Retirarse como un campeón
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A los 66 años y como flamante medallista en el Panamericano, Roberto Martínez anunció su adiós a la competencia pero advirtió que nunca dejará la bicicleta

“Creo que te tenés que retirar a tiempo. Que no te pase como el boxeador que a los tres años vuelve para terminar en la lona. No quiero que quede esa imagen” resalta Roberto Martínez para aclarar porqué a menos de un mes de disfrutar de uno de los logros más importantes de su vida arriba de una bicicleta, decidió dejar la competencia. A los 66 años, las motivaciones para levantarse temprano a entrenar parecen ser las mismas que cuando comenzó hace 30 pero una cosa es disfrutar de la bicicleta y otra prepararse para competir como él exige. “Yo no corro para divertirme, te soy sincero, yo me divierto andando. De mil carreras perdí 900 pero me vengo contento. Yo quiero competir y saber que si vos me ganas es porque sos mejor que yo, y no porque yo no estoy bien entrenado o porque comí de todo en la semana”.
Con esa convicción, se preparó en el invierno, durante cuatro meses para el Campeonato Panamericano de pista y ruta en San Juan. Bajó cuatro kilos para pesar apenas 68. “Era consciente que era mi última oportunidad. Más allá de que había ganado (el Panamericano de 2008) pero si era mi última chance de correr un Panamericano”. Quería dejarlo todo. Y lo logró.
Panamericano soñado
Junto a su hijo Claudio, lograron nueve medallas en San Juan, cinco de ellas doradas. En la categoría Master D1, Roberto fue campeón en las modalidades pelotón, persecución individual y contrarreloj sobre 10 kilómetros. Además fue bronce en los 500 mts. contrarreloj, una prueba que no había preparado concretamente. “Fue soñado” resume sobre esa semana en el Panamericano Master. “En la contrarreloj me tenía fe -había ganado el Argentino tres años seguidos y el otro Panamericano- tenía una buena bici, es lo que más preparé y apunté a eso. Lo demás era relleno. Pero salió perfecto, que gane él (su hijo logró cinco medallas), ganar los dos…no podes pedir más. Fuimos por una y trajimos nueve. Nueve medallas en nueve carreras. Y compartir eso con Claudio fue lo mejor que te puede pasar”.
La decisión
Las medallas no precipitaron su retiro, sólo le dieron un cierre ideal a algo que ya venía analizando: “Ya este año tenía ganas un poco de dejar. Pero apareció el Panamericano y me encendió la mecha”. Y las medallas tampoco lo hicieron cambiar su decisión. “El lunes (17) iba a ser la última (carrera) en Las Flores. Gané y le dije al que conducía que era mi última y lo anunció en el parlante. Pero estaba el presidente del Club Azuleño y a los cinco minutos me dijo que no, que por favor me retirara el sábado siguiente en Azul, que no me podía retirar así, que tenía que ir a Azul donde me iban a dar un reconocimiento… No le pude decir que no…”. Fue así que el pasado fin de semana en Azul, y después de su último triunfo, recibió merecidas muestras de afecto de su familia, corredores y el público presente en el anunciado adiós. “Hasta fue Carlos Baños, que hacía como 20 años que no corría. Se enteró y fue saludarme, aunque hacía muchos años que no lo veía. Fue un gesto muy lindo. Y así mucha gente que me saludó, se sacó una foto. Mi nieto Alan corrió y me regaló su primer trofeo. Eso es lo que te queda, más que ganar una carrera. Si me preguntás hace tres domingos dónde gané no me acuerdo”.
Los comienzos
Donde la memoria le fluye más, es para volver a aquellos primeros días en bicicleta. “Arranque en Quequén, con los chicos, con Ramón Roumec, tío del que patina (Santiago), a los 14-15 años. Andábamos en bici en el barrio y empezamos a entrenar. Corrí un par de Quequén-Pieres que hacía Carlos Del’Oca. Hasta que una noche cuando nos juntábamos, en la Avenida Lobería, nos desafiamos a correr 200 metros y cuando me faltaban 50 miré para atrás porque estaba ganando y cuando me di vuelta tenía un tractor enfrente saliendo marcha atrás. Lo agarré el medio, me partí la cabeza y la bici se arrugó toda y no sirvió nunca más. Pasó mucho tiempo para cuando me pude comprar otra bici, pero mi vieja lloraba cada vez que salía a la ruta, así que la vendí y no pensé nunca más”.
