Repetida falta de respeto
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En el marco de la movilización en la cual un grupo de personas adhirió a la conmemoración del Día de la Mujer y se expresó en pos que se respeten sus derechos, paradójicamente se le faltó, por parte de algunos de los participantes de la marcha, el respeto a sitios que homenajean a nuestra historia.
Sucede que, como ya ocurrió años pasados con una manifestación similar, los “graciosos” de siempre optaron por colocar pañuelos de color violeta – identificatorios del movimiento que pugna por la igualdad de derechos entre la mujer y el hombre-, en distintos monumentos de la plaza Dardo Rocha, escenario de la movilización del último jueves.
Es así que los bustos que recuerdan a Angel Murga, fundador de Necochea; el almirante Guillermo Brown, héroe en la lucha por la independencia de nuestro país el de Eva Duarte de Perón, de fuerte impronta en la historia más reciente de la Argentina; y la imagen de la madre y su hijo, en el monumento de la Madre, se vieron cubiertos en parte por estos pañuelos y se hizo una pegatina en el de la Madre, la actitud se transforma en una afrenta inaceptable para testimonios históricos.
Asimismo estas provocaciones, si se quiere identificarlas de otra manera, se constituyen en un pésimo ejemplo dado por quienes entienden sólo el reclamo de sus derechos, degradando así el merecido recuerdo de aquellos que han forjado nuestro pasado.
Estos pañuelos en los monumentos, como las pintadas en el asfalto, la quema de cubiertas, la mutilación y graffitis de estatuas y otros elementos de los paseos públicos, o la rotura permanente de juegos en las plazas, son un agravio para una sociedad que quiere vivir en paz y sin agresiones de cualquier índole.
En estos casos los daños obligan al municipio a su reparación y por ende distraer innecesariamente el dinero de los contribuyentes.
¿Qué placer tienen quienes rompen, dañan o cubren de sus distintivos a los monumentos? ¿Qué es lo que les produce tanto desprecio al mobiliario público? ¿Cómo se pueden cambiar este tipo de actitudes?
Todos estos interrogantes parecen no tener respuesta ante la realidad que se repite periódicamente, haya o no un acto de por medio.
Sin embargo el “remedio” principal para que esto no ocurra es la educación, primero desde el hogar y luego de la escuela acerca del respeto a la historia y a no dañar porque si, estúpidamente. Hay que recordar que el derecho de uno termina donde empieza el del otro.///
(Publicado domingo 11 de marzo de 2018)