Recuerdos e ilusiones en la valija
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Experiencias de vida de venezolanos que llegaron a nuestra ciudad en busca de una mejor calidad de vida, huyendo de la crisis económica, con proyectos por delante y con el dolor que significa el desarraigo de su patria.
Por María Cecilia Gotta
Redacción
El encuentro es muy ameno, sentir esa tonada especial que tienen en su voz, invita a escuchar a estos jóvenes venezolanos de entre 25 y 32 años, sus historias de vida. Huyeron de su país frente a la crisis económica que viven y llegaron a nuestra ciudad en busca de una mejor calidad de vida, escapando de la crisis económica, con proyectos y sueños por delante. Pero el desarraigo de su tierra no es fácil y en su valija trajeron no sólo ilusiones sino recuerdos de su patria, fotos familiares y por supuesto la bandera de Venezuela.
Digna Contreras (28) llegó con su marido Eduardo Chaparro (29) en agosto de 2016. Ella es ingeniera industrial, en Venezuela trabajaba en una fábrica de calzado de seguridad, era la jefa de producción, y a pesar de que ganaba más de un sueldo normal, ya no le era suficiente para tener una buena calidad de vida.
“Hace dos años atrás la situación en Venezuela estaba mal, y a pesar de vivir en una casa de la familia en la ciudad de San Cristóbal, Táchira, donde no pagabamos un alquiler, era muy difícil vivir, por lo que decidimos irnos”, mencionó Digna.
Por su parte, Eduardo, trabaja desde hace 10 años en desarrollo de Software, y uno de sus clientes era el necochense Nicolás Stedile. “De la relación estrictamente comercial, comenzamos una amistad y cuando tomamos la decisión de irnos hablé con él y fue quien me extendió una mano, me ayudó muchísimo. Llegamos con un lugar establecido, que es lo más importante cuando uno migra, tener un techo”, aseguró.
A partir de ese momento Necochea les abrió las puertas. “Nicolás nos ayudó en los primeros meses y nos sigue ayudando porque trabajamos con él”, dijo. Ocho meses después, la esposa de Nicolás y de Eduardo, se conocieron, tienen una linda amistad y juntas decidieron iniciar un taller de manualidades ubicado en calle 53 y 46. En este sentido, Digna resaltó que “ella es como una hermana para mi, y desde que pisamos este país no han ayudado en todo, son muy amables, gentiles”.
Ir de un país a otro implica hacer papeles, documentación nueva y nada les fue fácil en este sentido. “Cuando uno viene de un país donde hay tanta corrupción, es muy complicado hacer un trámite por las vías correctas, teniendo que dormir uno o dos días en la entidad pública”, señalaron.
Incluso en la embajada venezolana en Buenos Aires no les fue para nada bien, estuvieron dos días para solicitar los antecedentes penales apostillados y asi poder tramitar el DNI, pero hasta el día de hoy no tuvieron respuestas, cuando se trata de un trámite que tarda un mes.
Al contar con un poder en Venezuela, lograron obtener los papeles y hoy tienen DNI argentino y una residencia temporal. Después de dos años de residencia pueden optar por la nacionalidad argentina.
“Estamos esperando ese tiempo, porque nuestro proyecto es seguir viviendo acá”, afirmó Digna.
Desde hace ocho meses, también están en nuestra ciudad la madre y hermana de Digna, Blanca Delgado y Rosana Contreras, respectivamente.
Por su parte, Marelbys Urbina (25) y Reinaldo Escobar (32), llegaron a Necochea hace 15 días. El el pasado 6 de abril fue el último día de ellos en Venezuela.
Marelbys, es ingeniera civil, vivía en San Cristóbal y pagaba rentas, transporte y últimamente no podía ir a trabajar dos o tres días a la semana porque no tenía efectivo para el transporte.
En tanto, Reinaldo, trabajaba en Caracas, para el Inac, Instituto Nacional de Aeronáutica Civil y tenía más facilidad de viajar y verla a Marelbys.
Pero frente a la situación crítica que estaban viviendo, decidieron viajar a Argentina, puntualmente a Necochea, donde estaba su primo, Eduardo.
Marelbys es la hija menor de cinco hermanos, toda su familia quedó en Venezuela, y Reinaldo dejó sus padres, mientras que su hermana se fue para Chile hace un año y medio.
Para estos jóvenes no sólo fue difícil tomar la decisión de dejar su país de origen, sino comunicárselo a sus familias. Marelbys recibió el apoyo de sus padres, aunque le reconocieron sus temores.
En cambio, Eduardo recordó una frase de su padre en aquel momento que lo dejó muy marcado, “en los tiempos de crisis hay dos tipos de personas los que se sientan a llorar o los que salen a vender pañuelos”, y Eduardo respondió “entonces voy a ser el que me siente a llorar porque me voy”, señaló emocionado.
A los seis meses de estar en Necochea, Eduardo mencionó una de las conversaciones con su padre, “lo primero que me dijo fue me equivoqué cuando te dije eso, gracias a Dios usted se fue, en Venezuela usted no tenía futuro”.
Lo más difícil, doloroso y triste es la separación de la familia. “La despedida fue dolorosa, horrible”, dijo Marelbys.
Sin lugar a duda, que ellos nunca hubiesen elegido irse de su país, pero la situación crítica que se vive en Venezuela no les dio otra alternativa.
