Se necesita mayor control
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Seguramente no vamos a descubrir nada si decimos que el tránsito vehicular es desde hace largo tiempo un caos, aunque las anormalidades en la forma de conducir y no respetar las reglas siguen en constante ascenso.
Exceso de velocidad; no respeto de las manos de circulación, ni de la luz roja de los semáforos (en especial motos y bicicletas); rodados estacionados en doble fila; personas que manejan alcoholizadas o hablando por celular y motociclistas que viajan sin el casco protector puesto, son algunas de las acciones a las que lamentablemente nos hemos acostumbrado.
Este pandemónium que se ha apropiado de las calles y hace estragos en las horas pico de entrada o salida laboral o de las escuelas, se traduce en constantes accidentes de diversas consecuencias: las más leves de contusiones o lesiones de menor o mayor gravedad, y otras con derivaciones más trágicas como lo son las pérdidas de vida. En este último aspecto se siguen acumulando las muertes de personas que viajan en motos y colisionan con vehículos de mayor porte.
El caos y la falta de cumplimiento de las normas tienen en la falta de control por parte del Estado municipal a un aliado. Es que si bien habría que contar con un batallón de inspectores en las calles para sancionar tantas infracciones, los que se ven evidentemente no alcanzan para morigerar la problemática.
Desde hace tiempo no se da cuenta de controles de alcoholemia, sobre todo nocturnos, aunque sorprendentemente den positivos muchos de los que se llevan adelante luego de choques protagonizados en horarios diurnos.
Ante tamaña quietud en materia de vigilancia, cada uno hace lo que le place en la calle. Y obviamente los beneficios de la buena convivencia cada vez se diluyen más.
Justo es decir, en parte por una campaña de controles que se efectuara tiempo atrás en la zona de la Villa Díaz Vélez o porque dejaron de ser una moda para sus cultores, han desparecido del caótico escenario las picadas y los ruidosos “cortes” de motos, que producen molestas explosiones que alteran la tranquilidad de los ciudadanos.
Obviamente que lo descripto no es privativo de Necochea, y se repite en la mayoría de las ciudades de la región. En tal sentido, el Ejecutivo municipal de Mar del Plata ha anunciado la puesta en marcha de una campaña para controlar y sancionar a quienes incumplen y de esta manera ponen en juego la vida de terceros.
Dentro de las ideas que piensa instrumentar el vecino municipio se contempla una aplicación, que servirá para denunciar infracciones de tránsito. La misma apuesta al compromiso del ciudadano, ya que se entiende que el Estado solo no puede morigerar o poner en línea este desmadre.
A través de la citada aplicación se podrá tomar registro fotográfico de la contravención y la patente del vehículo implicado para enviar los datos al municipio en tiempo real. Y las denuncias serán analizadas y, si son validadas, se aplicarán multas.
En principio se pretende agilizar las denuncias sobre faltas como las de estacionamiento en cordón amarillo, sobre senda peatonal, ochava, reservado, espacios verdes u obstrucción de rampas o bicicleteros; o doblar “en U” en las avenidas.
Se trata de una herramienta que origina algunas dudas en cuanto al compromiso que observará el ciudadano para con la propuesta. Pero al menos se trata de una idea en la que se podría reparar, sumando otras como ser el aporte que puedan hacer las pocas cámaras de seguridad que captan imágenes permanentemente en la vía pública local.
Sin dudas que para que esta escalada de anormalidades se pueda morigerar- hemos llegado al grado que nos conformaría si al menos se pudiera reducir el caos- hace falta un real cambio social y cultural respecto a cómo manejamos. Y la educación vial y el aprendizaje general para razonar qué está bien y qué no, son dos caminos en los que se debería incursionar.///