Sacerdocio: una firme vocación de amor y entrega a Dios
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Los seminaristas Rodrigo Juan y Agustín Corral contaron su experiencia personal
En la semana de las vocaciones, la Diócesis de Mar del Plata recordó que hay varios seminaristas que estudian en La Plata, en el seminario Mayor San José, entre ellos Rodrigo Juan y Agustín Corral, oriundos de nuestra ciudad, quienes contaron su experiencia personal en el camino del sacerdocio.
El seminario se divide en dos etapas, primero tiene cuatro años de formación en filosofía y luego cuatro años más de formación en teología.
Rodrigo cursa el 2º año en Filosofía y recordó su recorrido escolar. Cursó en el Colegio Nuestra Señora del Rosario que pertenece a la Congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata y siendo muy joven participó del movimiento anunciatista.
A los 15 años se sumó al grupo juvenil “Maranata” de la parroquia Santa María del Carmen y luego ayudó como monaguillo en las liturgias religiosas junto al padre Juan Cruz Menilli.
Cuando terminó el secundario se radicó en Mar del Plata, donde comenzó a estudiar el profesorado de Teología, en la escuela universitaria del Obispado, y allí en los momentos de soledad, empezó a surgir la vocación al sacerdocio.
“Cuando me enteré que Agustín entró al seminario me pregunté ¿por qué yo no? Y empecé el Iter en la Diócesis de Mar del Plata, un camino de un año donde uno está acompañado del cura, un psicólogo y el obispo, donde uno va teniendo herramientas y uno decide entregarle su vida a Dios, es decir, nosotros para entrar al seminario hacemos un camino de reflexión junto a un psicólogo para saber si es o no el camino correcto para nosotros”, manifestó.
Su rutina comienza a las 6.30 con la primera misa y luego comienzan la cursada virtual en el marco de la pandemia y luego almuerzan juntos.
Rodrigo está en contacto directo con su familia y amigos e inclusive los pueden ir a visitar al seminario, siempre y cuando se cumpla en el marco del protocolo, al aire libre, distancia y barbijo.
Al momento de hacer un análisis, Rodrigo no dudó en afirmar que “lo que a uno le da satisfacción es poder compartir la vida con otros que sienten el mismo sentimiento hacia Dios, con otra historia y otra realidad”.
Este año Rodrigo hace la pastoral los sábados en la parroquia Inmaculada Corazón de María de City Bell en La Plata y, al mismo tiempo, este año le tocó ser chofer en el seminario, siendo una responsabilidad más que disfruta en este nuevo rol.
Contención
Por su parte, Agustín Corral, cursa el 4º de Filosofía y comenzó sus estudios en el Colegio Pío XII. En este sentido, mencionó que su vida religiosa comenzó cuando su mamá lo tenía en su vientre y ella daba catequesis. “Está lo que se llama religión por tradición y yo la tenía, es decir, recibí de mi familia la religión y yo la fui cultivando y en algún momento tuve ese quiebre donde me planteé si era lo que yo creía o era una tradición y tuve que descubrir que Dios me amaba a mi particularmente y por eso decidí seguirlo”, remarcó.
Agustín aseveró que la llegada de varios curas jóvenes a Necochea fue muy importante para él y mencionó a Maximiliano Frías, Juan Cruz Menilli, Mario Fernández y recientemente llegó Gonzalo Domench. “Fue una imagen linda de nosotros, que también somos personas normales y salimos del pueblo, de las parroquias. Todas las etapas de los sacerdotes tienen sus riquezas, los más grandes también como el padre Hernán, José Luis y Fernando que actualmente está en la parroquia Santa María del Carmen y la imagen del padre Francisco Ardanaz, también fue importante por su fidelidad al sacerdocio”, detalló.
Una de las satisfacciones que le ha dado el seminario a Agustín es el bien que le hace a la gente una palabra de aliento, de fe, la cercanía de un sacerdote y ver que esa persona sale adelante en ese momento de dificultad. El año pasado le tocó atravesar una situación muy difícil y señaló “me tocó perder a un familiar muy cercano y por más que humanamente a uno le cueste entender lo que vivió, entiendo que el proyecto de Dios es más grande”.
En el marco de la pandemia, Agustín opinó que “la iglesia junto con otro montón de asociaciones tuvo una gran influencia en lo social, a la gente la afectó mucho económicamente y la iglesia tuvo un papel muy importante desde Cáritas. Espiritualmente creo que la gente necesitó mucho la palabra de Dios, sobre todo los que están viviendo solos o que le tocó perder a un familiar sin poder despedirlo, ese acompañamiento les vino muy bien, inclusive a aquellas familias que tuvieron que convivir las 24 horas y no estaban acostumbradas”.
Por último, indicó que con la pandemia no se dejó ingresar a personas externas al seminario para realizar tareas y ellos mismos pasaron a realizar el mantenimiento, la comida, lo cual evaluó como un aprendizaje y un lindo desafío para la vida comunitaria en el seminario.///