Romper la barrera de la velocidad y del tiempo
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Hace 55 años los Hermanos Emiliozzi hacían historia al superar los 200 km/h de promedio en la «Vuelta de Necochea»
En épocas en las que los pilotos eran mecánicos a la vez, los circuitos eran rutas de tierra y no existía un manual de referencia para armar un auto, Necochea era testigo de uno de los hitos históricos del Turismo Carretera, el campeonato de automovilismo más antiguo del país. El 31 de marzo de 1963, hace ya 55 años, los hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi quebraban la barrera de los 200 kilómetros por hora de promedio en una prueba de ruta en la «Vuelta de Necochea».
Los olavarrienses habían llegado a esta competencia en el primer puesto del torneo, fueron los primeros en partir, y terminaron adjudicándose la carrera tras 3 horas y 37 minutos. Se inscribieron 41 pilotos y largaron 28 para afrontar el circuito de 368 kilómetros. La competencia se iniciaba en Necochea, luego se dirigían a Tres Arroyos, Benito Juárez y de regreso a Necochea. Eran dos vueltas para un total de 737 km, distancias impensadas para las máquinas de hoy y que padecían las del ayer. En la primera vuelta abandonaron 13 vehículos y en la segunda dejaron la competencia otros seis.
Entre los pilotos que iniciaron la marcha se encontraban: Dante Emiliozzi (con el número 1 pintado en un Ford V8), Armando J. Ríos (Chevrolet, Santiago Luján Saigos (Ford V8), Angel Meunier (Chevrolet 6), Carlos Menditeguy (Ford V8), Carlos Pairetti (Chevrolet 6), Norberto Palagani (Ford V8), José Morán (Chevrolet 6), Eduardo Casa (Ford V8), 10) Félix Mabelini (Ford V8), Segundo Taraborelli (Ford V8), Carmelo Galbato (Ford V8), Antonio Tempone y Juan Manuel Bordeu (Chevrolet 6).
A un promedio de 203,526 kilómetros por hora, los Emiliozzi hicieron trizas la barrera de los 200 que en algún momento parecía infranqueable. Al año siguiente, también en Necochea, Marcos Ciani ganó y se convirtió en el nuevo «recordman» al vencer a 205,156 km/h, los Emiliozzi mantuvieron la satisfacción de haber sido los primeros en romper la barrera que parecía inalcanzable cuando el TC comenzó a recorrer las rutas argentinas a fines del 30.
Dominio
En Necochea, en aquel 63, no fue un triunfo cómodo para la Ford Coupé de los Emiliozzi, quienes en el primer control habían perdido la punta a manos del Dodge de Ciani. Al llegar a Tres Arroyos, Ciani ya le llevaba casi un minuto, pero cuando estaba por llegar a Necochea, a punto de cumplir la primera de las dos vueltas de carrera, cortó un bulón de la placa de embrague y desertó. A partir de allí, Dante Emiliozzi heredó la punta y finalmente alcanzó la histórica victoria de tres minutos de ventaja sobre Santiago Luján Saigós (Ford) y otros seis sobre Juan Manuel Bordeu (Chevrolet). El ganador de esta competencia se adjudicó el premio Máquinas Ardanaz, en homenaje a Juan Galvez.
Tras sus éxitos previos en Olavarría y Pergamino, los hermanos olavarrienses extendieron su dominio así en todas las fechas de la temporada y se consolidaron en la punta del campeonato. A esa seguidilla de victorias se sumaron luego otros siete éxitos (Arrecifes, Bahía Blanca, La Pampa, Salto, Las 500 Millas Merceditas, Nueve de Julio y Tandil) lo que les permitió alcanzar con holgura su segunda corona consecutiva en la categoría.
Epoca dorada
Más allá de la bandera a cuatros y las copas, aquel 1963 y el récord reflejó como pocos hechos esa época dorada del Turismo Carretera. Necochea era sinónimo de velocidad, el segundo banco de pruebas que tenían los mecánicos y la chance de quebrar récords de velocidad. La carrera necochense compartía el honor de ser la más veloz del calendario junto a la vuelta de Tres Arroyos ya que ambas se disputaban por los mismos caminos. Así pues, entre principios de los 50 y fines de los 60 estas pruebas fueron escenarios de varios récords de velocidad. Los pilotos con más chances de establecer uno nuevo eran Dante Emiliozzi (Ford V8) y Armando J. Ríos (Chevrolet 6), porque se decían que tenían los autos más veloces, este último había establecido una marca de 194,861 kilómetros por hora en la décima Vuelta de Tres Arroyos. Sin embargo, el record de velocidad hasta ese momento lo tenía Angel Rosel Meunier con 198,134 logrado el año 1962 en la tercera «Vuelta de Necochea».
Dante y Torcuato Emiliozzi, mecánicos de profesión, fueron revolucionarios en el Turismo de Carretera entre los años 1950 y 1969, reformando un motor Ford V8 59 AB que de la fábrica de Detroit mandaban con las válvulas en posición lateral. Guiados por la audacia y la intuición, rediseñaron ese motor colocando las válvulas a la cabeza, mucho antes que el sistema fuera adoptado como standart en Estados Unidos por la Ford Company. Una carrera manejaba Dante, en la siguiente se alternaba Torcuato, cuatro años mayor. Como la rotación parecía no dar resultados, hicieron un pacto: “Aquel de los dos que gane la primera próxima carrera va a ser el piloto para siempre y su acompañante el otro”. Y así fue nomás, aunque tuvieron que esperar hasta 1953, cuando con Dante ganaron la Vuelta de Chacabuco.
A partir de allí arrasaron con todo, a bordo de la “Galera”, como se apodó a la Ford Coupé de los Emiliozzi. Fueron campeones argentinos cuatro veces consecutivas (desde 1962 hasta 1965) y se adjudicaron 43 carreras. Quedaron en la historia el día en que un automóvil con motor de válvulas laterales superó los 200 km/hora de promedio en una prueba de ruta. Cuando en las indomables rutas de Necochea superaba los 225 kilómetros por hora, y hacía imposible a las avionetas de las transmisiones radiales seguirla en las rectas.