Se entregó el sacerdote acusado de abuso en un colegio de Caseros
El sacerdote Carlos Eduardo José, denunciado por abuso sexual contra menores de edad en un colegio católico de la localidad bonaerense de Caseros, se entregó hoy a la justicia y quedó detenido, informaron fuentes judiciales.
La fiscal Mariana Piwarczuk había imputado a José y pedido de detención después de que dos ex alumnas del colegio San Francisco Javier, de Caseros, denunciaron haber sido sometidas a abuso sexual por el sacerdote cuando eran menores de edad.
Fuentes judiciales confirmaron que José, quien tenía pedido de captura ordenado por el juez Mariano Porto, se presentó en la UFI 14 de San Martín para prestar declaración indagatoria junto con un abogado y quedó detenido.
En el marco de la investigación de los casos de abusos perpetrados hace diez años, pero denunciados en la justicia recientemente, la Fiscalía imputó a José por «abuso simple y gravemente ultrajante», delito que prevé una pena mínima de ocho años de prisión.
El obispado de San Martín informó el martes que José renunció al estado clerical, pero el Vaticano aclaró que su dimisión no puede considerarse válida porque no siguió los procedimientos habituales, por lo que el sacerdote además del proceso civil afrontará un juicio canónico por los abusos que se le imputan. Un grupo de sacerdotes de la diócesis de San Martín se quejaron hoy en un comunicado por no haber sido informados por su obispo, monseñor Guillermo Rodríguez-Melgarejo, de los casos de abusos que se le atribuyen a José.
«Es nuestro deseo que los curas de San Martín hubiésemos estado al tanto de lo que realmente pasaba en el momento en que era necesario saberlo», expresaron los sacerdotes y agregaron: «La verdadera caridad exige justicia, y por eso queremos un estilo pastoral donde siempre nos manejemos con transparencia, denunciemos lo injusto, protejamos al débil, busquemos la verdad y pidamos lo justo».
Mailín Gobbo dijo que necesitó de muchos años de terapia psicológica para asumir lo que le pasó y animarse a denunciar al sacerdote, que era su confesor, cercano a su familia y visitaba habitualmente su casa.
«Cuando me llevaba a confesar me hacía sentarme en su pierna y ponía su mano en mi zona», sostuvo al borde del llanto, y precisó que la primera vez que fue abusada por José fue en la pileta del colegio de Caseros. La declaración de Gobbo fue coincidente con el testimonio de la otra denunciante, llamada Jazmín Detez, quien sin conocer a la primera denunció: «Me acuerdo que él me agarraba con el motivo de enseñarme a nadar y por debajo del agua me manoseaba».