Se espera la zafra de anchoas
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En Engraucoop. Actualmente hay alrededor de 90 cooperativistas para el procesamiento, y la demanda de puestos es alta. Experiencias de las trabajadores
El trabajo en Engraucoop lo llevan adelante principalmente mujeres, mediante un proceso artesanal de la anchoa, que luego comercializan. Actualmente, hay cerca de 90 desempeñándose, debido a que todavía se encuentran en temporada baja, a la espera de la zafra, momento en el que duplican el personal, incrementándose a aproximadamente 200, mujeres en su mayoría, ya que sólo el 10% de los cupos lo ocupan hombres.
En este momento, trabajan exclusivamente para un cliente con el que mantienen un vínculo que ya lleva dos años, que les garantiza la continuidad laboral. Asimismo, venden frascos de anchoas a quienes se acercan a la cooperativa, aunque este no representa su ingreso primordial.
Tareas
Con música de fondo, costumbre que mantienen desde la época en que trabajaban bajo el régimen de empleados a cargo del dueño de la empresa, las mujeres realizan sus tareas manualmente: sentadas hacen el fileteo. Mientras, los pocos hombres que hay -en este momento no llegan a diez- hacen los trabajos más pesados, como lavar la pesca, cerrar frascos o mover objetos pesados.
Analía Morino es una de las que más tiempo lleva en Engraucoop, 32 años; hoy es la gerente coordinadora, y conoce en detalle todo el movimiento del lugar. Trabajó 25 años en relación de dependencia y siete que llevan siendo una cooperativa. “Es mejor trabajar en cooperativismo y no en relación de dependencia”, expresó a gusto con la situación actual.
Cabe destacar que cuando falleció el dueño de la empresa, sus dos hijos se radicaron en España y dejaron el manejo, “nos abandonaron”, dijo Analía. Fue un momento duro, en el que llegaron a lavar autos y amasaban empanadas y sorrentinos que salían a vender, con la intención de no abandonar el edificio y preservar la fuente laboral. Analía destacó que “hoy estarían sólo los cimientos si nos hubiéramos ido”.
Familias
“El 95 % de las que están sentadas son chicas que tienen hijos y viven solas con ellos y los están criando con este trabajo”, expresó Analía. Cobran por semana, según la cantidad de frascos que hagan, y no queda dinero extra para la cooperativa.
La demanda de trabajo es alta, y cuentan con varios cuadernos con anotaciones de los datos de la gente que se acerca a consultar, tanto hombres como mujeres. Por tal motivo, Analía sugirió no mencionar en esta nota la cifra exacta del sueldo, ya que consideró que podría incrementar las solicitudes y ya cuentan con la gente que necesitan y una larga lista de espera.
Angela Martínez también vivió todo el proceso de conformación de la cooperativa, y para ella, hoy se encuentran en uno de sus mejores momentos, ya que casi no detienen la producción. “Cuando tomamos la fábrica nos tuvimos que quedar acá adentro noche y día”, manifestó, y llegó un momento en el que gastos como luz y gas les eran imposibles de costear, y lo que conseguían les alcanzaba para las costas del día.
Organización
Las mujeres destacaron que se organizan muy bien, ya que cada una cumple su función en tiempo y forma, pero llegar a este punto costó sacrificio. “El objetico es estar siempre tirando para adelante y que todo salga bien”, enfatizó Analía. Así, son cuatro los que organizan las tareas y no hay prácticamente errores en las jornadas laborales, que se desarrollan de 7 a 13 diariamente.
Por otro lado, para realizar las tareas, resulta fundamental cumplir con los requisitos de higiene reglamentarios, como la rigurosidad en la indumentaria blanca y los objetos que entren en contacto con los alimentos.
Mónica Liberatore hace 26 años que está en la empresa. Hoy, agradece la tranquilidad y continuidad de su trabajo, “después de tanta lucha”, mencionó. Ella, es sostén de familia, y consideró que puede decir que está muy bien con las condiciones laborales. A su vez, nunca pensó en abandonar el puesto y siempre confió en que la cooperativa iba a funcionar.
Producción
Vale destacar que este año, la zafra va a entrar más tarde que en años anterior, lo que esperan con ansiedad. Ahora, trabajan en un salón más chico que el que usan cuando el trabajo está en su máximo, en el que hacen el fileteo y envasado de la anchoa. Cuando entre la zafra, usan un salón de amplias dimensiones; mientras, hacen entre 4.000 y 5.000 frascos de 90 gramos de anchoas.
El cliente que compra la producción, les abastece todos los insumos y la cooperativa les brinda la mano de obra, es decir, presta un servicio. Este cliente es esencial para el buen funcionamiento, ya que no reciben ningún tipo de subsidio o apoyo estatal.
Colaboración
En nuestra ciudad, existen otros casos de cooperativas conformadas en situaciones similares. Desde la experiencia de Engraucoop, tratan de asesorar a los que se inician. Han dialogado y apoyado a los trabajadores de una panadería que cerró, y mantienen contacto con La Recuperada, quienes pasaron lo mismo que ellas.
Asimismo, ahora participan junto a los empleados de una clínica local, que se encuentran formando su cooperativa. “Conformar la cooperativa es fácil, pero después hay que saberlo llevar y organizarse”, expresó Analía Morino, refiriéndose al manejo del dinero, horarios y demás. Desde su caso, tuvieron la suerte de que continuaran quienes estaban a cargo de la administración y conocían el funcionamiento, lo que fue de gran ayuda, ya que ellas eran trabajadoras que sabían bien cómo llevar adelante la labor manual, pero no el resto de lo que ahora manejan para que todo funcione de buena manera.