Rudolf Nureyev y Margot Fonteyn figuras de “El lago de los cisnes”
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En Temporada Lírica de Verano se proyecta “El lago de los cisnes”, de Tchaikovsky
Este jueves, a las 20, tiene lugar en el Auditórium del Centro Cultural de Necochea, calle 54 N° 3062, una nueva función de la Temporada Lírica de Verano, conducida por la profesora Ana Gabino. En la ocasión se proyecta la versión filmada el 15 de octubre de 1996 en la Staatsoper de Viena con la participación del Ballet del teatro y de la Orquesata Sinfónica de Viena dirigida por John Lanchbery.
La ópera y el ballet integran a la totalidad de las artes. Música, literatura, danza, pintura, escultura, arquitectura, sumadas a la tecnología, son partícipes de cada obra. Intervienen cientos de personas entre las que están en el foso de la orquesta y en el escenario, más quienes han diseñado y ejecutado las escenografías y el vestuario. También los técnicos responsables de” la tramoya”, que es el conjunto de dispositivos manejados durante la representación teatral para realizar los cambios de decorado y los efectos escénicos.
El compositor ruso Pyotr Ilych Tchaikovsky (1840-1893) es autor de ballets famosos como “El Cascanueces” y “La bella durmiente”, pero también ha dejado óperas, sinfonías y conciertos que mantienen su popularidad y vigencia por su excepcional calidad.
Exito
La primera representación de “El lago de los cisnes” tuvo lugar el 4 de marzo de 1877 en el Teatro Bolshói de Moscú y no fue muy celebrada. Sin embargo, el 15 de enero de 1895 en el Teatro Mariinski de San Petersburgo esta misma obra logró su primer gran éxito con una nueva coreografía a cargo de Marius Petipa y Lev Ivanov. Desde entonces ha mantenido su vigencia y, especialmente desde el siglo pasado, esta obra es reconocida como el paradigma del ballet clásico y uno de los más valiosos legados de la Rusia imperial.
La histórica versión que se proyectará se filmó en la Staatsoper de Viena con la participación del Ballet del teatro y de la Orquesata Sinfónica de Viena dirigida por John Lanchbery. Merece destacarse que los solistas son Rudolf Nureyev (Rusia 1938-Francia 1993) y Margot Fonteyn (Inglaterra 1919-Panamá 1991). Ambos formaron la más famosa la pareja de bailarines clásicos del siglo XX.
El joven Nureyev era primera figura e ídolo del Teatro Mariinski de San Petersburgo. En una de las giras en 1961 pudo escaparse en el aeropuerto Le Bourget de Paris. Empezó en libertad una impresionante carrera artística internacional, que finalizó en Paris, donde había comenzado .En 1983 fue nombrado director del Ballet del Palacio Garnier, donde además de ejercer de director también continuó bailando. A pesar de su avanzada enfermedad hacia el final de su cargo, trabajó incansablemente produciendo algunas de las obras coreográficas más revolucionarias de su época.
Ovacionado
Cuando, alrededor de 1990, su enfermedad era evidente tuvo que aceptar el hecho de que estaba muriendo. Ganó la admiración por su coraje durante este período, y continuó apareciendo públicamente a pesar de su empeoramiento físico. En su última aparición, en 1992 en el Palacio Garnier de París, Nuréyev recibió una emocionante ovación del público. El ministro francés de cultura, Jack Lang, le hizo entrega del mayor trofeo cultural de Francia, el de Caballero de la Orden de las Artes y Letras. Murió meses más tarde, a la edad de 54 años, en la ciudad de París.
Su encuentro con Margot Fontayne en 1969 fue trascendental. Ella, a los 42 años, ya estaba pensando en dejar su exitosa carrera de primera bailarina del Covent Garden de Londres. Tal fue el deslumbramiento al ver bailar al ruso, que le abrió las puertas del Royal Ballet y lo hospedó en su casa de Londres. Pronto se les propuso bailar en pareja. La decisión no fue fácil para ella pero fue una propuesta tan excitante e irresistible el actuar con tan fantástico bailarín que decidió hacer un colosal esfuerzo. Bailaron juntos 14 años. Eran invencibles y entre ellos había una perfecta y electrizante complementación. Encendían al público y provocaban interminables aplausos, En el escenario eran deslumbrantes, y sus escenas de amor eran apasionadas. Dejaron un recuerdo inolvidable.