Registro de cuidacoches
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Por estos días se viene discutiendo en Mar del Plata la creación de un registro municipal de cuidacoches, que regule una actividad creciente en la vía pública y que por ahora presenta varias zonas grises al no tener ningún tipo de control.
A 120 kilómetros de allí obviamente sin el volumen de gente de Mar del Plata, en Necochea pululan cada vez en un número mayor, los llamados «trapitos» en diferentes y concurridas zonas y por ende con mayor circulación de vehículos y personas, ofreciendo sus servicios de cuidadores de los rodados mientras sus dueños están ausentes, a cambio de una propina o, con «tarifas fijas» si el «cliente» acepta que les laven el auto. Esto último con verdaderos enchastres de los alrededores con agua y suciedad, que obviamente no son limpiados por quienes hacen este tipo de «changas».
En general, hasta ahora, nos hemos ido acostumbrando a estas presencias que nos abordan al bajar de nuestros vehículos, a veces educadamente y en otras en forma imperativa, lo que desemboca en discusiones y amenazas verbales que por ahora no han pasado a mayores. Y quienes no quieran padecerlas, optan por dejar sus autos lejos de estos sitios custodiados, de manera de evitar malos momentos aunque tengan que resignar la libertad de uso que todos tenemos que tener del espacio público.
Sin embargo, las anormalidades mayores vinculadas a las labores de los «trapitos» se registran en el verano en la Villa Díaz Vélez, por caso en el estacionamiento del lado del mar en avenida 2 entre 71 y 79, que no es medido. Allí se instalan grupos de cuidacoches, con algunos integrantes que vienen de otros lugares a «hacerse la temporada», ocupando los lugares con prepotencia u originando peleas para dirimir quién se queda con el negocio de “cuidar rodados” estacionados en dichos sitios.
Al aparecer conflictos de distinta índole, la Municipalidad es la que finalmente debe resolver, prevenir, exigir a las fuerzas policiales el control o dar respuestas ante disturbios o robos en los vehículos estacionados, situación esta última que ocurre cada verano.
Bajo esta perspectiva no está de más que a través de su área de Control Urbano, el municipio empiece a ocuparse del tema, en primera instancia creando un registro para identificar a cada uno de quienes cumplen la labor de cuidacoches, sus datos personales, si cuentan con antecedentes policiales, lugares en los que residen y demás.
No se puede prohibir que alguien desarrolle esta labor mientras no perturbe la paz social, agreda a un tercero u origine hechos anormales. Pero sería de mayor tranquilidad para los actores del rubro y la ciudadanía, si los primeros estuvieran identificados y hasta podrían uniformar su vestimenta con chalecos de un mismo color y alguna credencial con sus datos personales.
Desde el lado de quienes desarrollan estos «servicios» suele haber quejas de la estigmatización de parte de la sociedad para con ellos. Y esto es verdad en algún sentido, pero de ninguna manera los habilita a hacer lo que les place, imponer o amedrentar a otras personas.///