Repensar la industria para aprovechar los recursos humanos
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Esa parece la clave para volver a generar empleo a partir de la pesca comercial, una actividad que en su momento llegó a dar trabajo a unos 3.000 personas en forma directa o a través de labores subsidiarias
La pesca fue durante décadas la industria que más empleo generó en la ciudad. En su mejor época, unas 3.000 personas estaban vinculadas directa o indirectamente a la pesca comercial, ya sea en la extracción, como en el procesamiento, la elaboración de otros productos derivados o incluso la construcción y reparación de embarcaciones.
Sin embargo en los ochenta comenzó una decadencia provocó prácticamente la desaparición de la pesca comercial en Puerto Quequén. En la actualidad sólo operan tres embarcaciones y existe una sola procesadora que es mantenida por los trabajadores mediante un sistema de cooperativas.
El impacto es tan profundo que incluso gran parte del producto que se vende en las pescaderías locales no proviene de las embarcaciones que operan en nuestro puerto, sino de Mar del Plata.
Roque Bruno titular de una pescadería local que alguna vez llegó a tener su propia lancha amarilla, señaló que en la actualidad las embarcaciones se ven obligadas a vender toda la carga a un mismo comprador, por lo que no pueden abastecer a los comercios de la ciudad.
“A veces nos quedamos sin pescado y dependemos de lanchas artesanales o tenemos que comprar en Mar del Plata”, señaló Bruno.
“Hace unas décadas había 30 embarcaciones y el pescado sobraba para todas las pescaderías”, recordó. “Había plantas procesadoras y venía gente de todos los barrios a trabajar a esas fábricas”.
Pero en la actualidad la actividad se ha reducido tanto que ya algunos oficios vinculados a la industria comienzan a desaparecer. “El filetero está muriendo, porque no hay renovación. Quién se va a poner a enseñarles a los más jóvenes si no hay trabajo”, indicó Bruno.
Si bien en el ambiente se mira con desconfianza a Mar del Plata porque se cree que desde esa ciudad se hizo lobby para concentrar toda la actividad de la región, Bruno afirma que la industria local ya había comenzado a decaer por falta de recambio generacional.
“Muchas embarcaciones se fueron al sur, los pescadores fueron muriendo y los hijos vendieron las embarcaciones. Si nosotros hubiéramos sido fuertes con fábricas y barcos, la pesca no hubiera muerto”, señaló.
E indicó que en la actualidad Mar del Plata también está atravesando una situación de crisis en el ámbito pesquero.
“Con el tema del langostino en el sur se le han ido muchas embarcaciones. Hace unos años Rawson tenía 20 embarcaciones y ahora tiene 300”, afirmó.
Otra mirada
Entre quienes se fueron al sur hace unos años para evitar desaparecer, se encontraba el armador Hugo Obregoso, quien se fue a trabajar con sus lanchas a los puertos patagónicos porque en Quequén ya no podía sobrevivir.
“Acá la situación quedó reducida a la mínima expresión. Quedaron tres lanchas”, señaló, que por cuestiones de arraigo decidió volver a trabajar en la ciudad.
Pero para poder trabajar aquí ha debido adaptarse. Ya no trabaja como armador, sino que se dedica a las reparaciones.
“Hoy no existe actividad pesquera en Necochea y sin embargo, entre los que trabajan en la cooperativa Engraucoop y los que están en el astillero, hay entre 200 y 300 personas empleadas. Eso da una idea del impacto que tiene la actividad”, afirmó Obregoso.
Su mirada sobre la actividad es muy realista y es la persona a consultar si se quiere tener una idea precisa de la situación actual de la pesca en Necochea.
“Acá en una época había 3.000 personas trabajando en torno a la pesca. Recomponer eso es imposible”, señaló. “Habrá que reinventar la actividad de alguna forma, pero seguramente no va a ser como antes”.
Los años dorados
La pesca comenzó en nuestro distrito como una actividad artesanal que fue generando una amplia gama de industrias a su alrededor.
La fabricación de harinas, aceites y el procesamiento de pescados, además de la construcción de embarcaciones, eran algunas de esas actividades.
Al no contar con plantas, en las primeras décadas del siglo pasado gran parte de la voluminosa captura de la flotilla local se enviaba para su procesamiento en la ciudad de Mar del Plata.
Sin embargo la industria fue creciendo y en la década del 70 el mercado de la pesca local vivió su época de oro y los establecimientos se multiplicaron, llegando a contar con unas 20 plantas.
Fue desde nuestro puerto que en abril de 1971 se realizó la primera exportación de anchoítas en salmuera producida por la empresa Complejo Anchoero Americano-Europeo SACIF con destino a Buenos Aires para su posterior embarque a Japón.
En 1972 se inauguró el complejo de la Sociedad Italo Argentina de Pesca (Sitarp), cuyo edificio se encontraba en la calle 576 entre 543 y 545 y cuya estructura derruida todavía hoy se puede ver desde la avenida 578, en cercanías del Hospital José Irurzun de Quequén.
Cinco años después se inauguró otro complejo, el de la firma denominada Elaboración de Salazones y Conservas (ESCA).
La llegada en 1978 de Huemul creó mucha expectativa por la generación de puestos de trabajo. Llegó a tener 750 empleados y fue la fuente privada de mayor ocupación de mano de obra en Quequén. El edificio, hoy a la venta, se encuentra en la zona industrial que quedó abandonada tras la caída del puente Escurra en el año 80.
En 1979, en pleno esplendor de la pesca local, el sector daba ocupación en forma directa a unas 1.500 personas.
Sin embargo, la bonanza duró poco, el cierre de Huemul, con la caída del grupo Sasetru, al que pertenecía, significó un gran golpe para el sector.
Si bien en 1988 la firma Valoray volvió a poner en funcionamiento a la fábrica, sólo se mantuvo un año. Luego, en 1998 Incoop adquirió el edificio para utilizarlo en un rubro también vinculado a la pesca, la fabricación de hielo en escamas para barcos pesqueros.
Con los años otras plantas procesadoras fueron cesando en sus actividades: Argenpez, Surocean, Bajamar, Papa Falcón y Alle Trade.
La crisis del sector en los 90 provocó el cierre masivo de procesadoras de pescado, tanto en nuestra ciudad como en Mar del Plata.
Una de las últimas empresas grandes relacionadas al sector que estuvo radicada en nuestra ciudad fue Vieira, que poseía barcos propios y una cámara de frío en la zona portuaria, pero que por la crisis en la región decidió trasladarse a Puerto Deseado.
También otra industria vinculada a la pesca, como la de los astilleros, también comenzó a retrotraerse.
En ese ámbito el astillero Vanoli, que comenzó a operar en 1954, es el de más larga trayectoria. En la actualidad Hugo Obregoso utiliza las instalaciones del astillero ubicado en la margen Quequén del río para realizar reparación de embarcaciones.
Ha encontrado en la reparación de embarcaciones, una importante demanda. Por ello señala que si bien es imposible volver a los años de oro de la industria pesquera en la ciudad, sí se podrían utilizar los recursos humanos con los que se cuenta para trabajar en otros rubros vinculados a la pesca que tienen una importante demanda y no se pueden desarrollar en otras ciudades.
“Creo que hay posibilidades, pero hay que analizar primero cuáles son las necesidades que tiene el mercado y uno tratar de brindar lo que tiene para responder a esa demanda”, afirmó Obregoso.///