Se sabía que iba a faltar agua
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El 16 de enero de 2002, hace 30 años, Ecos Diarios publicaba en su tapa como título principal, “Se aseguró que hay suficiente caudal de agua en Necochea”. En realidad no podemos aseverar que realmente haya habido la necesaria cantidad de agua durante ese verano, porque habría que indagar en el archivo qué pasó, más adelante. Si el problema no hubiese sido endémico en cada temporada estival no debería haber sido necesario dar a conocer oficialmente esa información como cubriéndose las espaldas. El título viene a cuento porque pasado 30 años el tema por la falta de agua es un problema recurrente que sufre la población entrado el mes de enero.
Obviamente, la baja presión o lo que es peor ni una gota empezó a ocurrir en el peor momento en una temporada que, por la gran afluencia de público que se estima como una de las mejores de últimos años por la mayor cantidad de visitantes y en pleno estío, con los hoteles y edificios repletos de turistas, cuando recién comenzaba la segunda semana del año y el Servicio Meteorológico Nacional pronosticaba que el país se convertiría por unos días en el más caluroso del planeta, con temperaturas que podrían superar los 40º el suministro de agua potable a través de la red domiciliaria colapsó.
Pero no se trata de un inconveniente inesperado. En algunos barrios es un drama de todo el año, pero que se agrava en los días de calor. Podemos asegurar que, hace 70 años en 60 y 61 la falta de presión ya era cosa común entrado el verano. Hoy de igual forma son necesarias el uso bombas elevadoras a los tanques intermediarios, en algunos sectores como calle 71 o en 67 y 38 también en 6 y 75 sólo por citar puntos que nos vienen a la memoria. Sin embargo, esta semana la falta de presión del sistema llegó hasta lugares donde el agua no faltaba nunca.
Aunque durante la actual gestión se han comprado bombas nuevas, se han automatizado pozos, se realizaron nuevas perforaciones y se llevó el agua potable a barrios que no contaban con el fluido, una sumatoria de factores que se arrastran desde hace décadas terminaron por dejar a gran parte de la población del núcleo urbano sin agua. Desde el municipio se indicó que no es un problema exclusivo de Necochea y en la televisión nacional se ha visto que otras ciudades balnearias han sufrido en algún barrio los mismos problemas.
Sin embargo, en el caso de Necochea, además de la mayor demanda que se ha registrado en los últimos días debido a la presencia de turistas y el calor, son muchos y antiguos los factores que han incidido en esta situación que llevó a algunos vecinos a hacer un “reposerazo” en la tarde del martes, en protesta por la falta de agua.
Se trata de una compleja maraña de situaciones, tan enredadas como las conexiones clandestinas, de acuerdo a las excusas de siempre, gran parte de éstas existentes en muchos sectores. Se habla de conexiones clandestinas pero no se explica cuál es el motivo de esta irregularidad, si el servicio es gratuito y el por qué ocurre esta modalidad de abastecimiento. Va de suyo que la red que maneja el municipio no se ajusta a la demanda de la ciudad.
Aunque el lunes algunos funcionarios en sus recorridas por los puntos afectados se “sorprendieron” por la existencia de conexiones clandestinas, eso en realidad es una situación que no deberían desconocer. Estos argumentos Ecos Diarios, los viene publicado desde tiempo inmemorial, como el de las Pelopinchos o que los necochenses gastamos más agua que cualquier otro ser humano.
Se le ha escapado de las manos a Obras Sanitarias, por falta de presupuesto o vaya a saber porque pero le resulta difícil saber cuál es la extensión de la red y la lógica indica que al desconocer este dato es muy espinoso saber cuál es la presión necesaria para que el agua llegue con normalidad a las viviendas.
Ante esta situación el tanque intermediario en cada domicilio es esencial para que cada hogar pueda contar con agua en horas del día donde baja la presión consecuencia de esta red obsoleta. Durante todo el año se aprecia a personal emparchando pérdidas, a veces luego de días de derroche. También es una verdad tan sólida como una pared que gran parte del servicio se transporta sobre cañerías que tienen décadas y a mayor presión estas revientan.
Semanas atrás se había producido un desperfecto en un caño de gran caudal que recorre un largo tramo de la avenida 59.
