Robos en los clubes
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“Nos quieren hacer bajar los brazos, dan ganas de dejar todo e irnos a nuestras casas…” sentenció, sin ocultar su desazón y amargura, el dirigente de uno de los clubes de la ciudad que vienen siendo elegidos, junto a las escuelas, como blancos de robos y destrozos.
Bien se sabe que en el actual contexto social, donde los valores han ido perdiendo fuerza, tanto la escuela como los clubes son junto a la familia los reservorios de una mejor formación y entrega de enseñanzas para niños y jóvenes. Y teniendo en cuenta la loable función social que cumplen, se multiplica la incomprensión y condena por los hechos delictivos a los que vienen siendo sometidos.
En la lista de damnificados de los últimos tiempos aparecen los clubes Ministerio, con varios robos de materiales en cancha de fútbol; Rivadavia, con destrozos y sustracción de elementos en su social céntrica y el Piso de Deportes; Mataderos, en su sede; Villa del Parque en su estadio de fútbol y Huracán en este caso con malvivientes despojando de sus pertenecías a jóvenes que concurren a su polideportivo de avenida 58.
Con la indefensión a cuestas, perjudicados para recuperar algo que les demandó mucho tiempo recuperar, dirigentes de varias de esas entidades mantuvieron días atrás una reunión con el encargado las áreas de Ordenamiento Urbano y Seguridad del municipio, que los convocaron a los efectos de “coordinar algunas medidas” para que estos hechos no se repitan.
En el intercambio se coincidió en la necesidad de reforzar la vigilancia y dotar de mayor iluminación o podar árboles en los sitios cercanos a los clubes, que los tornan oscuros y propicios para los hechos delictivos.
Nada que no haya ocurrido en otras reuniones cuando se producen escaladas de robos, vandalismo y pillaje. Cuestiones impredecibles en cuanto a saber a quién le tocará “en suerte” ser la víctima de turno, pero que podrían ser más eficaces si hubiese mayor prevención y se dejara de lado el cómodo pase de facturas entre la Policía con su a veces cuestionable accionar; y una Justicia que es ciertamente garantista para con quien delinque.
En el caso de los clubes, los ataques arteros resultan más duros, si se considera que se trata de asociaciones civiles, que se solventan íntegramente del aporte de los socios; y sus dirigentes no son rentados: es decir que restan horas a sus labores o descansos para ponerle el hombro y tratar de engrandecer la entidad a la que aman.
Estos clubes en su mayoría no disponen de sistema de alarma, con lo cual los delincuentes gozan de impunidad, la que también se ve beneficiada por la falta de una fuerte vigilancia policial en el exterior de los edificios, no haciéndose la prevención que sería necesaria.
Aparte de sacar al niño o adolescente de la calle y otorgarle los beneficios físicos, espirituales y de camaradería que el deporte concede, los clubes también brindan trabajo a mucha gente, directa o indirectamente. De allí que los ataques a los que vienen siendo sometidos generen tanta impotencia y tristeza ante la falta de compasión de aquellos que viven del delito.///