“Ser guía y brindar herramientas es un trabajo espiritual hermoso”
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Ceramista. Marilina Biondo siente pasión y un fuerte magnetismo por esta arte milenaria
Arcilla, torno, secado, pigmentos, al horno y magia, nace una pieza única de cerámica, pero no es tan sencillo como parece. Cada paso requiere de aprendizaje, paciencia y dedicación. Marilina Biondo, siente pasión y un fuerte magnetismo por la cerámica, un arte milenaria que enseña y trasmite sus conocimientos. “Me da mucha satisfacción notar el crecimiento en las personas que empiezan a aprender. Ser guía y brindar herramientas es un trabajo espiritual muy hermoso”, manifestó.
En cada encuentro intenta transmitir el oficio cerámico respetando siempre los intereses de cada persona. “Pongo como prioridad la técnica porque siento que es la base para poder ser creativamente libres, independientes. Sin una técnica sólida es muy difícil llegar a una buena pieza, porque la cerámica pasa por muchos estados en los que puede romperse, deformar, explotar y demás. Aunque lo expresivo y lo estético también están presentes en la enseñanza”, señaló.
Hoy por hoy está dedicada a la producción de piezas utilitarias y a hacer obra, algo que le lleva mucho tiempo y esfuerzo. “La producción lleva un proceso muy largo, con muchos riesgos, ya que las piezas tienen accidentes y a lo largo de los años se tiene el control sobre eso pero la industria tira volquetes de cosas mal hechas y solo saca las piezas exitosas”, apuntó.
Ella en su taller produce por torno alfarero y se considera una alfarera. “Hago el amasado de la pasta, torneo, dejo que seque, retorneo, hago un pulido de la pieza, la pinto, la esmalto, la vuelvo a hornear y así pieza por pieza”, detalló.
Marilina consideró que la cerámica siempre fue considerada un arte menor porque siempre estaba atada a otras artes, como por ejemplo la escultura, entonces el desarrollo de la cerámica como arte en sí mismo estuvo limitado.
“Espero que podamos construir en comunidad una Necochea más rica culturalmente, necesitamos poner nuestra voluntad en acción y acompañar a los emprendimientos, tanto como emprender nuevos para poder gozar de una ciudad próspera, optimista. Lo deseo profundamente”, anheló.
Marilina siente pasión por el barro y aseguró que tal nivel de identidad con este material viene con ella, con su cuerpo, su voz. “Si lo pienso creo que es el contacto con la tierra, con esa materia viva, pura, milenaria que se presta a las manos para que podamos proyectar en ella nuestras necesidades humanas de expresión. Es muy poderosa, tiene mucho magnetismo”, reflexionó.
Al momento de hacer un análisis con respecto a esta disciplina en nuestro medio consideró que antes de evaluar la situación o el desarrollo, hay que basarse en los orígenes. Al respecto, comentó “estamos en una ciudad costera donde no hay arcilla, hay tierras arcillosas pero no es arcilla moldeable que permita la cocción en el horno y hay muchos requerimientos técnicos para poder hacer cerámica”.
Asimismo, señaló que hay carencias de requerimientos, formación e infraestructura como puede ser el acceso a un horno, entre otras, lo cual favorece a que sea escasa la actividad.
Oportunidad
Marilina regresó a Necochea en 2016 y valora profundamente la posibilidad de contacto casi inmediato con la naturaleza. “Tengo la suerte de vivir a cuadras del parque y el camino de vuelta a casa es todo una belleza y al contrario de la gran mayoría, amo el invierno, el frío, la bruma y todas esas escenas nostálgicas e impiadosas que tiene nuestra costa”, señaló. También recalcó que siente un gran amor por todos los animales y las plantas. ///
Adaptación a la ciudad
Marilina es nacida en Necochea. Realizó sus estudios primarios en la Escuela primaria Nº 2 y terminó el secundario en el Colegio Alta Mira.
En 2001 se fue a vivir a Buenos Aires, inicialmente estudió Sociologia (UBA), también estudió Diseño de Interiores y por último Cerámica, en el Instituto Municipal de Cerámica de Avellaneda.
De su experiencia en Buenos Aires aseguró “fue excelente, al principio me tuve que adaptar a la vorágine de la ciudad pero desde que cursaba el secundario tenía decidido que me iba a ir a Buenos Aires, era mi aspiración”.
Al mismo tiempo, puntualizó que Buenos Aires le dio cosas que otras ciudades no le iban a poder dar, a nivel experiencias, educativo, institucional, etc. “Pude aprender de grandes maestros en la universidad y en la escuela de cerámica, ellos me enseñaron de la vida, de la independencia personal, a ser autovalente y muchas cosas más que tienen que ver con el desarrollo personal y estoy súper agradecida por los diez años que viví allá”.///