Se recibió el 2021 con renovada ilusión
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Brindis. Cuando el reloj marcó la medianoche, las familias se saludaron con la alegría de dejar atrás un año difícil y con la esperanza de que el que comienza sea mejor. Música y festejos en los hogares
La llegada del 2021 produjo en la mayoría de los hogares de Necochea una rara e intensa mezcla de sentimientos, con la pandemia de coronavirus como telón de fondo. Al dar la medianoche se generó en personas de todas las edades un desahogo por dejar atrás a uno de los años más nefastos que recuerde la humanidad, y a la vez se brindó con entusiasmo y esperanza en que el nuevo tiempo empiece a significar el regreso de la normalidad.
Esta vez la temperatura no fue tan benévola como la de Navidad, lo que invitó a cenar bajo techo, con la consigna en varios casos de comer con la debida separación entre comensales, y sobre todo cuidando a las personas mayores.
En cuanto a los platos, la comida fría se impuso por sobre los asados, en buena parte por el alto costo que ha alcanzado la carne. Y nuevamente en las mesas reinaron el vitel toné, la torre de panqueques y los piononos rellenos. Las tradicionales confituras, con el turrón turco (Mantecol) a la cabeza completaron la mesa, bien regada de bebidas.
Al llegar las doce se cumplieron algunos rituales, como el de comer otrtas tantas uvas, una por cada mes del año e invocando un deseo al hacerlo; y los brindis de parado, solamente con el pie derecho apoyado en el piso.
Más música que pirotecnia
En cuanto a la pirotecnia, si bien fue superior a la de Navidad, observándose en varios barrios el lanzamiento de las no ruidosas bengalas, se trata de un rubro en decadencia en los últimos años. Mascotas y personas con autismo, agradecidas.
La música, preferentemente la cumbia, suplantó el ruido de las explosiones, generándose bailes familiares y posteriores brindis con la vecindad, la mayoría con el barbijo puesto.
Justo es decir que, al menos en los domicilios, no se produjo una desbordante euforia. Se puede decir que primó el alivio, la tristeza de quienes perdieron a sus seres queridos por el Covid u otras cuestiones, y una mueca de preocupación porque aún falta para regresar a la tranquilidad de las épocas sin virus.
Otro “boliche al aire libre” y desmanes
Tal cual ocurriera en Navidad, transcurrida la primera hora del nuevo año, cientos de jóvenes se dirigieron a la zona de la avenida 2 y parque Miguel Lillo, donde hasta las primeras luces de la jornada de viernes se concentró una bulliciosa muchedumbre. Y nuevamente toda medida protectora respecto a pandemia quedó de lado.
Muchos de los concurrentes arribaban al sector con bebidas alcohólicas en sus manos y hasta heladeras de las que se llevan habitualmente a la playa portando todo tipo de bebidas.
Con la música a pleno y a medida que el alcohol iba haciendo sus efectos, se produjeron algunos incidentes, como agresiones verbales y algún otro ataque a los conductores y vehículos que pretendían circular por el sector.
Asimismo se vio a algunos jóvenes haciendo chirriar las cubiertas de sus rodados, sin avanzar, generando una densa humareda negra, que fue ganando y ensuciando el entorno.
La falta de control por parte del Estado (llámese fuerzas de seguridad y municipio), o al menos una prevención y disuasión para evitar que se junten muchas personas, tampoco alcanzó para contener tanta euforia juvenil.
En la mañana de ayer personal municipal tuvo que concurrir al sector, que se asemejaba al resultado de una batalla campal, para llenar infinidad de bolsas con residuos de todo tipo – en especial latas y botellas- que sin ningún cuidado ambiental se abandonaron en el lugar. Una situación que promete repetirse en las noches de verano que se avecinan si no se toman cartas en el asunto con mayor rigurosidad. ///