Comunicados por Skipe o por Whatsapp mantienen contacto con sus familiares, pero depende que tengan el servicio de Internet, lo que es difícil, ya que todos los días cortan el servicio eléctrico, durante dos horas como mínimo y ocho como máximo.
Muchos eligen Argentina como destino, porque es más sencillo, uno por el idioma y también por la entrega de documentos, pero hay venezolanos por todas partes del mundo, en Ecuador, México, Colombia, Chile, Perú, España, Escocia, Estados Unidos, Panamá, etc.
Digna manifestó que “han salido y siguen saliendo venezolanos del país, por lo que siempre vas a encontrar a alguno tratando de buscar una mejor calidad de vida. El sentimiento patriótico ha aumentado con este ambiente y todos nos volvimos una familia enorme en el exterior y cuando alguien necesita ayuda, tratamos de unir lazos en la medida de nuestras posibilidades”.
Cabe indicar que durante los dos primeros meses del año ingresaron al país 21.444 venezolanos: un promedio de 363 por día.
Hacer las valijas, resulta más llevadero para los jóvenes porque si uno lo piensa puede ser hasta aventurero, pero para los adultos es muy difícil, meter toda su vida en un bolso.
Tanto Digna, Eduardo, Marelbys y Reinaldo, hicieron sus equipajes, llevándose lo más sagrado, los recuerdos de la familia, fotos y la bandera venezolana.
Adaptación
Digna y Eduardo llegaron a nuestra ciudad el 21 de agosto de 2016, y el cambio fue rotundo.
“Nunca en mi vida había estado en un lugar con la temperatura tan baja, creíamos que el invierno era tener 14 grados y cuando llegamos acá conocimos el verdadero frío, y nos costó muchísimo acostumbrarnos”, dijo Digna.
Ella salía a la calle y sentía que la gente la miraba raro, porque usaba guantes, gorro y campera.
San Cristóbal, es zona de montaña con un clima hermoso, todos los días hace 21°C y si querían ir a la costa podían planificar el viaje en cualquier época del año, ya que el clima es muy agradable.
Eduardo mencionó que para el mes de diciembre fueron a nuestra playa y se tiraron al mar, “salimos a los 5 minutos para nosotros era imposible esa temperatura”, dijo entre risas.
Otra diferencia fue el idioma, y si bien hablamos español hay muchas variaciones como por ejemplo morrón- pimentón, choclo- maíz, nevera- heladera o chaqueta-campera, entre otras.
Todos coincidieron que lejos del país se extraña todo, la comida, el clima, costumbres, cultura, música, ambientes, olores, sabores, etc.
Pero al mismo tiempo agradecieron y destacaron de Necochea la buena atención, la tranquilidad, la seguridad.
“Todas han sido personas gratas, incluso en tiendas, para realizar los trámites de documentación e inclusive hicimos muchos amigos en poco tiempo, que se han hecho familia”, aseguró Digna.
Al momento de hacer una radiografía de Venezuela actualmente, es aterradora.
“El efectivo no se consigue ni en los bancos, ni cajeros. Al momento de pagar hay que hacerlo con tarjeta y es un valor más elevado”, dijo Marelbys.
Hoy, quienes viven cómodamente en Venezuela son las personas que apoyan el gobierno de Maduro, en cambio, el pueblo sobrevive, a la falta de alimentos, medicamentos, con la inseguridad presente en la calle.
“Hay muchas personas que están pasando hambre, desnutrición, ahora es difícil comer, pagarse un medicamento o pagar un viaje en colectivo, es inhumano. Es una dictadura escondida”, puntualizó Digna.
Hace años en Venezuela existían tres clases marcadas, los pobres, clase media y alta, pero ahora desapareció la clase media, sólo hay pobres y clase alta.
“Hoy el venezolano vive el día a día, pensando qué va a comer mañana”, indicó Reinaldo.
Sin lugar a dudas, su familia es una preocupación para ellos.
“Como podemos ayudamos a nuestros familiares, les enviamos medicina, comida, dinero, siendo más fácil porque donde vivimos, San Cristóbal está en el límite con Colombia”, dijo Eduardo.
Una situación que se vive a diario en la frontera, en los procesos de salida, es cuando los militares ante cualquier excusa le sacan cualquier pertenencia y en especial los dólares a las personas que se van.
“En Venezuela no hay ley y los militares hacen lo que quieren”, recalcó Eduardo.
Hoy en día los comercios cierran al mediodía y a las 16 no anda nadie en la calle, y si uno sale a caminar a las 18, corre el riesgo de que le roben o maten.
“Los venezolanos están sufriendo en cosas básicas, pero todo está centralizado en un gobierno corrupto que tiene todo el poder, y hasta que no salga esa podredumbre, Venezuela no va a tener el inicio a un cambio”, opinó Digna.
Asimismo, la crisis energética es un tema complicado porque todos los días hay cortes de luz, que pueden durar, dos, ocho o veinticuatro horas.
Por ahora, estos jóvenes no piensan en volver, mientras que no haya un cambio. Buscan un nuevo rumbo, con posibilidades de trabajo.
Los venezolanos vienen con su impronta y enriquecen a nuestra sociedad aportado a la cultura su gastronomía, la música, la literatura y la danza. Es momento de darles una mano a nuestros hermanos latinoamericanos.///