Recuerdos, regalos y emociones vividas en el Día de Reyes
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Personas de distintas edades de nuestra ciudad revivieron esta fecha tan especial cuando uno es niño. Los rituales que se repetían cada año
A un día de la llegada de los Reyes Magos, personas de distintas edades de nuestra ciudad recordaron su infancia, la emoción de ese día, los mejores regalos y la ilusión que sólo un niño puede sentir en esa fecha tan especial.
Preparar el pasto y el agua para los camellos, hacer todo tipo de rituales para no dormirse esa noche, verlos en el Festival Infantil, escribirles cartas y despertar a la mañana con los obsequios, son vivencias que nunca se olvidan.
“Tenerlos cerquita, fue maravilloso”
Sandra Rodríguez, directora de la Escuela de Adultos Nº 701, se emocionó al recordar su experiencia con los Reyes Magos y los sentimientos que generaban en ella cuando era una niña.
“Recuerdo ver a los Reyes en cada Festival Infantil; no nos perdíamos uno. Fue maravilloso tenerlos bien cerquita, allá por los años 80 cuando desfilamos y participamos con mi Escuela Primaria Nº 4”, expresó.
El 5 de enero por la noche, en su casa, había un ritual especial. En el zaguán, ponía agua y pasto cortado al lado de los zapatos y, al otro día, “levantarse bien temprano, era lo más grandioso”. No recuerda haberle pedido algo especial a los Reyes, pero siempre recibió muchos regalos.
Luego con sus hijos, ya ahora más grandes, revivió cada ritual, de sorpresas y emociones varias.
La bicicleta que no se olvida
El cantautor Juan Víctor Etchegoyen sostuvo que “era una emoción enorme cada mañana salir al patio de mi casa para encontrar el regalo que había pedido por carta. Me acuerdo que una vez pedí unos cassettes de Family Game y a la mañana siguiente salí al patio y me encontré con una bicicleta. Disfruté mucho ese día”.
Es otra su vivencia actual: “Hoy por hoy me toca como padre revivir esas emociones a través de mis hijas”, sentenció.
“El sueño nos vencía”
“Llegada la tardecita del día previo comenzaba la tradición: juntar pasto -el mejor que podíamos conseguir estaba en la vieja estación de Ferrocarril, que por esos años todavía funcionaba-; un buen balde para llenarlo de agua muy fresquita y si la cosa andaba bien, mis viejos nos permitían dejar algo de ensalada de fruta para los Reyes”, relató emocionado el fotógrafo y camarógrafo Emilio Hoses, para añadir que “luego nos íbamos a dormir temprano con la amenaza de mi vieja «Si no se duermen rápido los reyes van a pasar de largo y no les van a dejar nada»; y ya en la cama, junto con mis hermanos especulábamos ante cada ruido . ¿Serían los reyes esos ruiditos que escuchábamos? Era una noche muy larga, y después de un tiempo el sueño nos vencía a los tres hermanos”.
Emilio completó diciendo que “muy temprano, cuando el sol ya se hacía notar corríamos hacia el comedor donde estaban nuestros zapatos y ahí la gran sorpresa. En lo personal recuerdo un paquete con un montón de soldaditos de plástico (esos de color verde), que nos sirvió para mil batallas imaginarias junto a mi hermano más chico”.
Muchos regalos
En su niñez la docente de Jardín de Infantes Lorena Rey vivía en Buenos Aires, aunque la familia cumplía el ritual de venir a pasar las fiestas, incluida la de Reyes, a Necochea.
“Teníamos a los abuelos y tíos y recibíamos muchos regalos”, puntualizó, para añadir que “nos traían muchos regalos, casi siempre eran cosas para el colegio fibras, lápices, cartuchera, libros y algún juguete que hubiésemos pedido y luego nos llevaban al Festival Infantil para poder ver a los reyes en persona. Tengo muy lindos recuerdos de ese entonces”.
“Dormir con los Sacachispas”
La vida de Marcelo Yorno, ex arquero de Cipolletti, Estudiantes, Boca Junior y Rosario Central, entre otros, ha estado ligada al fútbol desde niño.
“Era un acontecimiento que vivía a pleno. Juntaba pasto y agua y esperaba ansioso, tratando de quedarme despierto para ver a los Reyes cosa que nunca ocurría”, rememoró.
“Lo que pedía siempre era una pelota y botines o cualquier indumentaria de fútbol. Y dentro de esto fue inolvidable la vez que los Reyes me trajeron unos botines Sacachispas. Me acuerdo que dormí varios días con los botines puestos”, acotó con una sonrisa.
“Una maravilla única”
El kinesiólogo Boris Stankievich recordó una anécdota de 1975, cuando tenía 8 años y residía en Lobería: “Solíamos jugar con unos vecinos inglesitos, hijos de un pastor evangélico. Un par de días después de Navidad, uno de ellos me preguntó qué me había traído Papá Noel. Fue la primera vez en mi vida que escuché de la existencia de Papá Noel. Les expliqué que a nosotros nos traían regalos los Reyes Magos y si bien recuerdo ningún regalo en especial, pero aunque los regalos que recibí siempre fueron más maternales que propios de unos Reyes (porque en nuestra familia nunca sobró), siempre hubo regalos que alegraron nuestra niñez. Lo de los Reyes era una maravilla única”.
Una sensación que continúa
El publicista Juan Marchetti reveló que “todavía cuando mis hijos se preparan para recibir a los Reyes Magos, me invade esa inocente y feliz sensación que sentía cuando de niño les juntaba el pasto y el agua a los camellos, para que ellos se sintieran cómodos en casa. La intriga de la noche antes de su llegada era tal, que con mi hermana Laura hacíamos fuerza para quedarnos despiertos y ver cuando llegaban, pero nunca lo logramos. La sorpresa y la alegría era tal a la otra mañana al ver los regalos sobre nuestros zapatos que nos olvidábamos de analizar cómo habían entrado a nuestra casa. Hoy trato de mantener el mismo juego con mis pequeños, y con Vanesa, mi mujer, nos divierte tanto escuchar lo que nuestros hijos pequeños creen y preguntan de los reyes, que inventamos cada historia para que no se enteren la gran verdad”.
En su memoria de regalos recibidos prevalece “una lancha a pilas, que usaba en la bañera para divertirme mientras me bañaba”.
Patas de rana y tubos
Finalmente el farmacéutico Leonardo Elpuerto hizo referencia a ”esa espera de cada 5 de enero con ansiedad hasta la mañana del día posterior y a diferencia de Navidad, que había que esperar hasta las cero horas de la noche, me parecía una eternidad”.
Sobre el regalo favorito entre los que recibió apuntó a “unas patas de rana con luneta y unos tubos de plástico amarillo, que simulaban los tanques de oxígeno para la Pelopincho. Lo disfruté mucho”.///