Rescatar los buenos gestos
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La pandemia del coronavirus nos sorprendió por la espalda. Sin estar del todo preparados, pese a que al veloz andar con el que este cuasi veneno se empezó a desparramar por todo el mundo. Y nos encuentra a todos encerrados en nuestros hogares, tratando de que el mal del virus se expanda lo menos posible entre nosotros.
Mucho se habla por estos días de las diversas actitudes que cada uno toma en su alterada vida. Ya sea para bien o para mal. Cuidándonos y cuidando al otro; o desoyendo los consejos y órdenes de las autoridades y sin empatía alguna hacia el prójimo.
Dentro de estas situaciones que estamos viviendo, y que se asemejan a las imágenes de una película de ciencia ficción, la intención de esta columna es rescatar algunos gestos solidarios que están ocurriendo en nuestra comunidad y que no dejan de sorprender gratamente.
Como algunas muestra de actitudes benévolas, se ha observado en las redes sociales el ofrecimiento de gente a hacerles mandados a personas mayores, que están solas o impedidas de salir; y en el mismo sentido en uno de los laterales de la cabina del ascensor de un edificio de la Diagonal San Martín, cuelga un cartel de una joven ofreciéndose a colaborar con aquellos vecinos del lugar que lo necesiten.
Obviamente que ambos gestos, desinteresados, son para prevenir que las personas de edad más avanzadas y por ende proclives a los efectos del coronavirus, se desplacen por la vía pública.
Por otro lado representantes de dos entidades de bien públicos y un grupo de modistas (del hecho hacemos mención en esta edición de Ecos Diarios), ocupan sus horas de cuarentena dentro del hogar en confeccionar barbijos y prendas para el personal de salud y de fuerzas de seguridad, que están en primera línea en el combate por prevenir el avance del coronavirus.
Tratando de entretener y como el mismo ha expresado, más que nada dirigido a las personas que están solas, el actor Pablo Casado ha empezado a hacer transmisiones diarias en vivo vía Facebook, con monólogos humorísticos ejecutados por él mismo. Sólo con la intención de sacar algunas sonrisas en este amargo presente y acompañar a quien sufre un aislamiento obligado, pero muy necesario.
El coronavirus está poniendo a prueba la convivencia social. Le vuelve a tomar el pulso relación que en los últimos tiempos se ha teñido de malhumor y una buena dosis de desprecio. Y paradójicamente el encierro general sirve para que no se confronte tanto o al menos se reflexione.
Las positivas reacciones antes descriptas no hacen más que ratificar que en las peores situaciones siempre afloran gestos solidarios para con el que más lo necesita. Para muchos es convicción la repetida frase de estos días que proclama que “en ésta nos tenemos que ayudar”. Son hechos que reconfortan y que hacen pensar que no todo está perdido.///