Bochas
Dejó momentáneamente la bici pero no el deporte: “Y -a partir de ahí- jugué a las bochas, con Rubén Leys, José Luís Dindart e Ignacio Arregui, nos cansamos de ganar”. Pero las ganas de volver a la ruta eran más fuertes: “Mi cuñado se había comprado una bici de media carrera e íbamos al parque de noche en el verano, en la avenida 10, para correr. Indudablemente mi pasión era el ciclismo, asi que me compré una bici y empecé a competir en carreras para aficionados. Después me encontré con dos ciclistas de grandísimo nivel como el “Pelado” Elía y el “Ñato” Bozzolo. Hicimos un amistad, empecé a entrenar con ellos, a viajar y a ganar por todos lados”.
El apellido sigue
La pasión de Martínez también le llegó a sus hijos. “Corrieron los tres. Marcelo fue el primero y arrancó con Gerardo Fernández (notable campeón loberense). Pero a ninguno le dije nada, todos me pidieron de venir conmigo. Lo único que les dije siempre, y lo hicieron, es que para que yo los lleve a una carrera tenían que entrenar. Si no querían ir, me decían, no había problema, pero si no entrenaban, el domingo no había carrera. Y si era así, el sábado hay que acostarse temprano. Las cosas, bien hechas”. Y no dejó de reconocer el esfuerzo y su alegría por lo que logró Claudio en el Panamericano: “Arrancó a los 8 años a correr y hemos viajado por todo el país, luchando, sin materiales y contra todos, dando ventajas. Mientras otros viajaban en avión, nosotros dormíamos en carpa. Lo que ha ganado se lo merece por todo el sacrificio”.
Y también Roberto disfrutó de los éxitos de su hijo: “Siempre lo cargaba: ‘¿Qué ganaste vos?’ le decía. Y también los compañeros y amigos lo cargaban. ‘Lo conocen a Roberto, campeón argentino y panamericano. El apellido lo conocen por tu viejo, vos no ganaste nada, sólo carreras de domingo’. Y por eso yo, en broma, les decía que el día que él (por Claudio) gane algo importante me iba a retirar. Lo dije en broma y como pasó, lo cargaba diciendo que era de palabra. Fue campeón panamericano y ahora yo me retiro”, explicó entre risas.
Seguir
Aunque corrió carreras de alto nivel, reconoció que le hubiese gustado estar “en un Mundial, por una cuestión de correrlo nomás. Pero precisas mucho dinero para viajar”. Su adiós a la bicicleta es sólo en lo competitivo y no se negará de disfrutar lo demás: “Tengo muy pocas carreras buenas al año. Ya no me puedo preparar cuatro meses y privarme de tantas cosas o ir regalado, no me gusta. A la bici no la voy a dejar nunca, lo único que no voy a hacer es correr. Ahora voy a disfrutar de una semana de vacaciones con mi mujer, no hay horarios, o me puedo comer una pizza”. Una forma de retribuirle a su señora Ester Herrera el apoyo de todos estos años: “Ella me acompañó siempre. A ella le gustaba más que a mí. Siempre me esperaba con la comida para salir a pedalear, siempre me acompañó. Eso es fundamental”. Ahora también es momento de disfrutar de los nietos: “Voy a seguir acompañando a los chicos a las carreras. A mi nieto ya le dije que si se entrenaba lo llevaba a correr el (Nacional) infantojuvenil. Y él va con los abuelos hasta el fin del mundo”. Ser apasionado por el ciclismo y dejarle ese legado a su hijos y a su nietos ha sido para Roberto su mejor triunfo. Hay Martínez para rato en la ruta.