Rituales, cábalas y costumbres para recibir el año
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Las doce uvas, las velas, cartas y ropa seleccionada, algunas de las acciones más repetidas
El recibimiento de un nuevo año, como ocurrirá en pocas horas, no sólo crea las lógicas expectativas, sino que reaviva la práctica de diversos rituales, cábalas y costumbres con el fin de intentar asegurarnos que la fortuna y la bonanza nos acompañen en los 365 días que vendrán.
Aunque pica en punta el antiguo ritual de comer 12 uvas, una por cada mes y pedir deseos, existen un sinnúmero de acciones que van en la misma línea, como ponerse la vestimenta de un color determinado, escribir cartas o encender velas. Todas encierran los mejores augurios para cada uno, familiares y amigos.
Ecos Diarios consultó a vecinos de Necochea, que confesaron curiosas anécdotas, actitudes y acciones que irremediablemente no dejan de cumplir a minutos de la medianoche del 31 de diciembre o apenas empiezan a sonar las imaginarias campanas del nuevo año.
Deseos que se queman
La comerciante Romina Corapi describe una costumbre que enlaza a todos los componentes de la familia: “Escribimos en un papel todos los deseos para el 2018, el que luego de brindar se quema. Y lo más emotivo es el brindis en sí, contando cada uno cuáles son sus deseos, agradeciendo lo vivido en el año, y soñando con un mejor año por venir”.
“De todas maneras nuestro principal ritual es pasarla todos juntos en familia”.
En la misma silla cada año
En el caso del jefe distrital de Educación, Luis Decastelli, junto a su familia lleva a cabo una cábala inamovible: “Hijos, sobrinos directos y resto de la familia recibimos el año en mi casa y todos nos sentamos a la mesa en el mismo lugar cada año; salvo mi hermano que lamentablemente falleció y en su silla se sienta mi sobrino”.
Las canastas con uvas
Florencia Trobo, titular de la FM 93.5 La Radio, sigue junto a su familia el ritual que le transmitiera desde pequeña su madre, Beatriz Felizia.
“Si la pasamos con ella las uvas ya son parte de la fiesta, pero si optamos recibir el año con amigos, lo que también hago desde hace años, paso a buscar en los días previos por casa de mamá una canasta con paquetitos de 12 uvas y los distribuyo entre quienes compartimos la mesa. Luego cada uno pide sus deseos”.
Comer afuera
Aunque no lleva a la práctica ninguna convocatoria a la buena fortuna, el ex arquero y entrenador de fútbol, Jorge Garro, junto a los suyos salen a comer a algún restaurante.
“Tratamos que las mujeres no trabajen y a la hora del brindis los pedimos en familia. Siempre nos ayudamos mucho y somos felices”, señala el popular “Cabeza”.
Limpieza energética y velas
La comerciante y ex integrante del movimiento autonomista de Quequén, Carolina Cerfoglio, lleva adelante cada 31 de diciembre un ritual que heredó de su abuela: “Por la tarde mezclo incienso, mirra y azufre, lo enciendo y ahumo toda la casa, para hacer una limpieza energética, para que salga todo lo malo y que entre lo bueno en el año que empieza”, apunta.
La “movida” no culmina allí, ya que a la hora de la cena, Carolina enciende cuatro velas en la mesa en la que se come en familia. “Una color azul, que es para la tranquilidad; una amarilla que es para la abundancia , otra roja, que es para el amor y una verde que es para la salud.”
Una carta que se renueva
La abogada Florencia Angeletti se define como “inconstante”, para llevar adelante rituales, y cuenta que “he intentado hacer lo de las uvas y nunca nos daban los minutos a mi familia y a mí y tengo cero paciencia; y como mujer también traté alguna vez de, como marca un mito, recibir el año nuevo con ropa interior de color celeste o roja, pero en definitiva nunca practique ninguno seriamente y con constancia”.
Sin embargo si hay algo que repite desde hace unos 15 años: “Me escribo una carta con el detalle de todos los eventos importantes que viví cada mes, así visualizo y agradezco por los logros, terminando las líneas finales con los deseos en forma de afirmaciones para el siguiente.
Luego la ensobro o la guardo tras alguna imagen espiritual para mí y la abro al otro fin de año, para quemarla y escribir una nueva carta”.