Se desconoce cuántos años de servicio tiene el conducto en cuestión, al igual que muchos otros de los barrios más viejos, donde el agua potable llega desde hace décadas.
Pero lo cierto es que la situación planteada al inicio de la semana les recordó a los necochenses que el agua siempre ha sido un problema y que los distintos gobiernos municipales siempre han corrido tratando de solucionar lo urgente, pero nunca parecen haber planificado para prevenir lo previsible. Aquí se podría aplicar la teoría que enterrar plata no es bueno para hacer política.
Sin duda la falta de planificación es la madre de todos los problemas que hoy encontramos en cuanto a la ausencia de infraestructura. El 28 noviembre de 1996 se publicaba en Ecos Diarios un artículo que hacía referencia al lanzamiento de un plan del gobierno municipal para regularizar las conexiones no declaradas a las redes de agua.
El plan señalaba en sus consideraciones que “por falta de un plan sistemático de inversiones en el área, el servicio no ha podido acompañar en su crecimiento la expansión de la ciudad, lo que ha resultado en que en muchos casos y ante la falta de un servicio tan elemental como el agua corriente, los vecinos se han visto obligados a conectarse a la red pública en forma clandestina”.
Poco después, el 25 de enero de 1997 el Departamento Ejecutivo y el bloque de concejales de la Agrupación Comunal Transformadora comenzaron a analizar el borrador de un proyecto de creación del denominado “Plan de reconversión del servicio de Obras Sanitarias de la Municipalidad de Necochea”.
El mentado proyecto contenía “las directivas básicas y objetivas” del servicio para los próximos veinte años y especialmente el trabajo a cumplir en el primer quinquenio, comprendido “desde el 1º de enero de 1997 hasta el 31 de diciembre de 2002”.
Se pretendía crear un marco regulatorio, instalar medidores de agua, construir colectoras y una planta depuradora.
Incluso se planteaba cobrar una tasa “solidaria” para ejecutar las colectoras y la planta depuradora.
Pasó el tiempo y tras varios grandes cortes de agua, mientras se seguía hablando de la instalación de medidores, el 26 de marzo de 2000 se dio a conocer un informe que indicaba que en la ciudad existían 5.000 conexiones clandestinas.
Poco después se llegó a la conclusión de que los pozos de agua estaban sobreexplotados y antes de finalizar el año, el 21 de diciembre de 2000, desde la Secretaría de Planeamiento, Obras y Servicios Públicos se anunció algo que parecía obvio: en la temporada de verano faltaría el agua.
La deficiencia en el servicio llevó a que incluso instituciones como el Rotary Club Necochea Norte tomara cartas en el asunto y en 2003 realizara la extensión de la red en el barrio Los Naranjos.
Ya en este siglo, durante el gobierno de Daniel Molina, en el frustrado Plan Urbano Ambiental presentado en 2008, el último proyecto de desarrollo urbanístico serio con el que ha contado la ciudad, se precisaba que “la cobertura para el servicio de agua corriente alcanza un 93%”.
Y en el mismo informe indicaba que se calculaba que un 10 % de las conexiones eran clandestinas, lo cual indicaba una disminución respecto a datos anteriores. Se creía que “debido a la provisión legal de este servicio a las zonas que no poseían”.
Sin embargo, el plan urbanístico del gobierno de Molina quedó en los papeles, no fue continuado por los gobiernos siguientes, como tampoco aquel proyecto que impulsó la gestión de Julio Municoy con el apoyo de la ACT. Lo ante dicho solamente han sido expresiones de deseos y excusas a través de las últimas gestiones municipales.
En los próximos meses se cumplirán 100 años desde que accedió al gobierno Baldomero Sagaste, el intendente que dio los primeros pasos en un plan para llegar agua potable. Por su impulso, una década después, en 1932, se inauguró el emblemático edificio de las Aguas Corrientes con su imponente tanque derivador, hoy vacío sin utilidad alguna. Es paradójico que un siglo después de aquella iniciativa, la ciudad no cuente con tanques cisterna como reserva de agua para afrontar una situación como la planteada.
Más allá de todo la verdad es que no hay suficiente agua, para el desarrollo normal de la actividad de la comunidad y esto hace, además, que caigamos en un nuevo “pozo” como ciudad turística.///