“Senderos de Luz” mantiene el trabajo protegido en la ciudad
El Taller Protegido cuenta con 39 operarios y una lista de espera, y recientemente incorporó el lavado de acolchados
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Con 39 operarios y una lista de espera, el Taller Protegido de Producción Municipal “Senderos de Luz” atraviesa el desafío de sostener sus puestos de trabajo y, al mismo tiempo, fortalecer las actividades que desarrolla para generar sus propios recursos.
El taller fue creado hace más de tres décadas, durante la gestión de Antonio Cafiero como gobernador de la provincia de Buenos Aires y de Domingo Taraborelli como intendente. Desde entonces, funciona como un espacio de trabajo para personas mayores de edad con certificado de discapacidad que no califican para acceder a un empleo formal.
Actualmente, los operarios tienen entre 18 y 65 años y el más joven tiene 21. La jornada se desarrolla de lunes a viernes, de 7 a 15, y los docentes que coordinan las distintas actividades son empleados municipales.
Pero las tareas que se realizan no son siempre las mismas. El taller fue adaptando sus rubros de acuerdo con la demanda y con aquello que resulta más conveniente para sostener la producción. “Pueden ir rotando las actividades. Ahora surgió lo de lavandería, seguimos con polietileno, eso también lo trabajamos, pero depende de lo que va rindiendo, es lo que se hace”, señaló Mauricio Varela, director de “Senderos de Luz”, en diálogo con Ecos Diarios.
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Producción y nuevos rubros
Uno de los rubros tradicionales de “Senderos de Luz” es la imprenta. Allí se confeccionan sobres para placas radiográficas, sobres de papel misionero y bolsas de papel para comercios, que también pueden llevar impresiones a pedido.
Sin embargo, esta actividad fue disminuyendo después de la pandemia debido a la digitalización de las placas radiográficas. Ese cambio llevó al taller a buscar nuevas alternativas de producción. “Si bien eso ha venido disminuyendo después de la pandemia por la digitalización de todas las placas, ahí es donde surgió el tema del lavadero”, explicó Varela.
La lavandería es el nuevo rubro incorporado por la institución y está destinada exclusivamente al lavado de acolchados, no de ropa. La maquinaria fue adquirida a partir de un subsidio recibido por la Municipalidad. “Arrancamos comprando una máquina y bueno, ahí estamos en los comienzos, pero por ahora estamos bien”, contó.
El servicio también contempla el retiro y la entrega de los acolchados. Los propios operarios realizan el traslado y cuentan con pases de transporte público para movilizarse.
La incorporación de esta actividad responde, además, a uno de los principales objetivos que tiene actualmente el taller: generar los recursos necesarios para sostenerse. “La idea es que se auto mantenga solo el taller, económicamente”, remarcó Varela.
Gestión conjunta
El funcionamiento de “Senderos de Luz” combina el trabajo de la Asociación de Padres con el de la Municipalidad. A su vez, el taller cuenta con un convenio con la Provincia de Buenos Aires, que aporta fondos para el mantenimiento y para el almuerzo de los operarios.
“La Municipalidad administra el convenio que tiene con la Provincia. El taller tiene un convenio con la Provincia donde le manda dinero para mantenimiento y para este taller en particular, de almuerzo. Entonces el almuerzo también está cubierto con eso. Lo administra la Municipalidad, pero el dinero proviene de la Provincia de Buenos Aires”, explicó Varela.
Ingreso y lista de espera
Uno de los principales problemas que atraviesa actualmente el taller es la falta de vacantes. El cupo máximo es de 39 operarios y, como quienes ingresan suelen permanecer durante muchos años, las posibilidades de incorporación son reducidas.
“El problema de los talleres es que uno ingresa y, si le gusta, como nos gusta a nosotros el trabajo, permanecemos en el trabajo. Entonces se producen pocas vacantes”, explicó Varela.
En los últimos dos años se produjeron algunos lugares disponibles a partir de la posibilidad de que determinados operarios accedieran a la jubilación sin haber realizado aportes, siempre que cumplieran con los requisitos establecidos.
“Antes venían al taller y no hacían aportes, nada, pero no se podían jubilar. Ahora se pueden jubilar sin hacer aportes, cumpliendo con algunos requisitos. Entonces ahí se produjo un poco de vacantes para que puedan ingresar nuevos muchachos”, indicó.
Sin embargo, la demanda continúa siendo mayor que la cantidad de lugares disponibles. Por eso existe una lista de espera y, según explicó Varela, las familias se acercan para anotar a quienes buscan una oportunidad laboral.
“Esto tiene un cupo de 39 operarios y hasta que no se va uno no puede entrar uno. Yo los entiendo a los padres y se los anota a todos los que vienen, pero el ingreso es difícil de realizarlo”, sostuvo.
Qué se tiene en cuenta para ingresar
Además de la existencia de una vacante, el taller evalúa determinadas condiciones antes de incorporar a una persona. Uno de los principales aspectos es que pueda desenvolverse dentro de la institución y compartir el espacio con los demás operarios. “Dentro del taller sí se tienen que auto valer y compartir con otros muchachos el espacio, sin agresiones, sin violencia. Ese sería el primer paso”, explicó Varela.
A partir de allí, se analiza en qué actividad puede desempeñarse mejor cada persona. La necesidad de determinados perfiles también puede surgir a partir de las nuevas actividades. Es el caso de la lavandería, que incluye un servicio de delivery para retirar y entregar los acolchados.
“Nos está faltando por ahí un par de muchachos de esa característica, entonces tratamos de que ingrese un muchacho que sí se maneje solo en la calle o que tenga esa posibilidad de enseñarle para que se maneje”, detalló.
La necesidad de más talleres
La lista de espera de “Senderos de Luz” pone en evidencia una problemática que excede al propio espacio: la necesidad de contar con más instituciones de este tipo. “Faltarían más instituciones de este tipo. La ciudad da para que haya más”, afirmó Varela.
En Quequén existe una iniciativa para avanzar en esa dirección, aunque actualmente los cupos de los convenios con la Provincia de Buenos Aires se encuentran cerrados, por lo que no se abren nuevos talleres.
La necesidad de ampliar las alternativas laborales aparece especialmente cuando los jóvenes terminan la escuela y sus familias comienzan a buscar opciones para que puedan continuar con una actividad.
“Van a la escuela, ingresan de la escuela y se encuentran con que... si bien ha cambiado mucho, está Casa Picto, hay un montón de actividades que antes no existían, hoy los muchachos pueden acceder a pileta, hay actividades gratis y no gratis, pero le falta la parte laboral”, explicó Varela. Y allí aparece una de las principales dificultades: no todos consiguen un puesto.
“No todos entran a trabajar, no todos entran a un taller. Se quedan en sus casas, estoy seguro, lamentablemente. No todos califican o no hay lugar para todos”, concluyó.
Mientras tanto, “Senderos de Luz” continúa funcionando con sus 39 operarios, sostiene su actividad tradicional y apuesta a nuevos rubros, como la lavandería de acolchados, con el objetivo de generar más recursos y avanzar hacia una mayor autonomía económica.
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