“Ser scout es un estilo de vida y lo elijo desde hace 30 años ”
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Sandra La Battaglia. Es la nueva directora del Distrito Scout en nuestra ciudad
MARIA CECILIA GOTTA
Redacción
A los 17 años Sandra La Battaglia decidió unirse al grupo scout “San Martin de Porres” como se llamaba en aquel entonces el que funcionaba en la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes y hasta el día de hoy continúa por este mismo camino, ocupando en la actualidad el cargo de directora del Distrito Scout, que corresponde a Necochea, Quequén, Santamarina, La Dulce, Juan N. Fernández, incluido San Cayetano. “Ser scout es un estilo de vida y lo elijo desde hace 30 años”, afirmó.
Si bien, a lo largo de estos 30 años estuvo inactiva durante el momento en que nacieron sus hijas, siempre estuvo en contacto con sus compañeros y trató de vivir los buenos valores que aprendió en el movimiento scout.
Sandra desmitificó la creencia que hay detrás de los grupos scouts de que está vinculado íntegramente con la parroquia y aseguró que no siempre es así y que hay varias confesiones religiosas y no siempre se llega al movimiento a través de la parroquia
Una vez que se sumó al grupo fue pasando por los diferentes niveles, fue rovers y la primer mujer que lo realizó ya que no existía la rama femenina, fue dirigente, y jefa de grupo.
En el Distrito Scout hace seis años que está trabajando con quien era el director de Distrito, Pablo Karagiani, a quien considera un amigo después de tantos años de trabajo. “El me dió la valentía para asumir esta nueva responsabilidad y compromiso por tres años con posibilidad de que sean seis en el caso de que me vuelva a presentar y me reelijan”, detalló.
Además de un estilo de vida, el movimiento apunta a lo educativo, a los niños y jóvenes, siendo abierto y donde no existe la política ni la religión. La directora recalcó que “tiene que ver con la educación basada en valores”.
En su rol le ha tocado trabajar con la rama rovers que son jóvenes de 17 a 21 años y contó que “me ayudó a abrir mi cabeza y entender muchas cosas, que uno siendo grande le cuesta, por eso me apasiona poder acompañar a los jóvenes y que esos buenos valores no se pierdan”.
Juventud
Los jóvenes son importantes dentro de la comunidad y destacó que son muy solidarios. “Ellos enseguida se suman a los proyectos y hasta se olvidan de los riesgos que pueden correr por ayudar y que puedan descubrir ese don de ser solidarios, compañeros. Para mí la juventud nunca está perdida, hay que acompañarlos y ayudarlos a que puedan desarrollarse”, destacó.
El movimiento scout le cambió la vida a Sandra y para ella el grupo es una segunda familia, ya que conviven y se aprenden las buenas acciones y a valorar las cosas sencillas pero que tienen mucho valor como la naturaleza.
En el marco de la pandemia, el grupo scout colaboró con Defensa Civil y Cruz Roja, y tuvieron presencia en el Correo mientras se cobró el IFE, donde colaboraban para que la gente respetara las distancias.
Inclusive cuando se permitieron las caminatas recreativas, también estuvieron presentes, haciendo alusión a su lema “Siempre listos” para ayudar en lo que se necesite.
Una familia grande y unida
Sandra tiene 47 años, está casada, es mamá de dos hijas, de 19 y 23 años, quinees siguen sus pasos en el movimiento scout y trabajan con ella en el Distrito. “Es lo que más amamos y nos une y nos encanta ir juntas de campamento”, dijo Sandra.
Se define muy familiera y afirmó que tiene una familia grande y muy unida.
Tiene a sus padres y a sus dos hermanos, María Luján y Roberto.
“Excepto en verano que hacemos playa, nos reunimos siempre los domingos o el sábado a la noche, cuando se podía. Y me encanta festejar mi cumpleaños”, manifestó.
Con los scouts también son de reunirse y hacer cenas. “Cuando estaba permitido nos juntábamos para compartir, no importa la comida, por eso extraño no poder verlos”, dijo.
Creyente
Los grupos scouts hace poco tiempo comenzaron con las actividades presenciales al aire libre y con los protocolos. Ella no puede asistir por un tema de salud y tiene más restringida las salidas, ya que tuvo un trasplante de médula hace cuatro meses.
“El cáncer produce angustia dolor, desesperación pero soy una persona muy creyente y eso me ayudó mucho. Además de mi familia y amigos, mi grupo scout y los rovers de Santa María del Carmen fueron mi terapia, ellos me hacían olvidar todo”, mencionó.
Asimismo, mencionó que transitó por todos los estados, angustia, dolor, desesperación pero siempre con fe y nunca se dejó abandonar.
“Con los chicos scouts habíamos trabajado la donación de sangre y médula y había un proyecto de concientización que lo vamos a retomar cuando pase esta pandemia”, destacó. ///