Seis especies de aves no autóctonas con las que convivimos en el distrito
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Fueron introducidas en distintas épocas. Curiosidades
Nuestra ciudad y campo han recibido a lo largo de los años continuas invasiones biológicas de variada intensidad. Las ha habido de todas las forma de vida, pero en lo que tiene que ver a las aves, el plantel de especies autóctonas ha ido creciendo conforme a las distintas oleadas.
Ricardo Doumecq Milieu, miembro de Aves Argentinas y divulgador, observador y fotógrafo de la fauna, brindó un panorama ilustrativo sobre este colorido mundo de las volátiles.
En principio señaló que “nuestra zona originalmente habitada por especies de pastizales cambió rotundamente con la aparición de las forestaciones de los colonos europeos, primero tímidamente, y luego exacerbada con la aparición de las cortinas contra viento de los eucaliptus, que empezaron a cobijar a palomas y cotorras, que no deberíamos tomar como autóctonas, al menos no de nuestro distrito”.
El experto hizo referencia a que en Necochea existen “dos tipos de invasión: una con especies de nuestro país que colonizaron a partir del cambio de ambiente y la otra más visible y posiblemente más dañina la producida por especies globales, entrando en esta última división, además de las aves, aves, roedores, polillas, arácnidos y hasta pulgones.
Características
Luego brindó algunas características de un sexteto de especies, en primer orden el gorrión (Paser domesticus), especie europea, ahora cosmopolita, casi considerado “uno de los nuestros” parece haber sido introducido junto a nuestra Constitución Nacional, ya que en 1853 Emilio Bieckert (posteriormente fundador de la cervecería del mismo nombre) los soltó en el puerto de Buenos Aires al negarse a pagar los aranceles de importación y los gastos de cuarentena.
El gorrión es responsable de la desaparición de las ciudades del jilguero dorado (Sicalis flaveola) por la competencia en recursos y la reutilización de los nidos de los horneros. También establece fuerte competencia de recursos con el chingolo (Zonotrichia capensis).
A principios del siglo XX se lo combatió para exterminarlo aunque con su gran capacidad de adaptación salió inmune, regresó y hoy ya nadie se preocupa por ellos. En contrapartida el gorrión en su zona original se encuentra con grandes problemas de conservación, en España está casi extinto por la presencia y competencias de recursos de nuestra inefable cotorra (Myiopsitta monachus)… Paradojas que nos ha dejado el tráfico de fauna de los 70.
La paloma doméstica o paloma bravía (o pichón de las rocas/acantilados en inglés) es el nombre común de la especie catalogada como Columba livia de la que existen más de 10 subespecies y de ella se desprenden una enorme cantidad de variaciones o razas logradas por la selección humana a lo largo de miles de años: paloma mensajera, colipavo, crestadas, jacobinas etc.
Con la colonización europea en el siglo XIX hacen su entrada al territorio argentino los palomares para reproducir estas palomas en semicautividad. Los palomares eran (algunos quedan aún) altos cilindros sin techo construidos con ladrillos para el consumo de sus pichones que se consideraba un plato gourmet.
Inmediatamente escaparon y colonizaron barrancos, campanarios de iglesias y edificaciones altas. Hoy es la paloma que puebla ciudades y acantilados siendo la acumulación de guano una de las mayores complicaciones.
El cardelino o jilguero español (Carduelis carduelis) es una bellísima ave europea, que fue introducida deliberadamente en Montevideo en 1913 y desde entonces se propagó por ambas márgenes del Rio de la Plata.
En Necochea se las empezó a ver a partir del año 2002. Tan bellas como ariscas, gustan del volar alto en los eucaliptus. El hecho que hayan tardado casi 100 años en progresar hasta nuestra ciudad indica su bajo nivel de reproducción y conquista.
En efecto se alimenta casi exclusivamente de semillas de distintos cardos, todos introducidos, y en especial del cardo comestible (Cynara cardunculus) que trajeron los conquistadores españoles.
Es así que el cardelino es uno de los pocos casos en que se puede afirmar que no toda especie introducida necesariamente crea problemas. Es abundante en el Parque Miguel Lillo, en la costa del Rio Quequén y en ambientes poco modificados con presencia de cardales.
El verderón (Carduelis chloris) es una pasiva ave poco conocida, poco vista aunque bastante fácil de escuchar. Se parece a una hembra de gorrión pero con colores verdosos.
También europea y hábitos alimenticios similares al cardelino, gusta de posarse en pinares y altas arboledas. Es muy común encontrarla sobre los cardos sacando los panaderos para llegar a las aceitosas semillas.
No se sabe cuándo ni cómo fue introducida, pero se la empezó a ver en el interior de la provincia de Buenos Aires a partir de los setenta y en nuestra ciudad desde los 90. Por su abundancia en nuestro distrito es normal que grupos de ornitólogos de otros lugares se acerquen a tratar de verlos o fotografiarlos.
El estornino crestado, mirlo moñudo o maina (Acridotheres cristatellus)
es un ave originaria del este asiático, a menudo en jaula por su gran inteligencia y facilidad de imitar voces y sonidos, lo que la trajo a nuestras latitudes.
De apariencia feroz, es mayormente negra y tiene franjas blancas en las alas que la hace inconfundible. Gusta de usar dormideros, por lo general palmeras, donde llega a la tardecita.
Se la vio por primera vez en Argentina el 1982 y en 1991 ya había colonizado la costa noreste de Buenos Aires. En Necochea la observamos por primera vez en 2007 pero podría haber estado un par de años antes. Se supone que la especie fue introducida desde los Estados Unidos por el tráfico de fauna en los 80. Es una ave de zonas cálidas por eso su agresividad se ha morigerado por el clima. Compite con carpinteros y otras aves que nidifican en huecos. Desde hace unos 10 años la población local parece estar estable.
El estornino pinto (Sturnus vulgaris) es la peor plaga aviar conocida, consume recursos varios, se estima que en nuestro país los daños en la frutihorticultura serán los mayores, también ataca cultivos de girasol.
Los primeros registros en Argentina fueron a mediados de la década del 80 en Bernal por animales liberados o escapados por el tráfico de fauna. Tras un intento fallido de erradicación la especie en 30 años avanzó cubriendo varias provincias.
En nuestra ciudad fueron vistos por primera vez en el paseo de la Ribera del Río Quequén en agosto de 2009. Eran dos individuos escondidos o camuflados dentro de una bandada de tordos negros. Actitud que parecen mantener cuando son pocos y no logran formar grandes poblaciones. Desde 2009 en adelante el número fue incrementándose y hoy es común ver bandadas de 200 a 400 individuos al atardecer desplegando compactos y acrobáticos vuelos.
Normalmente visibles en cercanías del puente de circunvalación; paseo ribereño; plazas; Parque l Lillo; campos y zona de quintas.///