Remedio o canto de sirenas
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El gobierno y el sector empresarial -del cual provienen el propio Presidente y varios de sus funcionarios- están tomando la cuestión como una cruzada, a la que se están sumando los sindicalistas, en el tradicional juego de oferta y demanda
Por Luis Tarullo – Agencia DYN
Lentamente, pero sin pausa, el debate sobre la reforma laboral fue ganando terreno hasta ubicarse ahora en la cima de la agenda política argentina.
El gobierno y el sector empresarial -del cual provienen el propio Presidente y varios de sus funcionarios- están tomando la cuestión como una cruzada, a la que se están sumando los sindicalistas, en el tradicional juego de oferta y demanda.
Hasta ahora los intercambios han tenido costos parejos, desde la devolución de dinero de las obras sociales que era propiedad de esos entes pero el kirchnerismo había tomado cautivo, hasta la suspensión de huelgas y la aceptación de cambios en convenios colectivos de trabajo.
Con la aparición de las drásticas reformas laborales de Brasil y Francia, las autoridades y sobre todo los empresarios se lanzaron al campo de lidia por el momento con armas ligeras, pero con petos y espaldares para afrontar cualquier resistencia, con el fin de flexibilizar las normas del trabajo.
No aceptarán nuevos modelos
Los gremialistas, en alerta, avisaron que no aceptarán el nuevo modelo brasileño y menos el galo, pero no han mantenido demasiado elevada la guardia en cuanto a los posibles cambios individuales.
Lo que ocurre es que, en realidad, hasta ahora se habla mucho en términos genéricos pero nadie brinda detalles de lo que quiere y no ofrece propuestas concretas.
Esa actitud hasta permite alimentar dudas sobre si realmente algunos saben de lo que están hablando o se suben al corcel nada más que para no perder el rumbo de la caravana.
De hecho, hay muchísimas actividades que ya están divididas por ramas y se discuten de manera prácticamente individual, de acuerdo a las características propias de cada sector.
Más aún, hay empresas que desde hace tiempo realizan con el sindicato sus propias negociaciones o establecen condiciones especiales.
Parecería también que se pretende mostrar a la flexibilidad -o la reforma, como se la quiera llamar- como una panacea que resolverá todos los problemas del mundo del trabajo.
Hay además muchos «peros» en la cuestión, empezando por el hecho de que se cuentan de a montones los empresarios que siguen siendo los mismos que no mostraban tanto ímpetu no hace demasiado tiempo para motorizar los cambios.
Y que, por el contrario, ni siquiera abrieron la boca ante las presiones de la anterior administración para mantener el statu quo en muchas cuestiones. Incluidos varios hombres de negocios que ahora alzan la voz pero antes del 10 de diciembre de 2015 eran beneficiarios de simpatías del entonces oficialismo, con ayuda económica vía subsidios, por ejemplo.
Cambios en la normativa
También habrá que tener en cuenta quienes son los que reclaman cambios en la normativa y los que eventualmente padecen las rigideces. No es lo mismo el empresario de «las chimeneas», el multiplicador de trabajo, que el que tiene oficinas símil «call center» para vender servicios pero se siente con autoridad para reclamar con idéntico énfasis que el otro.
Otro punto es la certeza acerca de que los cambios no atraerán las inversiones como la miel a las moscas si no son acompañados por otras reformas tan o más profundas e inmediatas.
Ni pensar en que la reforma laboral se traducirá en una drástica reducción del empleo en negro. Quien afirme que hay una relación directa entre una y otra cuestión, sin otra intermediación, o miente o padece una ignorancia bastante acendrada.
Por ello, los actores implicados en semejante tema como es la reforma laboral deberán más temprano que tarde ser explícitos acerca de los cambios que se busca introducir, tanto los generales como los particulares o individuales.
Es que desde hace mucho tiempo el mundo laboral argentino es víctima de todo tipo de infecciones y en lugar de remedio lo único que ha recibido es canto de sirenas.///