, pero según explica el propio Andrew, definieron buena parte de su vida. Aquí, en sus primeros años de adolescencia comenzó a interesarse en la fotografía.
La familia de Andrew llegó desde Hungría a la Argentina en 1948, al final de la Segunda Guerra Mundial.
Su padre trabajó como diseñador de lanchas para la Armada Argentina en Misiones durante dos años, mientras Andrew, su madre y sus hermanos permanecían en Buenos Aires.
Luego se mudaron a Necochea, donde su padre, con ayuda de un hermano, compró el Astillero Quequén, en inmediaciones del Puente Colgante. “Pero no tuvieron éxito y un par de años después abandonaron el proyecto”, explicó el fotógrafo, que en la actualidad reside en Honeoye Falls, en el estado de Nueva York, en el noreste de Estados Unidos, a pocos kilómetros de Canadá.
En su pequeño astillero Dávidházy padre construyó una clase de velero denominada Quequén. Luego, empezó a trabajar en el astillero Vanoli.
“Mi papá siempre decía que cuando llegaba un buque pesquero para hacer reparaciones los dueños pedían que yo fuera el muchacho a cargo de las reparaciones. De eso yo no me acuerdo”, dijo Andrew. “Pero tuve un muy buen amigo allí que era el trabajador que realmente sabía: Antonio Estergaard, que en estos momentos vive en Paraguay”.
Pero no sólo recuerda el astillero, para él “la ciudad era un ‘playground’ (patio de juego)”. Y en esos pocos años hizo varios amigos inolvidables, como Juan Rizzi, Aldo Menéndez y Emilio Hauri.
El muchachito húngaro concurría a la Escuela Nº 3, donde tuvo una maestra que aún recuerda: Mary Nielsen. “Sin duda tuvo un impacto muy positivo en mi vida si se tiene en cuenta que 60 años más tarde todavía la recuerdo y su ejemplo me guía”.
De sus años escolares en Necochea también recuerda a la señorita Gloria y a un profesor de apellido Luch, que en el primer año de la secundario le enseñó a revelar negativos y a hacer ampliaciones fotográficas.
Un fotógrafo de playa fue quien encendió la pasión de Andrew por la fotografía. “No recuerdo su nombre. Con toda su familia tomaban fotografías en la playa y hacían las ampliaciones. Yo al día siguiente las llevaba a los hoteles y recibía una propina”, explicó.
“De esta manera ahorre suficiente dinero para comprar mi propia cámara y solía ir a Las Cascadas y ofrecer mis servicios ‘fotográficos’ a los turistas que las visitaban”, precisó.
Ya en esos años se comenzó a interesar en la técnica fotográfica. “Ya me interesaba mucho y comencé a ‘explotar’ las peculiaridades del proceso para hacer fotografías de ‘flying saucers’ (platillos voladores)”, dijo.
Así fue como “tomó” algunos platillos volando sobre la estatua del general Necochea. Hoy confiesa que se trataba de un simple truco de “doble exposición”.
Pero no se detuvo allí. Construyó su propio microscopio y comenzó a tomar fotografías de objetos imperceptibles a simple vista.
Lo invisible
En 1957 la familia Dávidházy partió hacia Estados Unidos. Años más tarde Andrew comenzó a cursar en el Instituto de Tecnológica de Rochester y tras recibirse, durante más de 30 años, permaneció como profesor en la Escuela de Artes y Ciencias Fotográficas.
Desde 1978 hasta 2012 Andrew enseñó conceptos relacionados con la fotografía técnica, como alta velocidad, antena, visualización de la densidad, multiespectral, panorámica, foto-acabado, periféricos, fotogrametría, etc.
Como fotógrafo, Andrew se dedicó a tomar instantáneas imposibles con recursos técnicos logrados tras años de investigación.
“La muestra refleja de mayor manera mi vida profesional como maestro o profesor de la fotografía técnica, donde se usa la fotografía como medio de exploración científica o tecnológica mas que artística”, señaló.
Fotos de Andrew han aparecido en varias revistas científicas de todo el mundo e incluso en algunas publicaciones de interés general como Veja, de Brasil, Mecánica Popular en español y Fotoclub de Argentina.
Andrew regresó a Necochea en 1978 y aún conserva amigos en nuestra ciudad, como el ingeniero Juan Ricci, que presentó 40 fotografías de Dávidházy a Juliana Orihuela, quien posibilitó la muestra en el Centro Cultural.///