Seguir soportando el ex casino en ruinas
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«Identifique sus problemas,
pero dele su poder y
energía a las soluciones «
Tony Robbins.
Son varias las generaciones que desde las décadas del setenta y ochenta recuerdan lo que fue el ex complejo casino. Ahora miran el edificio sin comprender lo que pasó para que llegara a tal estado de abandono y no se haya hecho nada en años. Lo que antes fue un atractivo espacio hoy es la nada, más aún, una postal decadente.
A pesar de todo, la reunión del 16 de octubre del 2020 del Concejo Deliberante tal vez haya sido en años la de mayor importancia en cuanto a una decisión política emanada del cuerpo, que trascendió con creces lo que habitualmente se trata en el recinto.
Con un holgado aval se autorizaba al Departamento Ejecutivo a vender el edificio del ex complejo casino, las tierras lindantes y las dos playas de estacionamiento de vehículos. Aun así, con este puente de plata, parecería que sigue el temor y el miedo al qué dirán: el costo político.
Y en el medio de aquella acertada decisión también surgen los delirantes planteos, dignos de la mejor ciencia ficción de un gran exponente Ray Bradbury, mezclando el género fantástico, terror y ficción, brilla el coro de «estatistas» que creen que papá estado municipal puede estar en condiciones de hacer algo importante en salvaguarda de ese monstruo frente al mar.
En el lado opuesto encontramos los creyentes que sueñan con sacar conejos de la galera, todo es magia y facilismo, descendiendo dólares de empresarios dispuestos a erigir un nuevo complejo, dotarlo de elementos del primer mundo, un hotel de nivel internacional y volver con el juego en sus salas.
Ni aquellos utópicos que manejan imposibles de un Estado restaurando el monstruo ni ciertos pretenciosos que creen en que aparezca el príncipe inversor.
No es intención hacer historia, simplemente destacar dos comentarios publicados, en esta página, uno el domingo 18 de octubre de 2020 y el otro el 13 de diciembre del mismo año. En aquel momento titulábamos «Un avance de la Necochea del «Sí» cuando el Concejo Deliberante, en un acalorado debate dejaba atrás la máquina de impedir y la negatividad, imponiéndose por 16 votos a favor y cuatro negativos, para la venta de tierras y edificio del ex complejo casino, dejando el paso abierto al llamado a licitación nacional e internacional con ese fin.
A los dos meses con otro título decíamos: «Se dejaron escapar nueve millones de dólares» donde dábamos cuenta que luego que una sola empresa «Casinos Victoria S.A» adquiriera el pliego, se llevó a cabo el acto de apertura quedando en manos de la comisión evaluadora, la que en un plazo de 30 días debería definir el contenido y aceptación de la propuesta en general.
Solo horas después se rechazaba la única oferta presentada, aduciendo que la empresa pretendía obtener el título de propiedad antes de lo previsto según determinaba el pliego de bases y condiciones, por lo cual se volvería a llamar a un proceso licitatorio encorsetado con idénticas condiciones que en la primera ocasión.
En el sobre abierto en ese momento se comprometía a pagar (Casinos Victoria S.A de Entre Ríos) por el destruido edificio y su tierra lindante una cifra superior a los nueve millones de dólares, entrega de 1.800.000 dólares y el abono de cuatro más de pago en dinero «verde», y la realización de obras y reconstrucción del ex balneario del Automóvil Club Argentino (ACA).
El plan B fue un nuevo llamado a licitación caía de maduro como una verdad de Perogrullo que ese segundo llamado a licitación quedaría desierto. Siguen sobrando palabras, siguen faltando acciones.
Cortar por lo sano, demoler y empezar
La frase «cortar por lo sano», surgió en la Edad Media y tiene que ver con las prácticas médicas de la época. Si un paciente tenía heridas muy profundas, la solución era la resolución inmediata que encontraba el médico, procediendo a la amputación en búsqueda de una solución definitiva a la grave situación. Hoy se utiliza ese dicho frecuentemente cuando expresamos lo expeditivo que se debe ser, dar un corte definitivo a determinada situación.
Esa frase debemos adjuntarle al ex complejo casino, que tiene su certificado de defunción. Ya se jugó la última bola ya pasaron las visitas de funcionarios y concejales como si nunca hubiesen conocido el lugar y el estado de abandono, sin embargo prevalece la apatía, la indolencia, el no saber qué hacer, la desesperanza colectiva; el ex complejo ya fue, alguna vez vivió su adolescencia, recorrió su adultez y cumplió su ciclo biológico y terminó su etapa, esa es la realidad que no tiene sentido seguir esperando “el maná”.
Ha llegado la hora de demoler el ex complejo casino uniendo esos lotes con el Jardín de Rocas, que tiene todo desde hace 20 años en condiciones para ir por inversores y terminar con un lugar ocioso, inutilizado en pleno corazón de la Villa Díaz Vélez.
Hay que demoler el monstruo. Será más simple la concreción de una venta en subasta pública de los terrenos de alto valor económico; son más de doce hectáreas, no es tan intrincado sumar a un dólar arañando los trescientos pesos los billetes verdes que ingresarían al erario, si hacemos un cuadro comparativo de lo que se paga en otros lugares importantes de Necochea y Quequén en este caso sobre la costa y, con esos recursos frescos solucionar problemas sempiternos que tiene la ciudad, sin descuidar proyectar parte de eso a barrios con carencias muy profundas, falta de agua, iluminación, gas, asfalto, etcétera.
Una prueba experimental ha sido la decisión de demoler los baños exteriores, del ex balnearío ACA previéndose seguir con el resto del inmueble antes de la llegada de la temporada. Solamente falta el aval del área de legales del municipio para habilitar la continuidad de la demolición y el paso por el Concejo Deliberante, donde se cree que se obtendrá el visto bueno para adaptar a las nuevas normas que rigen en otros balnearios del mundo: mucha amplitud, paisaje natural y eliminando construcciones que quitan la visión al mar.
A grandes males grandes remedios
No podemos dejar de recordar ante lo expresado en este comentario un hecho llevado a cabo por una gran decisión política. Ocurrió un 16 de junio de 1999 cuando se demolieron en Mar del Plata los últimos edificios que quedaban en pie de la manzana 115. Aquel predio hoy es ocupado por una plaza en la calle Buenos Aires entre Belgrano y Moreno, en pleno microcentro de la ciudad.
El proyecto del intendente Elio Aprile, que no fue ajeno a la oposición y mereció también un abrazo nostálgico, fue el de expropiar los edificios y locales y despejar el lugar donde funcionaban vetustos y sucios restaurantes, bares, casas de cambio y de compra y venta, todos estos últimos vinculados a la usura y al préstamo de dinero, además cayó en el derrumbe conjunto de esa madrugada, el edificio de la ex sede del Ente Municipal de Turismo (Emtur), mediante una implosión que estuvo a cargo del Cuerpo de Ingenieros del Ejército Argentino.
Comenzó así un objetivo que se buscó durante décadas. Una vez concretada la demolición, se construyó la Plaza del Milenio, que quedó inaugurada el primer día del 2000. Fue un hecho que cambió el paisaje costero de un sector emblemático de Mar del Plata. Una fuente de aguas danzantes y espacios verdes lucen hoy con esplendor en lo que era un lunar urbanístico. Para tener en cuenta.///