Una mirada al cielo
La locutora de radio Continental de Buenos Aires, Rosana Pagani, dice “ser simple en los festejos, que los hago en familia o con amigos, según los momentos”.
De todas maneras afirma que “a las doce en punto tengo que tener una copa llena, de sidra, vino dulce helado o en su defecto champagne, para brindar con los míos mirándolos a los ojos, y luego mirar al cielo; para brindar con mis seres queridos, que me dan señales”.
En honor a los antepasados
Silvia Elías, una de las principales referentes de la colectividad árabe en Necochea se apresta a recibir el nuevo año en Vigo, España, en la que reside su hijo.
La dirigente se aferra a las modestas costumbres de sus antepasados. “Fue muy duro para mi pueblo y las fiestas pasaban casi desapercibidas. Es por ello que en lo personal me junto con mi familia, que es lo más importante, nos vestimos todos de blanco y comemos las doce uvas”.
Tarteletitas caseras
Pese a que no sigue al pie de la letra rituales, la profesora de educación física, Cecilia Alcorta, va “jugando” con las costumbres que heredó desde niña, como ser “la receta de mi abuela paterna Rosa para hacer tarteletitas caseras con una pasta de pollo, papa y pickles que cocino cada fin de año, en especial para mi primo Miguel Angel, que le encantan. Son una cábala de fin de año”.
“Chechu” como se la conoce en el ambiente deportivo, también revive de vez en tanto el uso de “estrellitas”, que en vez de petardos o cohetes le regalaba su tía abuela cuando era pequeña. “Ojalá cada vez haya más “estrellitas” en vez de la pirotecnia que afecta a las personas y animales, aboga.
A la luz de las velas
“Acostumbro a recibir con amigos el Año nuevo y tenemos como costumbre prender unas velas para darle la bienvenida con la energía de la luz. Las prendemos antes de las 22, para terminar el año con la mejor onda que da un encuentro entre amigos, que más que amigos son hermanos que elegís en la vida”, apunta Hernán Nievas, miembro de la Red Argentina de Suicidología.
Almanaques al fuego
“Es increíble la cantidad de cábalas que hay. A mí me gusta quemar los almanaques viejos como ofrenda y gratitud de lo vivido y como esperanza y alegría del nuevo año que me tocará vivir.
Año Nuevo es una fiesta que varía con quien la paso, por eso generalmente lo hago sola o con mi pareja”, manifesta Angela Armentía, ex secretaria de Turismo de nuestra ciudad.
El “famoso” balance
La licenciada en Psicología, Sandra Altolaguirre, señala que “no soy muy afecta a las cábalas”, pero si dice que no deja de lado “el famoso balance de todo lo bueno que nos quedó de ese pedacito de vida que es un año. Me quedo con eso, tratando de dejar a un lado los momentos amargos. Con la llegada de un nuevo año renovamos energías y esperanzas para él y vamos por nuevos sueños, proyectos, desafíos. Nos abrazamos con todos los que queremos, tratando de hacer la mayor cantidad de brindis con familia y amigos antes del 31. ¡Y es hermoso! “
Una botella especial
Para Adrián Casella el festejo este año será especial, ya que acaba de jubilarse de su actividad como bancario y como “ha ocurrido siempre, descorcharé para brindar la botella de champagne que guardo todo el año. Al último día lo trato de disfrutar sin enojos, con mucha buena onda y buen humor, para cargar de energía la mente y el corazón para disfrutar la familia y amigos”.
Importada de España
En el caso del costumbre de comer uvas poco antes de que den las 12 de la noche algunas versiones ubican su origen en un lugar preciso de la costa mediterránea de España: Elche.
Las doce uvas, como es de imaginar, se asocian con los meses del año. Cuando se las come hay que pensar en doce deseos que se irán cumpliendo mes a mes, siempre y cuando las uvas sean comidas en el horario adecuado. Es decir, la última uva debe coincidir con las campanadas del nuevo año.
En España, este festejo es muy popular, sobre todo en Madrid, donde la gente acompaña el ritmo de las campanas del reloj de la Puerta del Sol, pero la tradición se ha extendido a América, pero es particularmente popular en Venezuela, Colombia y México. En tanto en la Argentina empieza a cobrar vuelo con el paso de los años.///