Saludables ejemplos
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En el cúmulo de vivencias que hacen al quehacer ciudadano, surgen algunos comportamientos o acciones que pueden pasar desapercibidos en el conjunto, pero cuando se echa luz sobre los mismos, se los puede proyectar como buenos ejemplos.
En su edición del pasado viernes Ecos Diarios dio cuenta de la actitud de dos comerciantes, que prefirieron sólo difundir sus nombres de pila, y que tuvieron el gesto de donar una bandera de 5 metros de largo por 2,60 metros de ancho, para que empiece a flamear cada día en el mástil de la plazoleta de 10 y 91.
Enterados de la no existencia de una insignia con los colores patrios de las citadas dimensiones para el lugar, los vecinos no titubearon en hacer la donación al patrimonio de la Municipalidad, para que vuelva a flamear como corresponde.
La donación, sin embargo, conlleva una razón extra, ya que quienes la hicieron esgrimieron que pretendían mantener viva la noble labor de la vecina Stella Maris Royo, fallecida este año, quien durante décadas elaboró banderas con sus propias manos, las que ella misma concurría a izar y arriar en cada jornada.
Apasionada por la bandera, lo que vivía con suma alegría, la vecina también confeccionó una de grandes dimensiones, que donó al municipio y que en cada fecha patria cuelga desde el primer piso del edificio de la comuna, cubriendo buena parte de su fachada, por eso el gesto de conservar la buena costumbre de Stella Maris Royo, aparece como una cuestión a ponderar.
Sus actos de conciencia ciudadana han tenido algunos correlatos, lamentablemente no mantenidos en el tiempo, como la del vecino Oscar Calatrava, que durante mucho tiempo fuera a encender diariamente la llama votiva del monumento al general José de San Martín, en 59 y Diagonal.
En contrapartida a estas demostraciones, que bueno sería se vayan sembrando en las nuevas generaciones, se suelen observar banderas en muy mal estado en plazas, monumentos y hasta en edificios de organismos oficiales, como el complejo educativo Jesuita Cardiel, donde últimamente ha ondeado una bandera cuasi mutilada. No más que una verdadera afrenta.
A esta altura es necesario reivindicar el valor de nuestra enseña patria, que orgullosamente nos identifica. No en vano las grandes expresiones del pueblo se expresan a través de ella y del Himno Nacional como, por caso, viene aconteciendo en los banderazos que se repiten este año en contra de las malas políticas del Gobierno.
Las acciones solidarias y patrióticas, expuestas en esta columna, ciertamente no tienen demasiadas réplicas. Se trata de actos con cierto tono romántico, sin estridencias, pero que nos enseñan cómo se debe mantener viva la llama de sentirnos dignos habitantes de esta nación. Y cuánta falta nos hace que ocurran hechos como estos.///