Rodeada de acantilados blancos, una playa muy particular
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En Scala dei Turchi es posible bajar hasta el mar a través de escalones de piedra blanca. No es muy conocida a nivel internacional, pero sí muy valorada por los locales
Existe una playa muy poco conocida en Italia que merece ser visitada al menos una vez en la vida. Se trata de Scala dei Turchi –“escalera de los turcos”, en español–, ubicada en Realmonte, a 18 kilómetros de Agrigento en la región de Sicilia.
El mar turquesa contrasta con los acantilados blancos de piedra marga que lo rodean. Para bajar hasta la playa hay que hacerlo a través de ellos, lo que resulta sencillo porque, a través de los años, los vientos y las lluvias crearon hermosos escalones que conducen tranquilamente hasta la base.
Después de darse un chapuzón en las aguas cristalinas, quienes llegan al lugar suelen refregarse contra las piedras hasta quedar completamente blancos: aseguran que es un buen tratamiento natural de belleza.
La zona cuenta con la infraestructura necesaria para recibir a los turistas locales (no es muy conocida a nivel internacional), por lo que es posible pasar una noche allí, disfrutar de la gastronomía costera y visitar puntos turísticos como la Torre de Monterosso y los restos de una hermosa villa romana.
La playa de los turcos
El particular nombre de esta playa se debe a que los piratas sarracenos y árabes protegían sus embarcaciones del viento en los acantilados blancos y, además, el sitio era considerado un lugar seguro para quedarse. Así, la gente de la región, generalizando la procedencia de estos hombres, la bautizó como la “escalera de los turcos”.
En auto
Para llegar a Scala dei Turchi es necesario contar con un vehículo, que se puede alquilar en la ciudad de Agrigento, a sólo 18 kilómetros de este destino. Desde allí, hay que tomar la carretera estatal oriental en dirección a Castelvetrano hasta arribar a Realmonte, que es donde se encuentra la playa.
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Cerca de la “punta de la bota” de Italia se encuentra Tropea, un hermoso municipio perteneciente a Calabria. Se trata de un paraíso poco conocido, bañado por las aguas turquesas del mar Tirreno, con playas escondidas y acantilados de piedra únicos.
Apodada “la perla” por su inigualable belleza, es poco visitada por turistas, lo que la convierte en un destino más atractivo aún. Eso sí: si el viajero no está atento, lo más probable es que “no encuentre” las playas, ya que sólo tres calles y cinco escalinatas son las que desembocan en sus famosas arenas blancas.
Raíces
La historia de Tropea comienza en la época romana cuando, a lo largo de su costa, Sextus Pompey derrotó a Octavio. Y, según la leyenda, fue Hércules quien, volviendo de España, se paró en la Costa de los Dioses e hizo de Tropea uno de sus puertos.
Por otro lado, debido a su peculiar forma de terraza hacia el mar, la ciudad desempeñó un papel importante durante los períodos romano, normando y aragonés; y en las áreas circundantes se han encontrado tumbas que datan de la Magna Grecia.
Más allá del mar
En verano, Tropea vive la noche ofreciendo una amplia variedad de pubs, cafés, restaurantes, negocios de artesanías y discotecas. La calle principal, Vittorio Emanuele, se llena de gente que busca pasarla bien.
Durante el día se es imperdible recorrer las callecitas del casco histórico, cargadas de arte, y visitar la pintoresca Iglesia de Santa María, que se encuentra sobre una pequeña montaña de piedra sobre la playa. Detrás del templo aparece un hermoso jardín, y desde allí es posible ir hasta unas terrazas sobre el mar para disfrutar el atardecer.
Sin dudas, una ciudad perfecta para recorrer a pie y enamorarse de cada uno de sus detalles.